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Sostenibilidad

La crisis zarandea a las pensiones

El envejecimiento demográfico como factor estructural y ahora la crisis amenazan con socavar la sostenibilidad del sistema público de pensiones

La crisis zarandea a las pensiones

La crisis zarandea a las pensiones

El envejecimiento demográfico como factor estructural y ahora la crisis amenazan con socavar la sostenibilidad del sistema público de pensiones. Para sus detractores es un modelo inviable por definición y no tiene paliativos. Se trata, dicen, de un esquema piramidal y, como tal, abocado al colapso. Para sus defensores, las vulnerabilidades del sistema son corregibles. Lo han sido, de hecho, hasta ahora: hace décadas que se vaticinó su funesto final y su derrumbe sigue postergándose.

En las dos anteriores legislaturas el fondo de reserva de la Seguridad Social (la «hucha de las pensiones») alcanzó su máximo nivel de dotación. Zapatero recibió el fondo de reserva en 2004 en 12.024 millones de euros y lo multiplicó por 5,56, hasta 66.815 millones cifra récord en la historia del sistema al cierre de 2011.

Entre 2012 y 2013 se consumieron 13.071 millones por la insuficiencia de las cotizaciones para cubrir la totalidad de las prestaciones. El mes próximo se volverán a detraer recursos en una cuantía no precisada para abonar la paga extraordinaria de julio.

La crisis está golpeando al sistema porque la destrucción de empleo y la política de reducciones salariales han mermado los ingresos del sistema y porque el paro acelera el aumento de los desembolsos como consecuencia de que muchos desempleados de edad avanzada y sin perspectiva de hallar ocupación optan por la jubilación anticipada. Esta percepción general de crisis ha supuesto además enlazar cinco años seguidos de caída de la natalidad, lo que, sumado al éxodo y emigración de desocupados, amenaza con el empequeñecimiento de la economía nacional sobre la que ha de sustentarse un modelo de protección social de gasto creciente.

La perspectiva actual está sesgada por la extrema gravedad y profundidad de una crisis sin parangón desde 1929 y que en algún momento acabará. La perspectiva desde el fondo de una sima siempre es desesperanzada. El envejecimiento demográfico de la población es una dinámica imparable pero también lo es que cada vez más gente llega a edades más avanzadas con facultades plenas. Una persona de 50 años hoy es joven. No hace muchas décadas era casi un anciano.

Reformas

Seguirán por tanto las reformas de las pensiones que pospongan la edad de jubilación en correspondencia con la mayor expectativa de vida si la sociedad así lo pacta. Y probablemente también la extensión de los periodos de cotización sobre los que se calcula la cuantía de la prestación. Y la ampliación de los conceptos por lo que se cotiza, como acaba de hacer el Gobierno. Y la contención de sus actualizaciones. E incluso cabe reducir las cotizaciones para abaratar el factor trabajo compensando la merma recaudatoria con incrementos del IVA y con el aumento del empleo y cotizantes que cabría esperar de las ganancias de competitividad derivadas de sustituir impuestos al trabajo por impuestos al consumo, como proponen la UE, el FMI y el Banco de España. Y si la sociedad así lo concierta, podrá volverse a las políticas de aportación de recursos públicos al fondo de reserva. Es otra opción a debatir. Entre 2004 y 2011 la «hucha» de las pensiones creció en 54.791 millones. De ellos, casi la mitad (21.099 millones) se dotó en plena crisis económica (2008-2011).

Pero esto exige pagar impuestos. Porque lo que no es sostenible es el modelo que intentó España: disfrutar de un Estado de Bienestar a la europea siendo el séptimo país de 28 que menor tributación recauda (empatado con Estonia y Polonia) en porcentaje de su PIB.

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