Imaginemos la escena. Una madre trabajadora, o un padre trabajador, tanto da, llega con la lengua fuera y la mejor de sus sonrisas a recoger a su hijo pequeño a la salida del colegio. Cuando este sale de clase, le pide chuches a su madre o padre, que le dice que hoy no hay (porque ya hubo ayer).

El niño se enfada, grita y se tira al suelo montando un tremendo numerito delante de los otros padres y madres y todos los niños del cole. El público mira el espectáculo con desaprobación. La madre (o el padre) sentirá impotencia, agotamiento y culpabilidad, se preguntará cómo pudo haber gestionado mejor el conflicto e incluso tendrá la tentación de correr a la tienda de golosinas más cercana para zanjarlo (supuestamente). Y además se encontrará cuestionada, desarmada y sola. El niño, por su parte, se sentirá frustrado, decepcionado porque esperaba lograr algo que no ha obtenido, quizá después de un día no tan fácil en el cole.

Padres y madres llenos de dudas

María Jesús Álava, en su libro "El 'no' ayuda a crecer" deja claro que en la actualidad tanto padres como hijos reciben una presión social que poco ayuda a la tarea de educar. “Muchos padres están llenos de dudas, no quieren tratar a los niños como los trataron a ellos, no saben cómo enfrentarse con los retos y situaciones que se les plantean. Han de estar continuamente adaptándose a un mundo en continuo cambio, cada vez más competitivo, más inhumano. Un mundo que exige una carrera sin tregua y no les permite tener vida familiar.

Estos adultos, que tendrían que transmitirles confianza y seguridad, hoy les dicen una cosa y mañana otra, les miran con impotencia, con cansancio, con tristeza y con resignación. Los niños cada vez tienen más difícil tener la infancia que necesitarían: cada día tienen que aprender más cosas, aunque muchas sigan siendo inútiles, tienen menos tiempo y menos espacio para jugar, menos ambiente relajado…”. 

Maite Vallet, pedagoga y formadora de madres, padres y profesores, insiste, en su obra "Cómo educar a mi hijo durante su niñez", en la idea de que los padres se sienten desbordados: “Es relativamente frecuente que la educación de los hijos resulte una experiencia frustrante. A menudo nos sentimos incapaces de comprender sus comportamientos y actitudes. La sociedad sobrecarga a los padres. Muchos se sienten culpables o angustiados”.

En otra de sus obras, "¡Atrévete a innovar!", Vallet carga las tintas contra la competitividad en la escuela: “La escuela pretende que sea la familia quien eduque para la vida. Pretende que los alumnos no sean egoístas, sin embargo fomenta su individualismo obligándoles a competir en lugar de impulsar su solidaridad”. Quizá por los condicionantes y presiones sociales, Álava señala que en la sociedad actual la educación en valores “queda en el aire, sin que familia y escuela asuman el papel que les corresponde a cada uno”.

El sentimiento de angustia y de duda que parece tan común entre los padres y madres se puede deber a múltiples factores. María Jesús Álava apunta a que una de las razones por las cuales “los padres actuales se sienten muy perdidos” es que “sienten que no pueden aplicar el tipo de educación que ellos recibieron, pero no encuentran el punto de equilibrio que les permita educar en valores a sus hijos. En muchos casos han confundido una educación que fomente la libertad y la creatividad del individuo con una educación sin límites, que en nada favorece el desarrollo de una personalidad equilibrada y que está poniendo en peligro el respeto a los otros”.

Javier Urra, ex defensor del Menor, también advierte de los grandes peligros que supone esta tendencia a la sobreprotección y la permisividad que se observa en la actualidad como reacción al autoritarismo de épocas pasadas.

A la caducidad de los referentes que tuvimos de niños, se unen además los rasgos de nuestra sociedad, individualista y trepidante, que deja poco espacio para la puesta en común de una experiencia tan social como es educar a los hijos y deja poco tiempo para sentarse a reflexionar y debatir sobre un tema tan crucial.

Sin duda, Internet ha facilitado mucho el dar respuesta a esa voracidad: proliferan webs y blogs donde se brindan a los padres recursos y reflexiones para educar, blogs en los que madres y padres reflexionan con sentido del humor sobre este reto constante, grupos de Facebook  y vídeos emotivos sobre educar. La red está repleta de artículos sobre cómo educar mejor, de acuerdo con las distintas tendencias y las diferentes opiniones de expertos.

El entusiasmo de querer hacerlo mejor, y en común

Sin embargo, devorar libros, artículos o debates en el espacio virtual sobre educación en muchas ocasiones no hace sino aumentar la desazón de los padres, que siguen en busca de referentes sobre cómo hacer mejor su labor y continúan llenos de dudas. De hecho, de acuerdo con un sondeo realizado por la Confederación Católica de Padres (CONCAPA)el 71,7% de los padres y madres encuestados creen que las escuelas de familia son muy o bastante importantes y el 42% de las personas preguntadas considera que en estas escuelas debe enseñarse “cómo educar a los hijos”.

Bien mirado, ese cuestionamiento constante de nuestra labor de ser padres y madres, a pesar de ser agotador, es muy positivo para nuestros hijos. María Jesús Álava lo resume así: “Muchos padres hoy son auténticos héroes. Muestran una capacidad única para no perder la esperanza y buscar constantemente cómo mejorar las situaciones dentro y fuera de casa, cómo ayudar a los hijos en cada fase de sus vidas”.

 Lo que queda claro es que los padres y las madres de hoy en día queremos espacios de encuentro sobre la tarea de educar y quizá de este modo, con estos espacios comunes, se podría construir una sociedad más solidaria y menos individualista.