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EL CAMPO

Calor extremo: los agricultores se pasan a la noche

Las altas temperaturas veraniegas obliga a productores de frutas, hortalizas y cereales de la Comunitat Valenciana a modificar sus jornadas matutinas por horarios nocturnos mientras las organizaciones agrarias alertan de caídas masivas de cosechas, sobremaduración y auge de plagas

Trabajo nocturno en el campo para evitar el calor

Agustí Perales Iborra

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José Luis Zaragozá

José Luis Zaragozá

València

Este mes de julio pasará a la historia por los récords de temperaturas máximas en toda España, incluida la Comunitat Valenciana, con olas de calor consecutivas que no solo causan mella en las personas. Afectan de lleno al campo, pues materialmente se está cociendo. Los casi 45º grados centígrados de temperatura alcanzados en algunas explotaciones resulta letal para algunos árboles en zonas de secano, principalmente almendros, que no están pudiendo resistir tal exceso de calor. Y no solo eso, también va a retrasar al menos un mes la cosecha de limones y naranjas, cuyo engorde se ha frenado.

La 'alerta roja' meteorológica causa graves estragos en el campo. Daña cosechas de caquis, arroz y otros cereales, así como de hortalizas como los tomates. ¿Qué hacer? Pues entre otras medidas, trabajar de noche. Así lo asumen algunos agricultores que quieren evitar los golpes de calor de las horas centrales del día. Trabajan de noche para realizar riegos o tratamientos fitosanitarios minimizando la evaporación del agua.

Lo sabe bien el productor y comerciante de frutas Aitor Galán Alcover, joven agricultor de Carlet y gerente de AgroHergal S.L. Este agricultor, socio de la Unió Llauradora y Ramadera, pone en marcha su tractor su tractor cuando anochece. Esta pasada semana tocaca extender mangueras para pulverizar árboles en jornadas laborales que se prolongan hasta las seis de la madrugada. «El caqui es considerado un cultivo menor y, al estar concentrado principalmente en zonas como la Ribera Alta, las empresas tienen menos interés en invertir en el registro de productos específicos para él. Esto hace que los agricultores tengamos muchas menos herramientas disponibles para luchar contra plagas tan complicadas como el ‘cotonet’, explica este agricultor.

«Si pudiéramos utilizar este tipo de herramienta en caqui, podríamos realizar muchos tratamientos durante el día, siempre que las temperaturas no superaran los 30 grados, y bastaría con un solo operario trabajando con el turboatomizador. Sin embargo, al no disponer de esta herramienta, tenemos que recurrir al aceite parafínico, y con este tratamiento tenemos que salir siempre de noche y aplicarlo a manguera para que sea realmente eficaz», lamenta. Cuenta Galán que el exceso de calor también dispara las poblaciones de ‘mosca blanca’ y, sobre todo, del ‘cotonet’, que actualmente esta última una de las plagas más complicadas de controlar en el cultivo del caqui.

«El gran problema es que tenemos muy pocas herramientas eficaces para combatirlo. El caqui es considerado un cultivo menor y, al estar concentrado principalmente en zonas como la Ribera Alta, las empresas tienen menos interés en invertir en el registro de productos específicos para este cultivo. Esto hace que los agricultores tengamos muchas menos herramientas disponibles para luchar contra plagas tan complicadas como el ‘cotonet’», lamenta el asociado a la Unió Llauradora.

Aitor , productor y comerciante de caquis, en una explotació de Benimodo.

Aitor , productor y comerciante de caquis, en una explotació de Benimodo. / Perales Iborra

Costes de explotación

La agricultura y la ganadería son uno de los sectores económicos más preocupados por los efectos de la ola de calor, que en la Comunitat Valenciana ha obligado a activar la alerta roja al superar temperaturas de 40 grados. La Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-Asaja) también advierte de que estas elevadas temperaturas, que se suman al calor extremo y continuado durante las últimas semanas, provocan consecuencias negativas entre las que destacan la sobremaduración de los cultivos pendientes de recolección, el aumento de la caída de frutos, el crecimiento de las plagas y los sobrecostes de producción tanto en las explotaciones agrícolas como ganaderas, donde los animales requieren más agua y ventilación.

Cuenta Aitor Galán que el exceso de calor también dispara las poblaciones de 'mosca blanca' y, sobre todo, del 'cotone't, que actualmente esta última una de las plagas más complicadas de controlar en el cultivo del caqui. "El gran problema es que tenemos muy pocas herramientas eficaces para combatirlo. El caqui es considerado un cultivo menor y, al estar concentrado principalmente en zonas como la Ribera Alta, las empresas tienen menos interés en invertir en el registro de productos específicos para este cultivo. Esto hace que los agricultores tengamos muchas menos herramientas disponibles para luchar contra plagas tan complicadas como el 'cotonet'", lamenta el asociado a la Unió Llauradora.

"Si pudiéramos realizar tratamientos durante el día, siempre que las temperaturas no superaran los 30 grados, bastaría con un solo operario trabajando con el turboatomizador. Sin embargo, al no disponer de esta herramienta, tenemos que recurrir al aceite parafínico, y con este tratamiento tenemos que salir siempre de noche y aplicarlo a manguera para que sea realmente eficaz, lo que aumenta los costes de explotación", advierte Aitor Galán.

Fumigación nocturna en un campo de caquis de Benimodo.

Fumigación nocturna en un campo de caquis de Benimodo. / Perales Iborra

La Unió Llauradora alerta también del auge de plagas como la 'araña roja', que pueden provocar pérdidas de hasta un 50 % en comarcas de interior, sumadas a los retrasos por restricciones horarias en la siega para evitar incendios. Y advierte del incremento del consumo de agua y energía para mantener las granjas ventiladas, además de la necesidad de un mayor riego en los campos.

Estrés abiótico

El calor abrasador está provocando que prácticamente todas las plantaciones sufran por un estrés abiótico y no realicen su normal crecimiento. Esto significa que las producciones agrícolas que aún estén pendientes de recolección adelanten su maduración, como es el caso de las frutas de hueso y las hortalizas que se hallan en el tramo final de la recolección. El otro efecto que los agricultores detectan en los cultivos es la presencia de plagas y enfermedades que encuentran en estas condiciones climáticas el escenario idóneo para desarrollarse, especialmente los ácaros que llevan varias campañas causando estragos en los cítricos y el hongo de la 'piricularia' en el arroz, tanto por el calor como por la falta de soluciones fitosanitarias.

Además de los sobrecostes en lucha contra plagas y enfermedades, para mitigar los efectos de las temperaturas altas los agricultores también asumen más costes para dotar los cultivos de una dotación de agua suficiente que palíe su evotraspiración. El estrés hídrico es preocupante en todos los cultivos, pero especialmente en el caso de los cultivos de secano, como la viña, el olivar o el citado almendro.

En cuanto a la ganadería, las explotaciones de vacuno, ovino, caprino, porcino y aviar están afrontando pérdidas de rendimiento y mayores gastos en sistemas de ventilación, habilitación de sombras y suministro de suficiente cantidad de agua para que los animales estén bien hidratados.

Infraestructuras hidráulicas

Las organizaciones agrarias reivindican la construcción y modernización de infraestructuras hidráulicas para almacenar y distribuir agua, reutilizar más aguas depuradas que se pierden en el mar, a través incluso de rebombeos con energía fotovoltaica, y redimensionar los caudales ecológicos. AVA-Asaja considera imprescindible "consensuar un Pacto de Estado del Agua que tenga en cuenta a los técnicos y a los agricultores para poner en marcha estas infraestructuras". Al mismo tiempo, insta a las autoridades europeas a realizar una apuesta más decidida por la innovación para ayudar al sector agrario a adaptarse al cambio climático. En este sentido, resalta la necesidad de agilizar en la Unión Europea la biotecnología, especialmente la técnica de edición genética 'CRISPR', para obtener patrones y variedades más resistentes al estrés hídrico, así como a plagas y enfermedades, de manera que aumente la productividad con un menor uso de agua, fertilizantes y fitosanitarios.

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