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AGRICULTURA

La olas de calor disparan las plagas vegetales en los cítricos y los costes en el campo

La Unió reclama un plan estatal frente a la araña roja, que provoca la pérdida de hojas al arbolado, y más herramientas para proteger al sector

Explotación citrícola afectada por la araña roja, en una imagen reciente.

Explotación citrícola afectada por la araña roja, en una imagen reciente. / Levante-EMV

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José Luis Zaragozá

José Luis Zaragozá

València

Las olas de calor en la Comunitat Valenciana están pasando factura a la citricultura valenciana, provocando estrés abiótico, lo que dispara la caída fisiológica de frutos (esporgà), acelera la sobremaduración, incrementa los costes de agua debido a la mayor evapotranspiración, y favorece la proliferación de plagas. Durante estos veses de verano, los cítricos se encuentran en su fase crítica de crecimiento y engorde y las temperaturas extremas por encima de los 35°C, sumadas a la falta de humedad en el suelo, hacen que el árbol aborte frutos incipientes y los deje caer prematuramente.

Así las cosas, la Unió Llauradora ha solicitado al Ministerio de Agricultura la puesta en marcha de un plan estatal de gestión de resistencias de la araña roja (Tetranychus urticae) en cítricos, acompañado de un refuerzo de las herramientas de control químico y biológico, ante el avance de una plaga que se ha convertido en uno de los principales problemas fitosanitarios de la citricultura mediterránea.

La organización agraria alerta de que la situación es especialmente grave esta campaña en la provincia de Castelló, principal zona productora de clementinas de España, donde las poblaciones de araña roja están alcanzando niveles sin precedentes en numerosas parcelas de clemenules. Los daños provocados por este ácaro reducen la capacidad fotosintética de los árboles, debilitan las plantaciones y provocan una importante depreciación comercial de la fruta, lo que amenaza con reducir la producción comercializable.

Explotación citrícola afectada por la araña roja, en una imagen reciente.

Explotación citrícola afectada por la araña roja, en una imagen reciente. / Levante-EMV

Costes de producción

Además del impacto sobre la cosecha, la Unió advierte del fuerte incremento de los costes de producción. En muchas explotaciones los tratamientos específicos contra la araña roja ya superan los 2.700 euros por hectárea, una cifra difícilmente asumible en un contexto de elevados costes de cultivo. La organización considera que el problema va más allá del aumento de los gastos. Los agricultores y técnicos vienen detectando desde hace varias campañas una pérdida progresiva de eficacia de algunos acaricidas autorizados, un fenómeno compatible con la aparición de resistencias, favorecido tanto por la elevada capacidad de adaptación biológica de la plaga como por la reducción del número de materias activas disponibles tras las restricciones regulatorias europeas.

Evaluar los daños

La Unió ha solicitado que el director general de Sanidad de la Producción Agroalimentaria y Bienestar Animal del Ministerio visite las principales zonas productoras de clementinas de Castellón, acompañado por responsables del Ministerio y de la Generalitat Valenciana, para comprobar sobre el terreno la magnitud de los daños y el incremento de costes que pone en riesgo la viabilidad de miles de explotaciones.

AVA-Asaja alerta de una parálisis comercial de la uva

Alerta roja en las filas del sector vitivinícola a tan solo un mes de que empiecen las labores de la vendimia. AVA-Asaja advierte de “una grave parálisis comercial de la uva que está ralentizando las operaciones, prolongando la acumulación de stocks de la campaña pasada en las bodegas, frenando las exportaciones a destinos internacionales y, en definitiva, hundiendo la rentabilidad de los viticultores”. La organización agraria atribuye como principales causas de esta crisis vitivinícola a las dificultades que atraviesan los flujos comerciales derivados de los conflictos bélicos en Ucrania y Oriente Medio; los aranceles impuestos por Donald Trump; y la entrada masiva de importaciones procedentes de países terceros, en condiciones de competencia desleal, que fomentan los acuerdos comerciales firmados por la Unión Europea. El problema que encuentra el sector vitivinícola europeo para colocar sus vinos es de tal magnitud que, por primera vez, bodegas valencianas se están enfrentando no solo a importaciones de países terceros más baratas -por no cumplir los mismos estándares de seguridad alimentaria y sostenibilidad que sí se exigen a los vinos europeos- sino incluso a la oferta de vino francés a precios reventados, por debajo de los costes de producción en España.

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