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Desayunos SabadellCAM en El Mercantil Valenciano

El sector cítrico requiere cambios

Organizaciones de productores, cooperativas, industria y Generalitat consideran necesario impulsar cambios estructurales en el sector citrícola de la Comunitat Valenciana para mejorar la competitividad de una actividad clave en el negocio y las exportaciones agroalimentarias

Presente y futuro del sector citrícola de la C. Valenciana.

Presente y futuro del sector citrícola de la C. Valenciana. Fernando Bustamante

El sector citrícola de la Comunitat Valenciana intenta corregir errores del pasado y afronta un futuro con grandes retos que superar ante las incertidumbres que planean sobre sus principales actores: agricultores, comercio, industria y administración pública. Representantes de diferentes ámbitos naranjeros analizaron esta semana una actividad que continúa siendo principal protagonista del negocio agroalimentario con el 56 % de la superficie y producción de cítricos de España y casi el 80 % de sus exportaciones. En esta reunión de trabajo organizada por EL MERCANTIL VALENCIANO y el banco SabadellCAM participaron Alejandro Monzón, presidente de Anecoop (líder en Europa en exportaciones naranjeras); los dirigentes de las principales organizaciones agrarias valencianas, Ramón Mampel, secretario general de la Unió de Llauradors i Ramaders y Cristóbal Aguado, presidente de AVA-Asaja; así como José Juan Felici, director de Agriconsa (industria de gajos de mandarina y zumos) y José Miguel Ferrer, director general de Producción Agraria y Ganadera de la Generalitat Valenciana.

SITUACIÓN ACTUAL. PERSPECTIVAS

A. Monzón: La atomización del sector en la Comunitat Valenciana, tanto en la producción como en las comercialización, a diferencia de otras regiones naranjeras como Andalucía, refleja un handicap poco positivo para poder llegar a los mercados en buenas condiciones y poder hacer frente a nuestros competidores de otros países. En algunas ocasiones no podemos llegar a mercados en condiciones ventajosas.

J.J. Felici: La industria es el sector que mejor conozco. El del mercado en fresco, menos. En España, la industrialización de parte de la cosecha naranjera ha jugado un papel clave como agente subsidiario para regular excesos de oferta en el mercado de fresco cuando la fruta no sirve se puede aprovechar para zumos y conservas. Existían ayudas destinadas al agricultor, en otros tiempos, cuando la Política Agraria Común (PAC) reconocía las denominadas ayudas acopladas. Al poner precios a la producción destinada a la industria indirectamente daba transparencia al mercado en fresco porque servía de referencia. Se podría hablar entonces de precios garantizados, una situación que desde hace una década se ha perdido. en la mayoría de los casos.

Ramón Mampel: Efectivamente, como decía Felici, la Comunitat Valenciana, también el resto de España, está muy orientada al consumo en freso, lo que genera serios desequilibrios en el mercado. En cualquier caso, el ámbito citrícola sigue muy condicionado por la centrales de compra, concentradas en muy pocas manos en Europa y con clara posición de dominio al imponer precios a la baja para el productor. En ocasiones ni siquiera sirven para cubrir costes de explotación. Otra cuestión que caracteriza al campo es el envejecimiento de los agricultores, así como problemas estructurales por el dominio de minifundios y la escasa concentración. También hay escasa promoción en la búsqueda de nuevos mercados. Puestos a analizar la realidad del sector me gustaría destacar la pérdida del IVIA [Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias] como referente mundial en el sector para la obtención de nuevas variedades o para la investigación de plagas. Repruebo la avidez del IVIA por el conocimiento y búsqueda de soluciones válidas para el campo. Y respecto a los conflictos y demandas judiciales en las variedades protegidas, si hubiera una estrategia clara de la Oficina Europea de Variedades Vegetales, mejor nos iría a todos. No podemos estar siempre en los juzgados.

C. Aguado: Hace muchos años que tendría que haberse realizado una proceso de reestructuración y cambios varietales en cítricos para superar uno de los graves problemas del sector. Sin duda urge un cambio de modelo, como también el ya citado relevo generacional en los profesionales del campo. Los dirigentes políticos de la Unión Europea no han estado a la altura de las circunstancias con los instrumentos que guían la política agraria: la PAC y la OCM. La agricultura mediterránea ha quedado como la hermana pobre del Viejo Continente. El dinero procedente de Bruselas se ha gastado mal, subvencionando cultivos escasamente rentables cuando mejor hubiese sido apoyar inversiones, promoción o planes de modernización. Y la Comunitat Valenciana, comparto la reflexión sobre el declive del IVIA, ha perdido el tren del siglo XXI en materia de investigación y desarrollo. En veinticinco años no ha sacado ni una variedad nueva. Por ahí fuera las cosas se hacen mejor y, por tanto, continuará el abandono de tierras de cultivo si no cambia el modelo. Dentro de diez años la mayoría de la gente comerá más mandarinas que naranjas.

J.M. Ferrer: Comparto algunas de estas reflexiones aunque tampoco debemos perder de vista que, a pesar del negro panorama descrito, el sector citrícola no está enfermo. Ahora bien, reconozco que en la cadena de valor hay productores que no obtienen valor y se quejan. El minifundismo apenas logra rentabilidad. Con todo, la Comunitat Valenciana representa el 56 % de la superficie y producción de cítricos de España, y el 76,5 % de las exportaciones de cítricos de España. Tenemos algo más de 166.000 hectáreas de agrios, la mayor superficie de España, si bien entre 2004 y 2014 ha disminuido un 7,8 % y la producción, un 11,2 %. Y acaparamos una quinta parte de las exportaciones mundiales con tres millones de toneladas. Durante esta campaña, la previsión de cosecha supera los 3,5 millones. En fin, con estos datos tan sólo quiero destacar que el negocio naranjero sigue vivo.

DESEQUILIBRIOS EN EL MERCADO

Ramón Mampel: Propietarios de pequeñas explotaciones tienen unos costes de explotación muy elevados. La Unión Europea ha perdido una ocasión de oro con la nueva Política Agraria Común para poner en marcha la Ley de la Cadena Agroalimentaria de ámbito europeo. Aunque el Gobierno de España ha aprobado una norma para tratar de corregir los desequilibrios en el mercado no tiene sentido esa regulación sin un ámbito global. Además, en la UE tampoco existe reciprocidad en el control y vigilancia de las frutas. Las importaciones procedentes de terceros países están causando problemas. Ahí está el caso de la «mancha negra», procedente de los agrios de Sudáfrica. Bruselas está siendo tibia en los controles y los cumplimientos del control fitosanitario, que incluyan el posible cierre de fronteras. Por otro lado, urge la puesta en marcha de auténticas medidas de mercado parta hacer frente a posibles crisis como las derivadas por el veto de Rusia a las importaciones de la UE o, como hace años, por el brote de la bacteria E-coli, que paralizó el comercio de hortalizas. Mientras los diferentes actores del sector citrícola valenciano nos hemos estado mirando el ombligo, ha faltado una voz única , que podría haber sido Intercitrus, para liderar todas las reivindicaciones y capaz de abrir mercados.

C. Aguado: Hace dos décadas se creó la interprofesional Intercitrus, si bien ya es historia. Se han hecho las cosas mal y por tanto agoniza. En otros países como Francia han funcionado interprofesionales en diferentes ámbito de la agricultura o la ganadería capaces de convertirse una voz única en Europa en defensa de sus respectivos intereses.

J.M. Ferrer: La rentabilidad de las explotaciones valencianas ha disminuido en estas últimas décadas por el aumento de la oferta. La capacidad de producción de Andalucía, por citar un ejemplo, se ha disparado, así como la de los países de la cuenca del Mediterráneo. Es una cuestión de oferta y demanda. Y llama la atención que mientras ha crecido la producción apenas ha aumentado la unión del sector a través de organizaciones de productores. Además, hemos evolucionado poco en la comercialización. Necesitamos vender mejor. Competir vía precios contra países con menor costes, como Marruecos y otros resulta muy complicado.

A. Monzón: Los desequilibrios citados podrían corregirse, en parte, con buenos planes de promoción del consumo de cítricos tanto en el mercado doméstico como en el exterior. Los agrios tienen mucha competencia como producto de consumo familiar.

J.J. Felici: Es el momento de gestionar bien, de que las cooperativas gestionen de verdad. Es la hora de que planifiquen las variedades para evitar el exceso de oferta en determinadas épocas del año. La citricultura tradicional, tal como se ha puesto de manifiesto, se ha convertido en un desastre.

VARIEDADES CITRÍCOLAS

J.J. Felici: En líneas generales las principales variedades cultivadas en la Comunitat Valenciana, como las navelinas o las clemenules, tienen un calidad muy buena. Excelente. La apuesta por variedades rentables puede ser sinónimo de éxito aunque este factor resulta más directamente proporcional al tamaño de las explotaciones. El problema es la agricultura tradicional; es decir, sin planificación alguna, concentración de la oferta ni canales adecuados de comercialización.

C. Aguado: La búsqueda de variedades naranjeras rentables se ha convertido en una lucha entre «chiringuitos», clubs de variedades protegidas y otras entidades por lanzar al mercado nuevas variedades con las que conseguir negocio. Habría que recuperar el papel que el IVIA tuvo en sus orígenes y dar empleo en esa institución a quien trabaja, apartando a los «dinosaurios» que hacen algún escrito y poco más. El organismo tiene que ser viable. Respecto a las variedades protegidas todavía me acuerdo de las fortunas que se han dejado agricultores al pagar royalties de 160 euros por planta de Nadorcott. Eso era inviable, si bien ahora se paguen menos. En Estados Unidos,sólo pagan dos euros en algunos royalties. Esa regulación la podría haber coordinado el IVIA si hubiese sacando buenas variedades. Se han cometido muchos abusos. En toda américa se plantan millones de plantas de la variedad Tango.

Ramón Mampel: El IVIA se ha convertido en un organismo poco rentable y que además cuenta con menor recursos de las administraciones públicas. Tal vez pudiera haber obtenido negocio a sus servicios y por qué no, cobrar royalties por las variedades que ha puesto en el mercado. Eso sí, con unos precios adecuados. Quizás los «dinosaurios» que allí trabajan no se han preocupado por buscar rentabilidad al organismo público dependiente de la conselleria de Agricultura.

J.M. Ferrer: El IVIA ha jugado un papel fundamental en el desarrollo de la actividad citrícola. Sus conocimientos técnicos han sido fundamentales para sacar al mercado nuevas variedades o analizar enfermedades vegetales en diferentes cultivos, entre otras funciones. Estamos muy por delante, me atrevería a decir a años luz, de otras regiones naranjeras del mundo. Con todo, reconozco que su labor es mejorable.

¿CULTIVOS ALTERNATIVOS?

Ramón Mampel: Se está especulando demasiado con los cultivos alternativos. La Unió maneja estudios recientes en los que se pone de manifiesto cultivos tropicales o semitropicales como los kiwis o aguacates, así como los caquis o las granadas son las solución al exceso de oferta naranjera.

C. Aguado: El arranque de naranjos y mandarinos para ser sustituidos por otros cultivos no siempre garantiza el futuro. Ahora se habla mucho de caquis. Pero, ¿es la Denominación de Origen la solución al exceso de oferta que se producirá en los próximos años? En mi opinión, haría falta una interprofesional para apostar por una marca. Los turcos, por ejemplo, han creado una enseña para la granada y les va bien.

J. M. Ferrer: Más que buscar cultivos alternativos hay que solucionar los problemas estructurales, apostando sobre todo por la concentración de la oferta. Hace años, desde la administración autonómica, se impulsó la puesta en marcha de una banco de tierras que permitiera el alquiler de campos y así evitar el abandono de superficie agraria. No funcionó. El 91 % de los agricultores valencianos son a tiempo parcial y prefieren ver perdido el campo antes que alquilarlo o venderlo. «¡Es el huerto de mis padres!» justifican sus propietarios para no cederlo. Por tanto, no se puede tocar. El banco de tierras no funcionó por la presión urbanística, pues había demasiadas expectativas para convertir los suelos rústicos en edificables.

REESTRUCTURACIÓN

J.M. Ferrer: La conselleria de Agricultura prepara un anteproyecto de ley de entidades gestores de tierras que podría impulsar el deseado banco de de tierras, en la que participarían ayuntamientos, instituciones y otros actores del mercado. Sin duda, contribuiría a reducir el abandono de campos de cultivos.

J.J. Felici: Se podría avanzar en sistemas de gestión empresarial y dejando en manos de de equipos técnicos la explotación de tierras y la comercialización de los productos. Para ello, estaría bien contar con incentivos, con ayudas que permitan poner en marcha pruebas piloto que puedan luego extenderse por todo el sector. Habría que incentivar el alquiler de tierras.

Ramón Mampel: Un ejemplo de eficacia lo encontramos en la cooperativa de El Perelló, dedicada al cultivos de tomates y verduras chinas. Con una producción en común de sesenta agricultores, que liquidan la facturación por metro cuadrado y disponen de cuatro técnicos para decidir cómo y qué variedades plantar, han sido capaces de elevar la producción de 40.000 a 700.000 kilogramos. Eso es innovación en el campo.

C. Aguado: Algo similar se ha intentado en algunos municipios naranjeros de l´Horta Sud o La Ribera. Sin duda, están obteniendo mejores rentabilidades.

J.M. Ferrer: Eso requiere incentivos de la administración.

C. Aguado: Bien, ¡pero no en vísperas electorales tal como siempre prometen los políticos! La planificación requiere tiempo y un largo período de adaptación. No puede ser que lo aprobado por un Gobierno se derogue en la siguiente legislatura y en tan poco espacio de tiempo.

Ramón Mampel: En cualquier caso, estaría bien incentivar el alquiler de tierras de cultivo, aunque todos sabemos que para caquis o granadas no se encuentran campos. Otra cosa son los terrenos de secano, donde sí es fácil encontrar espacios para olivos.

A. Monzón: Es difícil apostar por una variedad. No me atrevería a dar soluciones exactas que puedan mejoras la rentabilidad. en mi opinión hay que apostar por la diversidad.

COMPETIDORES

C. Aguado: En Estados Unido, uno de los principales países productores del mundo junto con Brasil, China o España, van por delante. Han optado por patrones y variedades vegetales con mejores resultados. En California están arrancando grandes extensiones de naranjas para plantar mandarinas. Y tienen claro que lo válido es la marca. También están cambiando cítricos por almendros debido a la gran demanda procedente de India. El almendro consumo un treinta por ciento más de agua, aunque puede garantizar unos ingresos de 2.000 dólares por hanegada. ¿No podíamos hacer eso aquí, en La Ribera, por ejemplo?

A. Monzón: Los competidores se han organizado mejor y cuentan con mejores canales de comercialización.

Ramón Mampel: Cada vez la competencia es mayor y es tiempo de reaccionar. La especulación nos ahoga. Debemos convertirnos en una empresa capaz de salir adelante.

J.M. Ferrer: Los modelos implantados en otros países o autonomías españolas como Andalucía no son similares. Tienen un sistema gestionado por empresas y no tanto por agricultores. Habría que potenciar empresas de servicios para mejorar la rentabilidad de las explotaciones.

RETOS

Ramón Mampel: Para hacer política agraria hay que tener presupuesto. Hasta hace una década la agricultura representaba el 4,7 % del gasto del Consell pero ahora tan sólo un 1,8 %. Tenemos un modelo agrario mejorable porque sobran individualismos, egoísmos, fanatismos e ineficiencias.

C. Aguado: El modelo citrícola valenciano es manifiestamente mejorable a través de la profesionalización y vertebración del sector. La administración debe marcar criterios y la búsqueda de viabilidad. Los recursos deben tener objetivos claros.

J.M. Ferrer: El reto es acometer cambios estructurales, que no coyunturales. El minifundismo nunca será rentable.

A. Monzón: El sector citrícola necesita profesionalizarse y no hacer la guerra por su cuenta. Apostar por la I+D y la diversidad de naranjas y mandarinas.

J.J. Felici: El punto débitl es el citricultor pequeño. Hay que poner en común producción y ventas para mejorar la gestión.

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