La lectura es uno de los hábitos que más asentamos las familias cuando tenemos hijos: les leemos un cuento antes de acostarse, los usamos para jugar con ellos, para relajarles, para fomentar su creatividad... Un hecho que está demostrado por los datos. Según el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros de 2020, en casi un 75% de los hogares españoles con menores de 6 años se lee a los niños. Aquellos de edades comprendidas entre los 6 y 9 años leen una media de tres horas semanales libros no de texto. A pesar de que tenemos muchos prejuicios con la adolescencia y el abuso de las tecnologías, son los jóvenes entre 14 y 24 años la franja de edad de la población española que más lee, con casi un 74%.

Aunque los datos muestran generaciones de chicos y chicas interesados por la lectura, como padres y madres a veces se nos presenta complicado intentar fomentar el hábito lector a nuestros hijos. Como señala Jesús Figuerola, autor de 'Educar en la lectura', no hay un método exacto para conseguir que nuestros hijos amen leer, se pasen su tiempo libre inmersos en la lectura, pero sí que podemos evitar cometer ciertos errores para que no rehúyan de los libros.

No leer delante de nuestros hijos

Somos el ejemplo de nuestros hijos, imitan nuestras conductas. Si a nosotros nos ven leyendo, van a tener más interés en coger un libro y sumergirse en él. Estos gestos podemos hacerlo desde que son pequeños para que vean que en casa todos tenemos hábito lector. Así nos lo contaba la socióloga y educadora Alba Castellví: "Si nosotros queremos que nuestros hijos lean, ¿qué creéis que es lo mejor que podemos hacer? Leer nosotros, que nos vean leer".

Y para aquellos padres y madres sin tiempo para leer Castellví también tiene un consejo. Pero atención, yo he dicho que hay que ser realista y sé que todos los que tenéis hijos menores de 10 años no tenéis tiempos. En ese caso, ese libro que tenéis allí en la mesita de noche desde hace ocho meses y del que no lográis leer más que tres párrafos, ese mismo lo ponéis en la mesa del sofá, que tampoco vais a leer, pero podéis decirles que ese libro es el mío, el que estoy leyendo, y se les va a permear la idea de que leer para vosotros es una opción de ocio valiosa".

Plantearle la lectura como un sustituto de otros ocios

Jesús Figuerola cuenta en su libro cómo decirles frases como "deja de jugar con la consola y lee" es contraproducente para fomentar la lectura en nuestros hijos. Expone que estamos enfrentando "el libro a una actividad placentera" y que podemos generar que "vean la lectura como una actividad de riesgo que los aparata de otras mucho más atractivas para ellos". Por eso, desde pequeños debemos ajustar bien los horarios para que puedan tener distintos ratos de ocio, tanto en los que estén presente la lectura como los videojuegos.

No hacer de la lectura una actividad conjunta

A veces usamos la lectura como una forma de que se entretengan nuestros hijos e hijas. Y sí, debemos dejar que nuestros hijos hagan suya la lectura, fomenten su creatividad con ella, pero también hacer de la lectura una actividad conjunta va a permitir que fomentemos nuestro vínculo con los hijos y pasemos más ratos con ellos.

Forzarles a leer un libro que a nosotros nos encantó de pequeños

Como padres y madres queremos que sientan las mismas sensaciones que nosotros sentimos de niños, y por eso queremos que sigan nuestros pasos y, en el caso de la lectura, que lean lo mismo que nosotros leímos. Como señala este autor, "que nos hayan gustado a nosotros no quiere decir que tengan que gustarles a nuestros hijos. Los tiempos cambian y al manera de construir los relatos también". Lo mejor, es permitir que nuestros hijos escojan los libros que más les llaman la atención, o si no, ofrecerles una gran selección para que ellos puedan elegir.

Obligarles a acabarse un libro

¿Cuántas veces hemos dejado un libro a medias? ¿Por qué obligamos a nuestros hijos a acabarse una lectura si a nosotros nos permitimos dejarnos sin terminar muchas cosas? "Están comenzando a conocer un mundo fascinante y hay que dejarlos que sean ellos los que lo vayan descubriendo. Y eso implicará que en algún momento dejarán de leer un libro porque no les interesa o que no tendrán ganas de leer ese libro que para nosotros fue tan fantástico", explica Figuerola. Por eso, nunca debemos usar la lectura como un imperativo, como una orden que deben cumplir nuestros hijos. Debemos dejarles que se aproximen a ello como un ocio que les proporciona placer.