Adaptarse duele. No hacerlo, más.

Enrique Penichet, CEO de Draper B1. / Levante-EMV
Enrique Penichet/CEO de Draper B1
Hay una palabra que lleva tiempo de moda en el mundo startup: pivotar. Se dice rápido, casi con glamour. “La empresa ha pivotado”. Como si fuera simplemente girar el volante y seguir conduciendo. Pero detrás de un pivotaje real hay algo mucho más complejo: aceptar que el mundo ha cambiado antes de que sea demasiado tarde.
Y eso no es nada fácil.
La historia empresarial está llena de compañías que fueron líderes y no supieron reaccionar. El caso de Kodak probablemente sea el más conocido. Inventaron y patentaron la cámara digital en 1978, pero no quisieron abrazarla porque amenazaba su negocio de carretes. Cuando quisieron darse cuenta, el mercado ya estaba en otro sitio. Y el consumidor también.
En cambio, otras empresas sí entendieron que sobrevivir no consiste en proteger el pasado, sino en construir el siguiente futuro. IBM lo hizo hace años, vendiendo su división de ordenadores personales y enfocándose en servicios tecnológicos para grandes corporaciones y servicios en la nube. No fue una decisión sencilla, pero sí inteligente.
Y esta reflexión me viene ahora por un caso mucho más cercano y reciente: Freepik, que acaba de anunciar que pasa a llamarse Magnific AI. No es simplemente un cambio de marca. Es la culminación de un pivotaje profundo.
Hace apenas unos años, Freepik era conocida por ser una enorme biblioteca de imágenes, iconos y recursos gráficos. Millones de diseñadores buscaban allí “la foto adecuada”. Pero llegó la inteligencia artificial y cambió completamente las reglas del juego. De repente, ya no hacía falta buscar durante horas una imagen aproximada. Ahora cualquiera podía generar exactamente la imagen que tenía en mente.
Y ellos lo entendieron a tiempo.
Compraron Magnific AI hace aproximadamente dos años y han dado la vuelta completa a la compañía. Hoy el negocio vinculado a IA ya supera al negocio tradicional de contenido stock. Han pasado de ser un repositorio de imágenes a construir algo mucho más ambicioso: una especie de pequeño estudio audiovisual basado en inteligencia artificial.
Lo interesante no es solo la tecnología. Es la mentalidad.
Mientras muchos ven la IA con miedo —fake videos, destrucción de empleo o saturación de contenido—, Joaquín Cuenca, fundador y CEO, habla de ella como una nueva cámara. Una nueva herramienta creativa. Y quizá ahí esté la clave. Cada revolución tecnológica destruye ciertas formas de trabajar, pero también abre otras completamente nuevas.
La fotografía no acabó con el arte. El cine no acabó con el teatro. Internet no acabó con la creatividad. La IA tampoco lo hará.
Pero sí cambiará quién se adapta y quién no.
Porque pivotar no es traicionar tu esencia. Es entender qué problema resuelves realmente y aceptar que la forma de resolverlo puede cambiar radicalmente. Freepik no dejó de ayudar a los creativos. Simplemente entendió que el futuro ya no estaba en almacenar imágenes, sino en permitir crear cualquier imagen imaginable.
La tecnología siempre cambia más rápido de lo que creemos. Y normalmente el mercado no avisa dos veces.
Por eso la pregunta importante no es si llegará el cambio. El cambio ya está aquí.
La verdadera pregunta es: ¿estamos preparados para verlo y adaptarnos antes que los demás?
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