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Opinión

Lo de siempre ya no es para siempre

Ha pasado solo una semana, pero estos siete días que han transcurrido desde el pasado domingo de elecciones europeas tal vez hayan sido de los más reveladores de nuestra era reciente. Cansados de pensar, habituados a que todo nos pasara por encima sin sentir la posibilidad real de modificar esquemas heredados, nos habíamos dejado llevar en nuestra visita periódica a las urnas sacando del bolsillo siempre la misma papeleta; esa que ya elegimos una vez, cuando dimos el salto a la vida adulta, y que nos hacía ser fieles al azul o al rojo, como si de un sentimiento futbolístico tratara nuestra pertenencia. Pero esta vez muchos ciudadanos se dejaron la costumbre en casa y depositaron una papeleta que busca otras respuestas, sancionando a los partidos «de siempre». Porque PP y PSOE forman parte de nuestra cultura, de nuestro estilo de vida, de nuestra manera de entender y ver el mundo, pues han marcado la forma en que crecimos y maduramos, lo que leímos, escuchamos, vivimos, y cómo lo hicimos. Son los causantes de que seamos como somos. ¿O tal vez de como éramos? Eso es lo que empezamos a cuestionarnos ahora, reflexionando sobre la voz que la sociedad ha dado a otras apuestas nuevas y de cariz rupturista con el diálogo de dos.

Pero esos datos que ahora han sufrido en sus carnes los políticos van mucho más allá y son un puro reflejo de una realidad a la que aún nos cuesta abrir los ojos: hemos cambiado, cambiamos. Y ahora comenzamos a saberlo. Porque ese voto ha sancionado a los que la sociedad ha considerado culpables o más bien solo a algunos de ellos de esto que sufrimos, a «los que siempre han estado» y no nos transmiten cambiar con nosotros, una gran lección de la que debemos tomar nota desde el mundo de la empresa. No en vano, ambos mundos, el político y el empresarial, se dirigen hacia ese mismo público ciudadano que ha decidido alzar su voz en alto, evidenciando su rechazo ante lo inmóvil. Y, con ello, dando la voz a lo nuevo que llega sin historia, sin cicatrices y sin preconcepciones, un movimiento este también bien perceptible en los últimos tiempos en el mundo del consumo. Ahora nos enfrentamos a un consumidor informado, que tiene a su alcance valorar alternativas de manera amplia y profunda, que conversa con otros en entornos de trascendencia pública, que quiere respuestas y transparencia. Pero sobre todo es un consumidor que está habituado al cambio de una forma permanente, lo que finalmente ha hecho no ya que cambien solo esas cosas, objetos y situaciones, sino que con ello cambie también su forma de ser, pensar, sentir y actuar.

Voto de castigo

Ese voto «de castigo» en realidad no iba destinado solo hacia dos partidos. Iba dirigido hacia todo aquello que no cambia. Por eso desde las marcas y empresas debemos trabajar para un consumidor que ya no es como fue siempre, sino que ha modificado su mentalidad y exige comportamientos distintos a los destinatarios de su dinero: exige riesgo, adaptación a su propia realidad sacudida a diario, exige simplicidad a las marcas para conectar con su mundo complejo, exige empatía y humanidad. Y, sobre todo, quiere ser parte de la construcción de todo lo que sucede, algo que en el mundo político se evidencia en esos nuevos partidos de perfil más ciudadano y colaborativo, y en el de la empresa en patrones de consumo hacia el prosumerismo o presumerismo. En el primero, el consumidor hace ya años que, especialmente gracias a las nuevas tecnologías, ha mostrado su afinidad y pertenencia emocional a las marcas construyendo con ellas su futuro, sugiriendo que fabriquen para él nuevos productos y servicios bajo su nombre que conecten con sus necesidades y deseos evolutivos. Y en el segundo, lo vemos con movimientos como el crowdfunding en el que el consumidor está dispuesto a invertir su tiempo y dinero para hacer realidad la llegada al mercado de nuevos productos, que él después consumirá.

Nos enfrentamos no ya a un ciudadano cansado con lo que conoce, sino también a un consumidor hastiado de lo de siempre. Quiere nuevas apuestas a su ritmo cambiante. Y, por eso, lo nuevo en el consumo es toda una tendencia en alza, con marcas que llegan para dar un soplo de aire diferente o con productos y servicios que giran sobre sí mismos para buscar adaptarse a esta realidad modificada. Es tiempo de cambio. Porque en cualquier campo, lo de siempre, si sigue como siempre, va directo al camino de sufrir como nunca.

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