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La Comunitat Valenciana suspende en percepción turística con un 4,9

El 43 % de los mensajes analizados en redes y medios reflejan un sentimiento negativo hacia el turismo en la autonomía

Los turistas hacen cola para visitar lugares emblemáticos como la Catedral de València.

Los turistas hacen cola para visitar lugares emblemáticos como la Catedral de València. / Miguel Ángel Montesinos

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Begoña Jorques

Begoña Jorques

València

Los aeropuertos superan sus expectativas y los hoteles cuelgan el cartel de completo. Sin embargo, cuando se toma el pulso a la calle sobre la percepción del turismo en la Comunitat Valenciana, este saca un suspenso.

Así lo certifica el Barómetro de Percepción Turística que elabora cada trimestre la consultora Llorente y Cuenca (LLYC), en colaboración con Prensa Ibérica -editora de Levante-EMV-, un termómetro que mide, comunidad por comunidad, cómo digiere la sociedad el negocio que más divisas y empleo genera en el país.

Sobre 10, la Comunitat Valenciana firma un 4,9 en el segundo trimestre, una décima por debajo del aprobado y lejos de la media nacional, que se sitúa en el 5,4. Sin embargo, la nota mejora 0,9 puntos respecto al mismo trimestre del año pasado.

Imagen de archivo de pasajeros en el aeropuerto de Valencia.

Imagen de archivo de pasajeros en el aeropuerto de Valencia. / JM López

La Comunitat Valenciana remonta, aunque sigue en el pelotón de cola. Solo dos autonomías tienen peor percepción de su turismo, Andalucía, con un 4,1, y Cataluña, con un 4,3.

Causas del suspenso

El barómetro no pregunta directamente, sino que analiza la ‘conversación social’ -lo que se publica en medios y redes- y ahí el desequilibrio es claro: un 43 % de los mensajes transmiten un sentimiento negativo hacia el turismo en la Comunitat Valenciana, frente a apenas un 29 % en positivo.

Pero no todo son palos para el turismo de la Comunitat Valenciana. La conversación positiva del trimestre tiene como protagonista la ordenanza de pisos turísticos que ha entrado en vigor en València, presentada como la más restrictiva de España.

El barómetro recuerda que el nuevo marco pone un techo del 2 % de alojamientos turísticos por barrio, distrito y manzana, prohíbe pisos turísticos y macrohoteles en patios interiores, crea un censo público de alojamientos y ha tumbado licencias a proyectos señalados, como la polémica ‘colmena’ de Russafa.

Valencia. VLC. Turistas visitando Valencia

Imagen de archivo de turistas por València. / Germán Caballero

El informe señala que ya se han cerrado cerca de 1.000 pisos ilegales y se han retirado más de 1.400 apartamentos de la oferta. "Valencia es ya la primera ciudad española que limita mediante planeamiento urbanístico todas sus plazas turísticas", recuerda el documento que lo señala como un hito celebrado como liderazgo regulador, pese a los recursos judiciales que conviven con la norma.

'Parque de atracciones' para turistas

La demanda tampoco da tregua. La ocupación ha sido excelente en Semana Santa y en el arranque de verano. Valencia ha superado el 90 % en algunos momentos y Alicante se encaminaba al lleno con las Hogueras. Crece el gasto, crece el número de viajeros y se alargan las estancias, con el turismo nacional pesando fuerte en Alicante y el británico dominando en zonas como Benidorm.

En los aeropuertos, las plazas aéreas de Valencia crecen un 11%, Alicante-Elche bate récord de operaciones en Pascua, se abren nuevas rutas y la Costa Blanca prevé más de 16 millones de asientos este verano.

Según se extrae del barómetro, el problema no es tanto que lleguen turistas, sino lo que su llegada desplaza a los vecinos. La conversación negativa más numerosa gira en torno a la turistificación de València, con barrios como el Cabanyal, Russafa, Benicalap o el centro histórico convertidos, según los mensajes, en "parque de atracciones" o "loft para turistas".

Valencia. VLC. Carteles de protesta por las viviendas turísticas en Ruzafa

Carteles de protesta por las viviendas turísticas en Russafa. / Miguel Ángel Montesinos

El relato tiene nombres propios como el del relojero Teo, obligado a jubilarse tras vender su local para un piso turístico, o una mujer mayor desahuciada por la especulación ligada al alquiler vacacional.

Librerías y hornos históricos resisten como pueden. Suben los alquileres, el comercio de toda la vida cede terreno al negocio para el visitante y parte del vecindario ya hace las maletas hacia otros municipios, continúa el barómetro.

A ese malestar se suma la sensación de que nadie gobierna del todo el fenómeno. El Tribunal Superior de Justicia anuló parcialmente la moratoria de licencias en València, en Alicante los apartamentos siguen creciendo pese a las restricciones y Elx ha tenido que asumir competencias sancionadoras propias, recoge el informe.

Se habla de una "eclosión online" de anuncios, de pensiones que se multiplican pese a las moratorias y de propietarios que buscan resquicios para esquivar multas.

Seguridad y saturación

La seguridad ha sido otro frente delicado. La detención de un hombre acusado de agredir sexualmente a tres turistas británicas en un hostal de València ocupó titulares, igual que la inmovilización de un autobús turístico tras dar positivo en cocaína su conductor, justo antes de recoger a un grupo de visitantes chinos rumbo a Benicàssim.

Son episodios puntuales, pero de alto impacto reputacional que afectan a víctimas extranjeras, al alojamiento y al transporte, y corren rápido por la prensa internacional, aunque también hubo mensajes positivos sobre rescates y atención sanitaria.

Valencia. VLC. Calor y turistas por el centro

Turistas en bicicleta por el centro de València. / Miguel Ángel Montesinos

Además, está la saturación del día a día. Hay autobuses abarrotados hacia la zona marítima de València, calles atestadas de turistas en bicicleta, playas con obras en pleno junio que incomodan a vecinos y bañistas, y fiestas desbordadas.

También generan rechazo proyectos como la ampliación del aeropuerto de Valencia o las nuevas torres junto al Nou Mestalla. Ya no es solo crítica al turista individual, sino a un modelo de crecimiento percibido como “descontrolado”, que reclama límites, mejor gestión y herramientas como la tasa turística.

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