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Lo que nadie te cuenta antes de viajar al extranjero con tu mascota

Iñaki Arilla, CEO de Hander VET

Iñaki Arilla, CEO de Hander VET / Levante-EMV

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Iñaki Arilla

En España, el perro es uno más de la familia. Duerme en el sofá, va a la peluquería, tiene seguro y plan de salud. Y, cada vez más, viaja. Lo que nadie le había contado es que, cuando llega el momento de viajar al extranjero, descubre que se trata de un trámite muy específico, que pocas clínicas tienen integrado en su día a día.

La tendencia es clara. España es uno de los países europeos con mayor densidad de mascotas por hogar; el post-Brexit ha multiplicado los movimientos entre la península y el Reino Unido; los expatriados que se llevan a sus animales han pasado de ser una anécdota a una constante; y la generación de nómadas digitales —jóvenes que cambian de país cada pocos años con perro, gato o ambos— empieza a ser una realidad. España se ha convertido, sin que nadie lo proclamara, en un hub silencioso de movilidad internacional de mascotas.

Viaje

El problema no es el viaje. El problema es lo que pasa antes. Para que un animal pueda volar fuera de la Unión Europea hace falta un certificado de exportación oficial. Cada país impone sus propios requisitos: vacunaciones específicas, pruebas serológicas y plazos mínimos de espera. Tramitarlo exige conocer la regulación del país destino, manejar la plataforma oficial CEXGAN del Ministerio y asumir los tiempos administrativos. Es trabajo de gestión puro, sin medicina de por medio.

Y aquí está la grieta. La mayoría de las clínicas veterinarias españolas no ofrece este servicio. No porque no sepan —son veterinarios titulados— sino porque el modelo no compensa: muchas horas de papeleo por una factura modesta, riesgo de errores y una atención al cliente complicada. Quienes nos dedicamos a resolver ese hueco —en Hander VET tramitamos estos certificados a domicilio cada día— vemos siempre la misma escena: el dueño descubre el problema demasiado tarde, peregrina entre clínicas que le rebotan, paga gestiones de urgencia o, en los casos más duros, se replantea el viaje entero.

Síntoma

Lo interesante no es el síntoma, sino lo que revela. Durante veinte años el sector veterinario se ha modernizado a una velocidad notable en lo clínico: diagnóstico por imagen, anestesia inhalatoria, cirugía mínimamente invasiva, oncología, fisioterapia, etología, entre otras. La medicina veterinaria española es buena y, en muchas áreas, de las mejores de Europa. Pero la experiencia operativa —los flujos, los trámites, la atención fuera de horario, los servicios a domicilio— sigue funcionando como hace treinta años.

El próximo gran salto del sector no será clínico. Será operativo. Especialización administrativa, digitalización real de procesos, modelos de servicio adaptados a cómo vive hoy una familia con mascotas: a domicilio, fuera del horario rígido de la clínica, integrando los trámites en el servicio en lugar de delegarlos en el cliente. Los abogados aceptaron hace décadas que necesitan gestores. Los médicos aceptaron que necesitan administrativos. El sector veterinario tendrá que aceptar lo mismo. Eso es lo que nadie te cuenta antes de viajar al extranjero con tu mascota. Y conviene saberlo a tiempo.

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