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EL CAMPO

La sequía pasa factura a los cereales y deja en el aire su futuro

Las organizaciones agrarias valencianas alertan de caídas superiores al 50 % durante 2026 respecto al volumen medio obtenido en las últimas campañas, mientras la industria alimentaria aumenta las importaciones

Explotación de cereales, en una imagen de archivo.

Explotación de cereales, en una imagen de archivo. / AXEL ÁLVAREZ

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José Luis Zaragozá

José Luis Zaragozá

València

Javier Martínez Trilles, natural de la Vall d'Alba (Plana Alta), es productor de ganado ovino y caprino, también de cultivos herbáceos, actividad esta última a la que dedica más tiempo de su amplia jornada laboral. Este profesional del campo, subido a una cosechadora propia de segar, trillar y limpiar, pasa largas jornadas en explotaciones propias y de otros agricultores de Pobla Tornesa,Torre d'en Doménec, Vilanova d'Alcolea o Sant Joan de Moró. Desde esta gran maquinaria lamenta las «negras perspectivas» para el sector cerealista para esta campaña, cuya fase de recolección acaba de comenzar en algunos territorios.

Y es que la cosecha de cereales prevista para la campaña 2026 sufre una merma estimada de entre el 40 % y el 50 % respecto al volumen medio obtenido en las temporadas precedentes. El fuerte impacto de la sequía a principios de abril y el calor extremo registrado en mayo han mermado gravemente los rendimientos en toda la autonomía, según las organizaciones agrarias Unió Llauradora y AVA-Asaja. En ese sentido, Martínez Trilles, a la sazón responsable del sector de cultivos herbáceos y cereal de la Unió Llauradora i Ramadera, confirma que «la principal razón hay que buscarla en las altas temperaturas de la segunda mitad de mayo. El calor interrumpió el desarrollo vegetativo de buena parte de las plantas, afectando al llenado del grano y moderando las previsiones iniciales». En su opinión, «el cultivo está convirtiéndose prácticamente en una actividad residual».

La merma de producción desploma la rentabilidad por hectárea, que cae de una media de 3.500-4.000 kilogramos por hectárea a 2.000 Kg/ha «o incluso menos», puntualiza este agricultor y ganadero de Castelló, quien advierte de la falta de relevo generacional.

Lluvias irregulares

En España, las estimaciones de Cooperativas Agro-alimentarias sitúan la cosecha en 20,5 millones de toneladas. Tras unas semanas de primavera con lluvias irregulares, las altas temperaturas frenaron abruptamente el desarrollo de trigos y cebadas, afectando gravemente a la producción. A esta pérdida de volumen se suman los altos costes de producción (abonos, gasóleo, herbicidas y fitosanitarios), lo que hace que los agricultores encaren una campaña ruinosa ante la falta de rentabilidad.

El rendimiento de los campos de cultivos de cebada y avena cae a 2.000 kilogramos por hectárea

Aunque el cultivo de cereal ocupa unas 23.000 hectáreas en la Comunitat Valenciana, representando una porción muy menor dentro de la agricultura autonómica, enfocada principalmente en los cítricos y otros cultivos de regadío de frutas y hortalizas, la producción en este territorio se estima en 29.760 toneladas para la cosecha de 2026.

La campaña cerealista española 2026/27, que arranca oficialmente el 1 de julio, refleja que será un año de ajustes y desafíos, según el informe sectorial sobre cereales 2026 de Agrifood Comunicación y AgroBank. La cosecha prevista asciende a 20,56 millones de toneladas, un 23% menos que en la muy buena campaña anterior, con un rendimiento medio de 3,81 toneladas por hectáreas, bastante inferior a los 4,64 t/ha de la 2025/26, pero que supera la media de las cinco campañas anteriores (3,36 t/ha) y evidencia la capacidad del sector para adaptarse a condiciones cambiantes, a pesar de la reducción de superficies en favor de cultivos leñosos y del aumento de costes de insumos, principalmente los fertilizantes.

Tareas de labranza en una explotació de cereales en Alicante, en una una imagen de archivo.

Tareas de labranza en una explotació de cereales en Alicante, en una una imagen de archivo. / ÁXEL ÁLVAREZ

El arroz, con 120.000 hectáreas, se concentra en Sevilla (40% del total), Badajoz (20%) y zonas del Delta del Ebro y l'Albufera de València, aunque su superficie tiende a reducirse debido a la baja rentabilidad y menor disponibilidad de agua. Más allá del arroz, los cereales más sembrados en la Comunitat Valenciana son la cebada y el trigo. Estos cultivos extensivos de secano se concentran en las zonas del interior, ya que la franja litoral se destina mayoritariamente a los regadíos.

El rendimiento de los campos de cultivos de cebada y avena cae a 2.000 kilogramos por hectárea

En áreas del interior de Alicante y Valencia, también se cultiva cebada, avena y triticale (un híbrido de trigo y centeno), con una gran proporción cultivados bajo métodos de agricultura ecológica.

Costes de explotación

La producción valenciana de cereales, deficitaria para atender las necesidades de su industria alimentaria y del sector ganadero, también se ve alterada por los elevado costes de explotación. «Estamos pagando un 30% más por los precios de los carburantes y los fertilizantes», lamenta Martínez Trilles. Más allá del impacto de la guerra en Ucrania y el bloqueo en el Estrecho de Ormuz, los productores valencianos son conscientes «que es muy difícil competir en precios por el elevado crecimiento de las importaciones. El cereal es un mercado global. Desde un pequeño territorio poco se puede influir», comenta este representantes de la Unió Llauradora.

Además, la reducción de la cosecha de cereales también inquieta a la industria alimentaria. Con todo, la Asociación de Comercio de Cereales y Oleaginosas de España (Accoe) ha recalcado esta pasada semana que se podrá garantizar el suministro de materias primas que proceden de las importaciones a las empresas alimentarias y de piensos «sin generar tensiones innecesarias».

La incertidumbre derivada de la situación en Oriente Medio, la persistencia del conflicto en la región del mar Negro por la guerra en Ucrania -uno de los graneros de Europa- y la volatilidad de los mercados de materias primas continúan condicionando las rutas comerciales y la disponibilidad de producto en numerosos países, como España. En este escenario, la diversificación de orígenes y la anticipación de riesgos se convierten en elementos esenciales para mantener la estabilidad del abastecimiento.

El presidente de Accoe, Marcos Martínez, sostiene que la fortaleza del sector no depende únicamente de la cantidad de cereal que se produce, sino también de la capacidad para comercializarlo y hacerlo llegar a quien lo necesita. «Nuestras empresas -explica- trabajan cada día junto a los agricultores españoles, aportando servicios esenciales para que la cosecha encuentre mercado y para que toda la cadena funcione con normalidad. Cuando la producción nacional no es suficiente, esa misma estructura profesional permite complementar el suministro mediante importaciones de forma eficiente y segura», concluye.

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