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COIICV

Invertir en resiliencia: la asignatura pendiente de las empresas valencianas

Expertos en tecnología, industria, seguros y gestión defienden una mayor planificación estratégica, colaboración público-privada y cultura preventiva para afrontar futuras crisis como la dana

Participantes en la mesa de IngeniaTech, en el plató de Levante TV.

Participantes en la mesa de IngeniaTech, en el plató de Levante TV. / Fernando Bustamante / Fernando Bustamante

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Eduardo Enric

València

La planificación estratégica, el liderazgo empresarial y la capacidad de anticiparse a escenarios de crisis centraron la mesa ‘Planificación, estrategia y liderazgo’, celebrada dentro del ciclo ‘Resiliencia tecnológica: impacto y oportunidades post-dana’, impulsado por el Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de la Comunitat Valenciana (COIICV) y el Instituto Valenciano de Competitividad Empresarial (Ivace+i). Los participantes coincidieron en que la dana evidenció importantes vulnerabilidades en el tejido productivo valenciano, pero también abrió una oportunidad para construir organizaciones más preparadas y resilientes.

La sesión constituyó el primer foro de trabajo del proyecto IngeniaTech, una iniciativa promovida por el COIICV con el apoyo de Ivace+i para proporcionar a las empresas valencianas herramientas y criterios técnicos que les permitan afrontar con mayores garantías los desafíos derivados de la transformación tecnológica, el cambio climático y la creciente incertidumbre económica.

Durante la apertura, el presidente de la demarcación de Valencia del COIICV, Federico Torres, destacó que la resiliencia empresarial «no se improvisa» y defendió la necesidad de transformar las lecciones aprendidas tras la dana en medidas concretas. La directora de Relaciones Institucionales de Prensa Ibérica en la Comunitat Valenciana y moderadora, Silvia Tomás, explicó que IngeniaTech busca elaborar una radiografía de las necesidades tecnológicas de la industria valenciana y detectar soluciones innovadoras para responder a situaciones extremas.

En el debate participaron Ramón Blasco-Giménez, director del Instituto de Investigación en Automática e Informática Industrial (Ai2) de la Universitat Politècnica de València; Susanna Carmona, directora general de la Mútua dels Enginyers; José Luis Vilar, CEO y director general de Nealis; Sergio Gordillo, socio director de Improven; y el propio Federico Torres.

Aprender de lo sucedido

Uno de los consensos fue que la dana puso de manifiesto la falta de preparación de muchas empresas. Blasco-Giménez señaló que el episodio evidenció tanto las carencias existentes como la capacidad de adaptación de numerosas pymes. Carmona afirmó que sería «imperdonable» no aprender de lo sucedido y señaló tres debilidades fundamentales: una visión limitada de la continuidad del negocio, la desconexión entre los riesgos asegurados y la operativa real de las empresas, y el insuficiente conocimiento de los procesos críticos.

Por su parte, José Luis Vilar consideró que la dana también sacó a la luz carencias históricas en infraestructuras, inversión y concienciación, mientras que Gordillo recordó que los resultados de un estudio previo del propio colegio reveló que únicamente el 6 % de las empresas estaban preparadas para afrontar una situación similar. Giménez señaló que el episodio evidenció que las pequeñas empresas reaccionaron con mayor agilidad, aunque muchas sufrieron graves consecuencias.

La conversación se centró después en cómo conseguir que la resiliencia deje de percibirse como un gasto para convertirse en una inversión estratégica. Torres defendió la importancia de medir tanto los activos tangibles como los intangibles de las organizaciones, mientras que Gordillo recurrió al concepto de empresa «antifrágil» de Nassim Nicholas Taleb para explicar que las organizaciones más sólidas son aquellas capaces de fortalecerse tras las crisis.

Participantes en la mesa de IngeniaTech, en el plató de Levante TV.

Participantes en la mesa de IngeniaTech, en el plató de Levante TV. / Fernando Bustamante / Fernando Bustamante

En esa misma línea, defendió la redundancia como una herramienta clave para afrontar acontecimientos extremos e imprevisibles. Disponer de recursos, capacidades o sistemas de reserva permite absorber impactos y evitar el colapso cuando se producen situaciones críticas.

Desde la perspectiva aseguradora, Carmona advirtió de que muchas compañías mantienen una falsa sensación de seguridad al centrarse únicamente en las coberturas materiales. A su juicio, las empresas deben identificar qué riesgos pueden transferirse, cuáles deben gestionar directamente y cómo proteger el talento, uno de sus principales activos.

La tecnología ocupó otro de los bloques destacados del debate. Blasco-Giménez afirmó que más allá de conceptos como la industria 5.0 o la inteligencia artificial, la clave está en la gestión inteligente de los datos. El reto consiste en integrar información dispersa y facilitar que las pequeñas y medianas empresas accedan a herramientas avanzadas para identificar riesgos y tomar mejores decisiones. No obstante, insistió en que ninguna tecnología puede sustituir una adecuada planificación.

Los participantes coincidieron además en la necesidad de acercar el conocimiento técnico a las pymes. Torres defendió que los ingenieros industriales tienen un papel relevante en este proceso, ayudando a las empresas a identificar las variables críticas y las acciones prioritarias para mejorar su preparación.

Torres avanzó que el COIICV trabaja en una hoja de ruta basada en tres fases: una guía técnica de riesgos y responsabilidades, herramientas de autodiagnóstico para las empresas y un observatorio que acompañe la implantación de medidas concretas

La gestión del talento y el liderazgo también ocupó un lugar destacado. Carmona señaló que la resiliencia empresarial no puede comprarse, sino construirse a través de la cultura corporativa, con líderes capaces de tomar decisiones en entornos de incertidumbre y organizaciones más flexibles y participativas.

Finalmente, los ponentes subrayaron la importancia de reforzar la colaboración entre administraciones, universidades y empresas. En este sentido, Torres avanzó que el COIICV trabaja en una hoja de ruta basada en tres fases: una guía técnica de riesgos y responsabilidades, herramientas de autodiagnóstico para las empresas y un observatorio que acompañe la implantación de medidas concretas.

El objetivo final es convertir las lecciones aprendidas tras la dana en una estrategia compartida que permita construir un tejido empresarial más competitivo, innovador y preparado para afrontar los desafíos del futuro.

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