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AGRICULTURA

Melones y sandías: la agonía de dos emblemas del verano en Valencia

Las dos cucurbitáceas que reinan en los postres estivale afrontan un panorama desolador por el abandono de tierras, la falta de rentabilidad o la presión de otros productores nacionales y extanjeros

Vicent Navarrete, en sus campos, junto al alcalde de Cullera, Jordi Mayor

Vicent Navarrete, en sus campos, junto al alcalde de Cullera, Jordi Mayor / Levante-EMV

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Jordi Cuenca

Jordi Cuenca

València

No corren tiempos de bonanza para el melón y la sandía valencianos. Son dos frutas cuya llegada a los mercados es un claro indicio de la irrupción del buen tiempo. Son dos emblemas del verano. Sin embargo, ambas cucurbitáceas atraviesan serias penurias desde el punto de vista de la producción. El abandono de cultivos, la pérdida de rentabilidad y la competencia de productores nacionales y extranjeros las están arrinconando en una tierra, Valencia, que hace pocas décadas exhibía músculo en este campo.

Vicent Navarrete es un gran productor de sandías en Cullera. Le viene de casta. Sus padres también eran agricultores y en sus huertos cultivaban un poco de todo. Ese fue el legado que traspasaron a sus hijos, pero estos dieron un cambio de rumbo. Dejaron de cultivar arroz y cítricos y se concentraron en la sandía con el objetivo de lograr la rentabilidad por la vía de un mayor tamaño. Ahora producen unos tres millones y medio de kilos de este producto cada año. «Tener poca producción de arroz o cítricos, pero también de sandía, no da para vivir». La solución pasa por dejar atrás el minifundismo y competir con grandes explotaciones.

Navarrete asegura que en su zona ya quedan pocos productores de sandías y ninguno de melones. Décadas atrás no era así. De hecho, este agricultor recuerda los viejos tiempos, en su niñez, cuando «los colgábamos de vigas, los melones, y duraban todo el año».

Papel residual

En relación con esto, el responsable de la sectorial de hortalizas de la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-Asaja), Vicente José Sebastià, lamenta que «el cultivo del melón y la sandía tienen un papel residual en la huerta valenciana, muy lejos del protagonismo que acapararon hace unas pocas décadas cuando se trataba de una producción asentada y emblemática de estas tierras. De hecho, era nuestra fruta del verano por excelencia, una seña de identidad que hemos ido perdiendo. Antes, cuando acabábamos con la patata, nos poníamos con el melón, pero como ganábamos un año y perdíamos tres, poco a poco ha habido menos agricultores y menos comercios que han continuado trabajando el cultivo».

Según la encuesta Esyrce del Ministerio de Agricultura, la superficie de cultivo del melón y sandía en la ComunitatValenciana se redujo a 2.500 hectáreas en 2025, menos de la mitad de las que ocupaba en 2005. De liderar el mercado, la Comunitat Valenciana representa menos del 7% de la superficie nacional, que alcanza las 36.896 hectáreas.

Sebastià recuerda que «las importaciones de países terceros -en condiciones de competencia desleal- y la entrada en producción en las mismas fechas o posteriormente a otras zonas productoras de España -como Almería, Murcia y Castilla-La Mancha- ha lastrado los precios y, consecuentemente, la rentabilidad del cultivo. La mayoría de años, las cotizaciones a pie de campo ni siquiera han permitido compensar los costes de producción, que se han ido incrementando con el paso de las campañas. Salvo contados casos, no hay precios dignos para todos los eslabones de la cadena de valor, incluido el productor».

Injertos

Todo ha cambiado, como recuerda el productor Navarrete. También las variedades y las semillas. Por ejemplo, para lograr un mayor rendimiento, las de sandía se injertan con pies de calabaza, que es más resistente a humedades y plagas, sobre todo los hongos, aunque el sabor no varía.

Campos de sandías de Vicent Navarrete en Cullera

Campos de sandías de Vicent Navarrete en Cullera / Levante-EMV

Cuenta este agricultor que la inmensa mayoría del melón que se come en la Comunitat Valenciana proviene de Castilla-La Mancha, Murcia y Almería. Las primeras sandías, por su parte, proceden de Almería, luego le siguen Córdoba, Murcia, Almería y Valencia. En esta última, la cosecha se realiza a finales de junio, motivo por el cual Navarrete se encuentra en estos días inmerso en los trabajos previos a la recolección. La temporada en Valencia se extiende aproximadamente un mes, mientras que en el conjunto de España lo hace entre abril y octubre. Prueba de ello es que en Castilla-La Mancha, una de las zonas tardías, se cosecha desde mediados de julio hasta septiembre.

Ahora bien, narrado todo esto, la gran incógnita es porqué tantas veces elsabor de las sandías -y de los melones- no se corresponde con las expectativas que levantan el color de estas cucurbitáceas. Vicent Navarrete responde tajante que todo depende de dónde se haya cultivado la fruta. «La de Almería no sabe porque se cría en invernaderos, que llegan a los cincuenta grados de temperatura, lo que implica que la maduración va forzada y no genera el azúcar suficiente», asegura este agricultor de Cullera. «Aquí no sucede eso», añade, antes de explicar que en Valencia transcurren, desde que se plantan las sandías hasta que se recogen, entre noventa y cien días. En los invernaderos, las frutas están progetidas del frío y, por tanto, se pueden plantar incluso en Navidad y recogerlas en torno a los sesenta o sesenta y cinco días.

Por tanto, el cultivo al aire libre es un factor que garantiza mayor acierto a la hora de degustar melones y sandías. Tambien la proximidad, claro.

Negocio

¿Y cómo está el negocio? Navarrete responde que los precios no son estables, porque dependen del consumo. Es decir, si hace calor en Europa, crece la demanda y, por consiguiente, el precio. En estos momentos el kilo de sandía se está pagando a entre 40 y 55 céntimos. «Es una cantidad razonable si haces kilos y lo tienes todo mecanizado, como sucede en Sevilla, por ejemplo. En Valencia hay mucho minifundio y el cultivo es muy artesanal y así no se puede trabajar con esos precios. Además, la mano de obra está muy cara y cada vez son mayores las dificultades para encontrar trabajadores», apunta este agricultor que, en coherencia, se ha orientado hacia grandes producciones y, como ha quedado dicho al principio, ha concentrado todos sus esfuerzos en la sandía.

Abandonos

Ahora bien y en términos generales, Navarrete comparte el pesimismo de tantos agricultores sobre el futuro de esta actividad en la Comunitat Valenciana. Con el melón reducido a lo testimonial, los productores de sandía «son pocos». Los problemas son comunes a todo el sector o al menos a una amplia parte del mismo, donde constatan que crece el abandono de las tierras de cultivo. «No hay gente que venta detrás», apunta en relación con el grave problema de la ausencia de relevo generacional y añade que «si el cultivo no es lo suficientemente rentable los jóvenes no quieren seguir» los pasos de sus mayores y estos, cuando llega el momento de la jubilación, optan por vender sus campos para otros menesteres o a latifundistas o simplemente por dejarlos sin uso, muertos.

Además de todo lo contado hasta aquí, los productores de sandía valencianos se enfrentan al creciente problema de la competencia exterior. No es solo los agricultores de otras autonomías, sino también los extranjeros. Y es que también se importa melón y sandía procedentes de países africanos como Senegal. «Todo el producto que ves en los supermercados en Navidad procede de África», cuenta Vicente Navarrete.

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