Hábitos de consumo
De la ternera al huevo: así ajusta el consumidor valenciano su carro de la compra en el súper
El auge de formatos pequeños y a granel responde a la necesidad de comprar solo lo necesario y controlar el desperdicio alimentario

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Begoña Jorques

Hay un lugar donde la economía deja de ser un conjunto de cifras y se convierte en algo tan tangible como el peso de una bolsa al pasar por caja: el supermercado. Entre los pasillos de la fruta y la sección de congelados, se libra cada semana una pequeña batalla entre lo que apetece y lo que el bolsillo se puede permitir.

Dos jóvenes, ante una de las estanterías de huevos de Consum. / Daniel Tortajada / LEV
Esa escena dibuja con más precisión que cualquier encuesta el verdadero estado de ánimo —y de cuenta corriente— de los consumidores. Porque si hay un lugar que funciona como termómetro económico del consumidor, ese es el supermercado.
Cestas más pequeñas, visitas más frecuentes
El cambio más visible en tiempos de incertidumbre económica y precios al alza no está en lo que se compra, sino en cómo se compra. Fuentes de Consum explican que "el cambio más claro está en la frecuencia de visita: hay más pasos por tienda, pero con cestas más pequeñas".
El consumidor ya no llena el carro una vez por semana, sino que entra y sale del súper con más asiduidad, comprando justo lo necesario para no desperdiciar y, de paso, para no ver cómo se dispara el ticket de golpe.

Productos como el aceite de oliva, uno de los 'lujos' de la lista de la compra. / Germán Caballero
Este patrón se ha consolidado especialmente durante 2025 y lo que va de año, marcado por la incertidumbre económica y la evolución de los precios de ciertas materias primas. No es solo ahorro, ya que comprar menos cantidad también ayuda a aprovechar mejor los productos y reducir el desperdicio en casa.
Además, el cliente es "más planificador" —dicen desde la cooperativa valenciana—, presta atención al precio y a las promociones, y aunque sigue decidiendo en tienda, sus elecciones son más racionales y menos improvisadas.
El capricho, bajo vigilancia
El impulso de toda la vida se ha vuelto, según describen desde Consum, "más racional". El cliente se lo sigue permitiendo, pero calcula antes si encaja en el presupuesto.
Lo notan sobre todo los lineales de snacks, bollería, chocolates, postres refrigerados o helados, además de algunas referencias de perfumería y limpieza, donde se opta por formatos básicos o se espera a la promoción.
Más que renuncias, desde Consum hablan de "ajustes". El consumidor mantiene una cesta completa, pero aplaza productos de mayor precio o menos imprescindibles, como ciertas piezas de ternera, pescados frescos caros, platos preparados o 'gourmet'.
En muchos casos no abandona la categoría, sino que cambia la forma de comprarla, para pasar a formatos más pequeños, a granel, temporada o marca propia.
El fenómeno de las proteínas
Si hay un fenómeno que retrata como ningún otro el ajuste de las familias, es el trasvase entre proteínas: del filete de ternera al pollo, y del pollo al huevo, así lo contó hace unos días Silvia Lázaro, directora de Socio-Cliente y Marketing de Consum.
Cuando el cliente pasa de una proteína más cara a otra más asequible, explican fuentes de Consum, "no está renunciando a alimentarse bien, sino buscando equilibrio entre ahorro, calidad y salud".
El pollo y el huevo ganan terreno porque resuelven el día a día con coste ajustado y buena aportación nutricional, junto a legumbres, conservas de pescado y producto de temporada, continúan.
El pescado fresco no desaparece, pero convive cada vez más con el congelado, las conservas y la temporada para aliviar el gasto
El pescado fresco no desaparece, pero convive cada vez más con el congelado, las conservas y la temporada para aliviar el gasto.
En frescos en general, el consumidor tiende a comprar cantidades más ajustadas y reponer con más frecuencia fruta, verdura, carne o pescado, para controlar gasto y desperdicio a la vez.
El auge del granel y los formatos pequeños
Las ventas de formatos pequeños y de producto a granel, según Consum, han crecido, sobre todo en frescos como frutas y verduras. El granel permite comprar solo lo necesario, mientras los envasados se ajustan a hogares pequeños.
El producto de temporada vive un momento dulce por partida doble, por precio y por calidad, y conecta con la demanda de cercanía. Consum subraya que el 98,3 % de sus compras se realiza a proveedores nacionales y más del 80% de los frescos a granel tiene origen nacional.
Marca propia: más que precio
Otro indicador del estado de salud del bolsillo del consumidor es la marca blanca, que gana atractivo en tiempos en los que hay que ajustarse el cinturón.
Para Consum su marca propia supuso el 30,1 % de las ventas en 2025 y ya se sitúa en el 30,7 % en lo que va de este año.
La cadena defiende, no obstante, la libertad de elección, ya que cuenta con 15.800 referencias, de las que el 86 % son marcas líderes de fabricante.
El trasvase es más intenso, señalan, en categorías donde el cliente percibe poca diferencia entre marcas como frutos secos, conservas de pescado, aceites o celulosas, donde el peso de la marca propia ya supera el 70 %.
En promociones, lo que mejor funciona en la cooperativa son las más sencillas, desde la primera unidad, junto a los descuentos personalizados de su programa de fidelización, dentro del crecimiento sostenido de la compra de proximidad.
Precios estables en alimentación y bebidas
Según el indicador adelantado del Instituto Nacional de Estadística (INE), la tasa de variación anual del IPC se situó en mayo de 2026 en el 3,2 %, la misma cifra que en abril, mientras que la inflación subyacente repuntó hasta el 3 %.
Cabe recordar que, según ese mismo avance, los precios de los alimentos y bebidas no alcohólicas se mantuvieron estables en mayo, cuando un año antes habían subido, lo que apunta a cierto alivio tras varios ejercicios de encarecimientos acumulados.
El consumidor ahorra más en productos no esenciales como snacks, bollería, chocolates, postres refrigerados o helados
La sucesión de subidas en alimentación desde 2022 ha dejado huella en el bolsillo de los hogares y ese poso explica buena parte del comportamiento que hoy describen las cadenas, que indican menos impulso, más cálculo, y una cesta que, aunque siga llena, se construye con mucha más cabeza que hace años y calculadora en mano.
Al final, en el supermercado el pollo sustituye al solomillo de ternera, un bote de legumbres gana terreno al filete y cada promoción arrasa en caja.
Todo ello es la prueba de que la economía real no se mide solo en porcentajes del INE, sino también en lo que cabe y en lo que se queda fuera del carro de la compra.
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