Jesús García (Cajamar): “Hemos incrementado la financiación empresarial y apoyamos la innovación en la empresa familiar”
La entidad financiera ha incrementado el crédito empresarial en un 15,8 % interanual en el primer trimestre de 2026

Jesús García, director territorial de Cajamar en Valencia. / ED


Cintillo Empresa Familiar ok / ED
Cajamar ha incrementado en los últimos años la financiación dirigida a aquellos proyectos empresariales «viables, bien planteados» que estén alineados con una estrategia consistente.
Hablamos con el director territorial de Cajamar en Valencia, Jesús García, en el marco de la celebración del foro 'Empresa Familiar' organizado por Levante-EMV, con el impulso de Cajamar y Grupo La Plana.
La empresa familiar representa una parte muy importante del tejido productivo valenciano. ¿Cuál es su diagnóstico sobre la situación actual de estas compañías en la Comunitat Valenciana y qué fortalezas diferenciales tienen frente a otros modelos empresariales?
La empresa familiar es, sin duda, una de las grandes fortalezas estructurales de la economía valenciana. Los datos más recientes sitúan su peso en torno al 87,4 % del tejido empresarial de la Comunitat Valenciana, con una aportación cercana al 78 % del PIB y del empleo regional, lo que pone de manifiesto que estamos hablando de la columna vertebral de nuestro modelo productivo.
Desde mi punto de vista, el diagnóstico es positivo, aunque con retos claros. Son empresas que han demostrado una extraordinaria capacidad de resistencia y adaptación en entornos complejos, porque toman decisiones con visión de largo plazo, mantienen una fuerte vinculación con el territorio y generan relaciones de confianza muy sólidas con empleados, clientes y proveedores. Esa combinación de arraigo, compromiso y agilidad les da una ventaja competitiva muy relevante frente a otros modelos empresariales más cortoplacistas. Ahora bien, también observamos desafíos: ganar dimensión, profesionalizar aún más la gestión, atraer talento y reforzar sus estructuras de gobierno.
Uno de los grandes retos de la empresa familiar es el relevo generacional. ¿Están viendo desde Cajamar más operaciones de sucesión en los últimos años? ¿Qué errores suelen cometerse en estos procesos y cómo pueden evitarse?
Sí, claramente estamos viendo una mayor actividad en procesos de relevo generacional. En muchos casos no se trata solo de una sustitución al frente de la empresa, sino de una transformación más profunda del modelo de gestión, del gobierno corporativo y de la estrategia.
En ocasiones, el principal escollo suele ser abordar la sucesión demasiado tarde, cuando ya es una urgencia y no una decisión estratégica. Otro habitual es confundir propiedad con capacidad de gestión, o pensar que el relevo debe resolverse únicamente dentro del ámbito familiar sin abrirse a estructuras más profesionalizadas.
Los procesos que mejor funcionan son aquellos que se planifican con tiempo, con reglas claras, con órganos de gobierno definidos y, cuando es necesario, incorporando talento externo que complemente a la familia empresaria. El relevo generacional debe verse como una oportunidad para reforzar la competitividad y asegurar la continuidad del proyecto empresarial.
En un contexto de tipos de interés más altos en los últimos años —aunque con perspectivas de moderación—, ¿cómo ha cambiado la demanda de financiación por parte de pymes y empresas familiares valencianas?
El ciclo de tipos ha condicionado de forma muy clara las decisiones de inversión y financiación, y ¿qué hemos visto en las empresas? En primer lugar, una mayor prudencia. Muchas pymes y empresas familiares han priorizado la liquidez, el saneamiento financiero y la eficiencia operativa antes que acometer inversiones muy intensivas en capital.
También ha habido una demanda más selectiva: menos financiación para crecimiento no esencial y más financiación vinculada a proyectos concretos con retorno claro, como modernización productiva, eficiencia energética, digitalización o internacionalización.
Al mismo tiempo, empieza a percibirse un cambio de tono. A medida que los tipos se moderan y mejora la visibilidad, algunas empresas vuelven a activar decisiones de inversión que habían aplazado. Pero lo hacen con más más planificación y con un enfoque muy orientado a rentabilidad, productividad y resiliencia.
La economía valenciana está muy vinculada a sectores tradicionales como la agroalimentación, la industria cerámica, el comercio o el turismo. ¿Cree que las empresas familiares están avanzando al ritmo adecuado en digitalización, innovación y sostenibilidad?
Yo diría que están avanzando, y en muchos casos con decisiones muy valientes, pero todavía existe recorrido. La buena noticia es que la conciencia sobre la necesidad de transformarse ya está instalada. Hoy prácticamente ningún empresario duda de que la competitividad futura pasa por invertir en digitalización, automatización, sostenibilidad, trazabilidad, ciberseguridad o gestión avanzada del dato.
Ahora bien, la velocidad no es homogénea. Hay empresas que están liderando esa transformación, especialmente en aquellos casos que han vinculado la innovación a una estrategia de negocio. Y hay otras que aún afrontan la digitalización de forma más táctica o parcial.
En Cajamar apoyamos a aquellas empresas familiares que apuestan por la innovación, ya que la empresa familiar valenciana tiene una gran oportunidad precisamente ahí: combinar su conocimiento del negocio, su cercanía al mercado y su capacidad de decisión rápida con el apoyo en la innovación. Cuando eso ocurre, los resultados suelen ser muy sólidos, al mejorar rentabilidad y eficiencia.
Muchas pymes denuncian dificultades para acceder al crédito o para abordar inversiones de crecimiento. ¿Qué criterios está priorizando actualmente Cajamar a la hora de financiar proyectos empresariales?
En Cajamar mantenemos una visión muy clara: queremos acompañar proyectos viables, bien planteados y alineados con una estrategia empresarial consistente. Más que fijarnos solo en el tamaño o en el sector, analizamos la calidad del proyecto, la solvencia del modelo de negocio, la capacidad de generación de ingresos, el compromiso del equipo gestor y la coherencia entre inversión, financiación y plan de crecimiento.
De hecho, en el primer trimestre de 2026, en Cajamar, el crédito empresarial ha crecido un 15,8 % interanual. Así que como decía anteriormente, no solo seguimos concediendo crédito a las empresas, sino que lo estamos incrementando. Nuestro papel es precisamente ese: ser un socio financiero cercano, especializado y capaz de entender la realidad de cada empresa y de cada territorio.
Valoramos especialmente varios elementos. En primer lugar, que la inversión responda a una necesidad real de transformación o crecimiento: modernización de procesos, eficiencia energética, digitalización, innovación, internacionalización o refuerzo de capacidad productiva. En segundo lugar, que exista planificación financiera y una estructura de balance razonable. Y, en tercer lugar, que la empresa tenga una gobernanza clara y una visión estratégica definida, porque eso reduce riesgos y mejora la ejecución.
La incertidumbre geopolítica, el encarecimiento de costes y la desaceleración económica en Europa están condicionando muchas decisiones empresariales. ¿Qué preocupaciones les trasladan hoy los empresarios valencianos y qué sectores considera más resilientes?
Las preocupaciones que más escuchamos son muy claras: incertidumbre sobre la demanda futura, presión sobre márgenes, incremento de costes laborales y energéticos, dificultad para encontrar determinados perfiles profesionales y preocupación por la evolución de los mercados exteriores, especialmente en un territorio tan exportador como la Comunitat Valenciana.
A pesar de ello, la economía valenciana ha mostrado una notable resiliencia, apoyada en su diversificación. Sectores como el agroalimentario, determinadas ramas industriales con vocación exportadora, la logística vinculada al comercio exterior y el turismo de calidad están demostrando una mayor capacidad de adaptación.
También vemos fortaleza en aquellas empresas que han invertido antes en tecnología, eficiencia y diversificación de mercados. En definitiva, más que una cuestión estrictamente sectorial, la resiliencia depende cada vez más del posicionamiento de cada empresa.
Para cerrar: si tuviera que lanzar un mensaje a los empresarios familiares que participan en este foro de Levante-EMV, ¿cuál sería la clave para garantizar competitividad y crecimiento en los próximos años?
Si tuviera que resumirlo en una idea, diría que la clave es evolucionar sin perder la esencia. La competitividad ya no depende solo de hacer bien las cosas, sino de hacerlo con mayor productividad, con mejor gobernanza, con más capacidad tecnológica y con una estrategia clara de crecimiento sostenible.
La empresa familiar debe concienciarse de que el relevo generacional, la digitalización y la sostenibilidad no son obligaciones externas: son palancas para fortalecer el proyecto empresarial y garantizar su continuidad. Mi mensaje sería, por tanto, de confianza y también de exigencia. Estamos viviendo un momento en que debemos tomar decisiones con ambición, reforzar estructuras y prepararnos para competir en un entorno más complejo.
En Cajamar queremos seguir acompañando a las empresas familiares valencianas en ese camino, porque estamos convencidos de que su fortaleza será también una de las claves del futuro económico de la Comunitat Valenciana.
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