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Automoción

Si te has comprado un coche eléctrico esto te interesa: ¿Tienen que pasar la ITV?

Los vehículos eléctricos no disponen de motor de combustión ni por tanto presentan el desgaste mecánico asociado a la automoción tradicional

Varios vehículos eléctricos Tesla cargan en una estación de recarga

Varios vehículos eléctricos Tesla cargan en una estación de recarga / ROMAN PILIPEY / EFE

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Íñigo Roy

Íñigo Roy

El coche eléctrico ha llegado para quedarse. Cada vez más son los conductores que apuestan por esta alternativa de movilidad, especialmente en ciudades. El aumento de los precios del combustible y la puesta en marcha de las nuevas Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) en ciudades como València invita a que muchos usuarios digan adiós a la gasolina y el diésel para abrazar por completo la movilidad eléctrico. En principio, los defensores de los coches eléctricos enumeran sus ventajas: cero emisiones, cargas baratas con las tarifas domésticas, movilidad sostenible y silenciosa, acceso ilimato al centro de las ciudades, exenciones fiscales y gratuidad en las zonas azules y algunos aparcamientos. ¿Todos son ventajas?

Ya no existen las bujías, los filtros de aceite ni las correas de distribución, y mucho menos las emisiones contaminantes que durante décadas han marcado tanto el impacto ambiental del transporte como las recurrentes (y costosas) visitas periódicas al taller. En este nuevo ecosistema de movilidad limpia, surge de forma inevitable una de las dudas más repetidas en los foros de automoción y entre los nuevos compradores. Sin una mecánica basada en la combustión, los coches eléctricos están sometidos a menos revisiones, menos fallos mecánicos y quizá menos desgaste como el que experimentan los automóviles tradicionales. Además, si un automóvil no genera gases ni dispone de un motor de combustión tradicional, la lógica invita a pensar que los controles administrativos que vigilan estos aspectos carecen de sentido, alimentando la teoría de que estos modelos disfrutan de una suerte de exención legal.

La confusión entre los usuarios no ha dejado de crecer a medida que el parque móvil se electrifica. Muchos conductores asumen que la famosa etiqueta Cero Emisiones de la Dirección General de Tráfico funciona como un pasaporte de inmunidad para acceder al centro de las ciudades y también como salvoconducto ante las inspecciones periódicas. Al fin y al cabo, la estampa habitual de un operario introduciendo una sonda en el escape para medir la opacidad de los gases es una escena completamente imposible de replicar en un modelo de batería. Esta desconexión entre las pruebas tradicionales y la nueva tecnología ha llevado a una parte de la opinión pública a asumir que el mantenimiento de estos coches pertenece a un marco normativo completamente diferente, ajeno a las obligaciones que pesan sobre la gasolina y el diésel.

Sin embargo, el marco legislativo actual se muestra tajante y no deja espacio para las interpretaciones individuales. A pesar de los mitos que circulan por la red, los vehículos eléctricos están obligados a someterse a la Inspección Técnica de Vehículos con la misma rigurosidad que cualquier otro coche. La administración no evalúa únicamente lo que sale por el escape, sino la seguridad vial global del conjunto. Un coche impulsado por baterías sigue compartiendo la inmensa mayoría de los elementos de riesgo con uno térmico, lo que significa que el desgaste en los neumáticos, los sistemas de iluminación, las suspensiones y la dirección exige una supervisión periódica idéntica para garantizar que el automóvil sigue siendo seguro para sus ocupantes y para el resto de los usuarios de la vía.

Largas colas para pasar la ITV en València

Miguel Angel Montesinos

¿Cuándo hay que pasar la ITV en un coche eléctrico?

De hecho, los plazos temporales para cumplir con este trámite no ofrecen ningún tipo de trato de favor por el tipo de energía que propulsa al motor. Un turismo eléctrico particular debe afrontar su primera revisión al cumplir los cuatro años desde su fecha de primera matriculación. A partir de ese momento, la cita se vuelve obligatoria cada dos años hasta que el vehículo alcanza la década de antigüedad, momento en el cual el control pasa a tener un carácter estrictamente anual.

El calendario es exactamente el mismo que el de un coche convencional, y el desconocimiento de esta equivalencia temporal ya está empezando a pasar factura en forma de sanciones económicas a aquellos propietarios que se confiaron ante la naturaleza limpia de su tecnología.

¿Qué se revisa en un coche eléctrico?

El verdadero cambio se encuentra en lo que ocurre dentro de la propia estación de inspección, donde los técnicos han tenido que adaptar sus protocolos a la era de la electromovilidad. Durante el proceso se descartan por completo las pruebas de ruidos y emisiones, pero a cambio se introduce un examen visual minucioso de los componentes específicos de alta tensión. Los operarios vigilan con especial atención el estado del cableado reglamentario, la correcta fijación de las baterías al chasis y el aislamiento de la toma de carga para prevenir cortocircuitos. También se presta un interés crítico al sistema de frenado; aunque la retención regenerativa reduce drásticamente el desgaste de las pastillas, el vehículo se somete al mismo examen de eficacia en el frenómetro.

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