De València a Xàbia o de Madrid a Benicàssim: cuántos kilos de CO₂ lleva tu maleta
Turisme incorpora una calculadora 'online' para conocer la huella medioambiental de las vacaciones y estima los árboles necesarios para hacer frente a la contaminación
Un viaje de EE UU al Cap i Casal supone una emisión de más de dos toneladas de dióxido de carbono

Turistas por el centro de València. / Miguel Ángel Montesinos

A la hora de preparar las vacaciones, el principal número que ronda la cabeza es cuánto afecta al bolsillo. Sin embargo, existen otras cifras que también deberían tenerse en cuenta. ¿Cuánto contaminamos cuando decidimos tomarnos unos días de asueto?
La Conselleria de Turisme ha incorporado una calculadora 'online' para saber, antes de hacer la maleta, la huella de carbono de un viaje. Las cifras revelan, por ejemplo, que una familia que va en coche desde València a Xàbia y un grupo de estadounidenses que llega en avión a un apartamento en el Cap i Casal pueden dejar una huella diez veces mayor entre sí.
Basta responder a un cuestionario de seis pasos -origen, destino, transporte, estancia, dieta y desplazamientos en destino- para obtener un resultado que traduce las emisiones a algo más fácil de imaginar: árboles del monte mediterráneo necesarios para absorberlas.

Turismo pone en marcha una calculadora para conocer la huella ecológica de cada viaje. / Levante-EMV
De dónde venimos y a dónde vamos
Así, una familia valenciana de cinco miembros que pasa una semana en Xàbia, viaja en coche y se aloja en un hotel genera 218,7 kilos de CO₂, lo que absorben 15 pinos o 9 encinas. El alojamiento, no el desplazamiento, es el gran responsable: acapara el 81 % de esa huella.
Por otra parte, cinco madrileños que llegan en coche a Benicàssim y duermen seis noches en un apartamento dejan un rastro más ligero: 113 kilos de CO₂, equivalentes a 8 pinos o 5 encinas. El peso del alojamiento baja aquí al 43 %, prueba de que un apartamento —sin piscina climatizada ni restaurante a pleno rendimiento— reduce la factura ambiental.
El salto se nota cuando entra el avión. Dos turistas italianos que pasan seis noches en un hotel de València y llegan volando suman 843 kilos de CO₂, casi cuatro veces más que la familia valenciana pese a ser menos de la mitad de personas.
El caso extremo lo firman la hipotética visita de cuatro estadounidenses que vuelan hasta la Comunitat Valenciana y se alojan doce noches en un apartamento de València: 2.078,5 kilos de CO₂, para los que harían falta 139 pinos o 84 encinas. El alojamiento vuelve a acaparar el protagonismo, con un 92 % de las emisiones.
La lectura es que la distancia importa, pero el tipo de alojamiento pesa en la mochila de carbono de cualquier viaje.

Imagen de archivo de viajeros en el aeropuerto de Valencia. / Fernando Bustamante
"El primer paso para reducir el impacto de cualquier actividad es conocerlo y medirlo", explica la consellera de Industria, Turismo, Innovación y Comercio, Marián Cano, que presenta la calculadora como "un paso más en el compromiso de Turisme Comunitat Valenciana con un modelo turístico sostenible y capaz de implicar también al visitante en el cuidado del territorio".
La herramienta se suma al Travel Planner y a la nueva aplicación de webcams, dentro de la Estrategia de Sostenibilidad Turística 2024-2028, certificada por AENOR, que sitúa a la Comunitat Valenciana como la primera autonomía con una estrategia turística certificada de este tipo, recuerdan desde Turismo.
El otro grifo abierto: el agua
Las emisiones no son el único termómetro. El agua dibuja una brecha todavía mayor entre visitante y residente. Un hotel de cinco estrellas consume de media 500 litros diarios por habitación, con picos de 700 a 1.000 en temporada alta, por jardines, piscinas y zonas de aguas. Un hogar español consume, según el INE, 128 litros por habitante y día, cifra que en la Comunitat Valenciana sube a 151.
La Universidad Internacional de Valencia (VIU) señala que el gasto de un turista se sitúa "entre 3 y 7 veces por encima del de un residente local", en un momento en el que "la tensión hídrica ha dejado de ser un problema meteorológico para revelarse como una crisis estructural".
Maribel Cerezo, directora del Máster en Ingeniería y Gestión Ambiental de la VIU, matiza que "atribuir la tensión hídrica exclusivamente al éxito turístico es un error de diagnóstico; el pico de demanda coincide con los meses de menor recarga natural". Y pide no señalar solo a hoteles y campos de golf, generadores de empleo, "pero tampoco es de recibo que el ajuste recaiga siempre sobre los agricultores".
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