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Electromovilidad

Geely llega a Ford Almussafes como avanzadilla del tsunami chino del coche eléctrico

El país asiático apostó con fuerza por la electromovilidad al carecer de industria del motor de combustión y ahora inicia la conquista europea con fábricas en el continente

Cadena de montaje de Ford en Almussafes.

Cadena de montaje de Ford en Almussafes. / Perales Iborra

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Ramón Ferrando

Ramón Ferrando

València

La empresa Geely es la avanzadilla del tsunami de fabricantes de coches chinos que trabajan en su desembarco en España. Esta semana ha trascendido que la firma asiática va a comprar parte de la factoría de Ford en Almussafes para producir un modelo multienergía con versiones híbridas y eléctrica pura.

Otras compañías como SAIC (propietaria de la marca MG) examinan terrenos en Valencia. Detrás de estas operaciones está la necesidad de los fabricantes chinos de esquivar los aranceles impuestos por Europa y, sobre todo, la revolución tecnológica en la industria del motor.

El sector empieza a dejar de estar controlado por los gigantes de la automoción de Estados Unidos y Europa que durante más de un siglo han dominado la industria del motor de combustión. Las empresas chinas están tomando el relevo impulsadas por el cambio de tecnología del vehículo eléctrico.

El embajador de la República Popular China en España, Yao Jing, reveló hace unos meses el interés de dos fabricantes de vehículos eléctricos por Valencia y destacó como puntos clave el puerto y el acceso a mano de obra cualificada..

Origen de la revolución del motor

En China ya se venden 30 millones de coches al año, más del doble que en la Unión Europea y el Reino Unido. Más del 30 % de los vehículos vendidos allí son eléctricos puros y otro 19 % son híbridos enchufables. La cifra responde a la apuesta del Gobierno chino por los eléctricos al carecer de una industria potente de motor de combustión y por su dependencia del petróleo exterior. El país tiene acceso a tierras raras y componentes de las baterías, pero consume el doble de lo que produce.

China impulsó la industria de la automoción eléctrica mediante una estrategia de «salto de etapas», convirtiendo su debilidad en motores de combustión interna en una oportunidad para liderar el cambio de paradigma hacia la electrificación. Al darse cuenta de que no podían competir con la tecnología establecida y las patentes de Alemania, Japón o EE UU en motores térmicos, el Estado chino decidió crear un nuevo tablero de juego donde empezaban de cero, convirtiendo el coche eléctrico en una prioridad nacional.

El grupo Geely prepara su desembarco en València.

El grupo Geely prepara su desembarco en València. / Qilai Shen

Sin experiencia en motor de combustión

Durante años, China fue principalmente un ensamblador de coches extranjeros. Dominar la mecánica compleja, las cajas de cambios y la eficiencia de los motores térmicos exigía décadas de experiencia que no tenían. El coche eléctrico simplifica radicalmente la mecánica. La competencia se desplazó de la transmisión mecánica a la batería, el software y el control electrónico, áreas donde China decidió concentrar su I+D.

El Gobierno chino invirtió más de 29.000 millones de euros entre 2009 y 2022 en subvenciones directas a fabricantes y exenciones fiscales a consumidores para comprar vehículos de nueva energía. Estos vehículos fueron incluidos como industria estratégica en los planes quinquenales (como el «Made in China 2025»), obligando a las administraciones locales y empresas a cumplir metas de producción.

China no solo impulsó el coche, sino todo el ecosistema, dominando la extracción y procesamiento de materiales, y la fabricación de celdas (con empresas como BYD o CATL) hasta controlar cerca del 70 % del mercado global de baterías. El Estado lanzó un agresivo plan para instalar redes de recarga, con el objetivo de lograr una infraestructura densa (incluso aspirando a un punto de carga por cada vehículo).

A principios de 2026, China fabrica más del 70 % de los vehículos eléctricos de todo el mundo, consolidándose como el principal centro de manufactura global. Sus marcas están comenzando a dominar los mercados internacionales, superando a fabricantes occidentales que fueron más lentos en la transición. Y en ese punto ha iniciado la conquista de nuevos mercados.

Necesidad de producir en Europa

El socio de Volkswagen en China, SAIC Motor, ha escogido España por encima de Hungría como destino europeo para instalar una fábrica donde producir vehículos eléctricos bajo su marca MG y así evitar el impacto de los aranceles impuestos por Bruselas, según avanzó Bloomberg. SAIC ha estado examinando suelos en Sagunt junto a la gigafactoría de Volkswagen y ha negociado sin éxito compartir la planta de Ford en Almussafes. De momento, no ha trascendido la ubicación definitiva, pero Valencia está entre sus prioridades. La Xunta de Galicia trata de que la planta acabe en el entorno de Vigo.

La marca MG, propiedad del gigante chino SAIC Motor, busca medio millón de metros cuadrados para una planta de automóviles, según ha confirmado Levante-EMV. Una delegación de la multinacional asiática se ha desplazado varias veces a Sagunt y Cheste para examinar los suelos disponibles.

Según Bloomberg, todavía quedan por pulir detalles en materia de inversión, capacidad de producción y líneas temporales. La noticia surge pocos días después de la visita oficial a China del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que presentó a España como destino de inversión ante una serie de empresas entre las que figuraba precisamente SAIC.

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