De repente nuestro hijo ha hecho dos años y parece que haya sido poseído por una fuerza maligna. Aquel niño encantador que parecía un ángel, de golpe saca su genio, no para de decir que no, ya no quiere comer y llora por cualquier cosa. Y si no consigue lo que quiere, ¡madre mía cómo se pone!

No hay duda de que nos estamos adentrando en la etapa de los dos a los cuatro años donde despierta la conciencia de la identidad por primera vez, empieza a ver el mundo con sus propios ojos y ya no es tan fácil de gobernar.

No hay una única receta para conseguir gestionar las pataletas, entre otras cosas porque depende mucho de la necesidad o el motivo de aquella pataleta.

Nos podemos encontrar, sencillamente, en un estado de frustración porque quiere hacer una torre de piezas de madera y no le sale. Aquí quizás tendremos que CONTENER, RECONOCER y ACOMPAÑAR y, si nos deja, ayudarlo. También pasa cuando la pataleta es por sueño o por cansancio y, lo más importando es cenar y dormir.

A veces hay pataletas que pasan siempre en el mismo momento o cuando pasamos por el mismo lugar o se generan por el mismo objeto (por ejemplo, la televisión). En este caso, una de las cosas que más nos puede funcionar es ANTICIPAR y PREVER.

ANTICIPAR Y PREVER

Imaginaros que cada vez que entramos al supermercado nuestro hijo tiene una rabieta porque quiere comprar algo que nosotros no consideramos apropiado. ANTICIPAR implicaría explicarle qué comportamiento esperamos de él dentro del supermercado, qué estamos dispuestos a aceptar y que no. De esta forma, tenemos bastantes probabilidades de que nuestro que nuestro hijo haga una señal de "oído, cocina" puesto que estaremos DESCRIBIENDO exactamente qué esperamos de él. Y esto le ayudará a situarse y ajustar sus expectativas.

EVITAR EL ESTÍMULO

Otra opción sería EVITAR el estímulo porque sabemos que nuestro hijo todavía no es lo suficientemente maduro para poder gestionarlo y controlarse.

Es verdad que a veces, las pataletas buscan llamar la atención y una opción es no hacer caso. Pero si no enseñamos a nuestro hijo a pedir la atención de una manera más positiva y adecuada, su necesidad de sentirse "mirado y valorado”, no quedará cubierta. Por más castigos que pongamos para "controlar" la pataleta, esta necesidad explotará de manera colateral generando seguramente otros tipos de conflictos (ahora no come, ahora no duerme, ahora no...)

HACERNOS LOS SORDOS

Un último apunte, a veces hay momentos el que vale la pena hacerse el sordo. NO HACER NADA. O quién sabe si CONSENTIR, porque creemos que es lo mejor aquel día, en aquel momento y en aquel contexto. Pero cuidadito con abusar de estas estrategias no sea que el niño esté expresando una necesidad no cubierta.

Cómo podéis ver, hay muchas necesidades e intereses diferentes detrás de una pataleta. Hay que ajustar las gafas, el enfoque, para valorar cuál será la mejor respuesta en cada momento.

En todo caso, una variable básica a tener en cuenta es el DEPÓSITO DE ENERGÍA con el cual nosotros, padres y madres, llegamos a casa y estamos con nuestros hijos. Porque es posible que este depósito de energía, si es muy bajo, no nos ayude a ajustar la mirada y la gestión de la rabieta. Sencillamente nos venga una emoción que nos sobrepasa y actuamos en modo PILOTO AUTOMÁTICO… ¡sin pensar!