ANÁLISIS
Contros para jóvenes y ayudas
Carles Peris, secretario genera de la Unión Llauradora, destaca los problemas brocráticos para gestionar las subvenciones del Consell al sector agrario.

Carles Peris | Secrearo geral de la Unión Llauradora. / Perales Iborra
CARLES PERIS | Secretario general de UGT-PV
Hablar de relevo generacional en la agricultura se ha convertido en una constante en los discursos políticos. Administraciones, partidos y responsables públicos coinciden en señalar que el futuro del campo depende de la incorporación de jóvenes. Sin embargo, la realidad vuelve a demostrar que entre las palabras y los hechos existe todavía una distancia demasiado grande. La exclusión de 41 jóvenes agricultores y ganaderos valencianos de las ayudas a la primera instalación por falta de presupuesto, tal como ha venido denunciando la Unió, es un ejemplo evidente de esa contradicción. No se trata de expedientes rechazados por incumplir requisitos técnicos ni por presentar proyectos inviables. Son personas que han cumplido todas las condiciones exigidas por la convocatoria y que, aun así, han quedado fuera porque los fondos no alcanzaban.
Ahora se conoce además que la Comunitat Valenciana recibirá más de 733.000 euros adicionales procedentes del mecanismo Feader de compensación por buena ejecución. Es decir, existen recursos extraordinarios que podrían aliviar de manera importante el problema y permitir rescatar una parte considerable de esos expedientes excluidos. La situación cambia por completo porque ya no puede sostenerse que no haya margen financiero.
Mientras desde la conselleria se insiste en la necesidad de rejuvenecer el sector agrario, decenas de jóvenes reciben el mensaje contrario: que iniciar una explotación agraria sigue siendo una carrera llena de obstáculos e incertidumbre. Y eso ocurre precisamente en un momento en el que el campo valenciano necesita más que nunca garantizar el relevo generacional ante el envejecimiento progresivo de los profesionales agrarios.
Cada joven que abandona o renuncia a incorporarse al sector supone mucho más que una ayuda denegada. Supone perder iniciativas empresariales que, en muchos casos, apuestan por la innovación, la sostenibilidad y la modernización de las explotaciones. Por eso sería razonable que esos nuevos fondos Feader se destinaran prioritariamente a reforzar la línea de ayudas de primera instalación. La Generalitat debería completar el esfuerzo mediante reasignaciones internas o fondos propios. No parece coherente celebrar la buena ejecución de los fondos europeos mientras se deja fuera a jóvenes que precisamente representan el futuro del sector.
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