Tecnología y logística
El robot humanoide que te traerá la pizza ya existe, pero le falta el permiso de circulación
Ya es técnicamente posible que un androide entregue un paquete, pero la regulación y la capacidad de carga impiden que las máquinas asuman los 1,5 millones de envíos diarios de España, donde la última milla concentra más del 40 % del coste del proceso
Los expertos alertan de su impacto en un empleo ya precario

Los robots humanoides, cada vez más cerca de convertirse en nuevos repartidores. / Qilai Shen/Bloomberg

Cada día se reparten en España 1,5 millones de paquetes a domicilio. Detrás de esa cifra hay furgonetas en doble fila, repartidores contrarreloj y un negocio con un talón de Aquiles: la última milla, el tramo final de la entrega, concentra en torno al 41 % del coste total del proceso de reparto.
Además, según la Comisión Europea, esta fase genera cerca del 30 % del tráfico urbano, hasta el 80 % de los atascos en hora punta y alrededor del 25 % de las emisiones del transporte urbano. Con ese panorama, y con un déficit de repartidores que se agrava en picos como Navidad o el Black Friday, el sector señala la última milla como el principal desafío logístico. En este punto, la robotización aparece entre las grandes tendencias para resolverlo.

Un robot humanoide hace una selección de productor para la cesta de la compra en China. / Qilai Shen/Bloomberg
Pero, ¿estamos cerca de que un robot nos traiga la pizza a casa? Cristian Castillo, profesor e investigador de Estudios de Economía y Empresa de la Universidad Oberta de Cataluña (UOC), explica a Levante-EMV que los robots de reparto de cuatro ruedas, pequeños vehículos autónomos que circulan por las aceras en algunos vídeos virales y que ya funcionan en países como China o EE UU, "sirven de momento para escenificar situaciones de ciencia ficción". "A día de hoy ni están listos para este trabajo y ni siquiera son operativos o eficientes para poder cubrir toda la demanda que tenemos en España", dice.
Las cuentas no salen
Castillo estima que una furgoneta de reparto carga unos 300 paquetes; uno de estos robots, "como mucho, puede llevar hasta 100". A eso se suman la velocidad, las dificultades para circular por la calzada junto a otros usuarios y que no descargan solos. "Llegan al lugar, pero alguien tiene que estar ahí disponible para cogerlo", explica. El resultado es que estos aparatos se han quedado en fase de ensayo. "Han tenido ese carácter más de piloto, prácticamente no escala nada más porque no salen rentables".
En España, se reparten 1,5 millones de paquetes al día, un volumen que, según los expertos, no podrían asumir los robots
El experto pone sobre la mesa la comparación con las bicicletas de carga y reparto. Ese modelo sí crece, pero incluso ahí la menor capacidad encarece cada entrega. Trasladado a un robot (todavía más pequeño) el problema se multiplica. Además, está el volumen. "En España, se reparten 1,5 millones de paquetes al día. Ese volumen no es posible trasladarlo a robots".

Imagen de archivo de un repartidor en València. / Levante-EMV
¿Significa eso que no tienen futuro? No exactamente. Castillo recuerda que ya funcionan en fábricas, industrias y polígonos, moviendo materiales de un punto a otro, y les augura recorrido en pequeños municipios y zonas rurales o en servicios de proximidad para personas con movilidad reducida. "Imagino a alguien de una frutería, por ejemplo, que te prepara la bolsa y te la envía en robot a 50 metros como máximo, de ese modo el usuario solo sale a la puerta a recoger el pedido".
Lo que sí descarta por el momento es la escena de ciencia ficción urbana. "Tenemos unas ciudades en las que hasta los patinetes generan problemas; imaginemos todo lleno de robots de este tipo haciendo repartos". Faltaría espacio y, seguramente, harían falta carriles específicos, como los de la bici.
El humanoide, más cerca de lo que parece
Sin embargo, la apuesta de Castillo se centra más en el robot humanoide, como los que ya trabajan en fábricas de Amazon o Tesla. "El escenario es absolutamente futurista, pero no poco probable", admite el experto en logística.
Un humanoide que conduzca una furgoneta, baje, llame al timbre y entregue el paquete "no me suena a algo imposible". Es más, la barrera ya no es técnica. "Tenemos la tecnología disponible para hacerlo", asegura. Además, la irrupción de la inteligencia artificial ha acelerado los plazos.
En ese sentido, Castillo recuerda que "lo que preveíamos para 2030 ya lo tenemos ahora". "Como mucho en uno o dos años más, sin ninguna duda, seríamos capaces de, por lo menos, tener un robot humanoide que pueda entregar un paquete", sostiene.

Un robot de cuatro ruadas fabricado para reparto. / Kiyoshi Ota/Bloomberg
Otro asunto, matiza, es cuándo se verá en la calle. Ahí aparece el marco regulatorio como uno de los grandes cuellos de botella. "Aquello que no está en la regulación no está permitido", recuerda.
Hoy un vehículo autónomo no puede circular en España sin conductor atento al frente; imaginar directamente a un robot al volante queda, de momento, fuera del mapa normativo. Castillo cita el precedente de los drones, frenados en muchos repartos por motivos regulatorios, y el del patinete, ejemplo de ley que llegó tarde.
"Estoy convencido de que llegará antes la tecnología que la regulación", avisa.
La amenaza laboral
Además, ¿qué pasará con los repartidores? El humanoide, a diferencia del carrito de cuatro ruedas, no complementa al trabajador. "Lo que estaría es sustituyendo a la persona", lamenta Castillo.
Un robot amortizado trabaja "sin descansos, sin vacaciones" y, en costes directos de personal, "evidentemente sí que supone una reducción", critica el profesor.
Regulación, volumen de paquetes transportados y efectos laborales son los principales cuellos de botella
El problema es sobre quién recae. La última milla es ya uno de los empleos "más precarios" de la logística y "si, además de esa precarización, lo que hacemos es sustituirla, en lugar de mejorar las condiciones, lo que hacemos es eliminar a esos trabajadores", critica el experto, quien lanza la idea de si esos robots deberían cotizar para sostener el estado de bienestar.

Imagen de archivo de un repartidor a domicilio. / Miguel Ángel Montesinos
Mientras el futuro llega, el investigador apunta una vía más inmediata para abaratar la entrega: que el consumidor cambie de hábitos y acepte taquillas y puntos de conveniencia. No es lo mismo repartir paquete a paquete en cada portal que dejar cincuenta a la vez en un mismo punto.
Ese paso, dice, "sí que puede ser un poco más inmediato y más tangible en este momento". El robot humanoide tendrá que esperar su turno. En la fábrica ya trabaja; pero en la calle, todavía no tiene permiso de circulación.
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