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Libre directo

La purga

Con la crisis se disparó la productividad laboral en España. En los años de la burbuja, justo antes de su estallido, el indicador que relaciona las horas trabajadas con la producción realizada tuvo incluso decrecimientos. Se creaban empleos a mayor velocidad que se creaba riqueza. Pero a partir de 2007 las cifras indican justamente lo contrario. El año de la peor caída del Producto Interior Bruto (PIB) coincide con el mayor aumento de la productividad. ¿Cómo es posible que produciendo mejor se produzca menos? La respuesta es obvia: el número de horas trabajadas cayó más que la producción, de la misma manera que en los años eufóricos había ocurrido lo contrario, y los mayores aumentos del PIB se cruzaron con los mayores descensos de la productividad.

Ambos indicadores bailan en la economía española una danza en la que se separan, se acercan, se cruzan y se vuelven a separar en sentido contrario, mientras que en Alemania, por poner un ejemplo que nos suele dar envidia, dichos indicadores bailan pegados como en la canción eurovisiva de Sergio Dalma. ¿Crece la productividad? Crece el PIB. Y viceversa. Una relación estable: unidos en la salud y en la enfermedad, en la expansión y en la recesión. ¿No nos sirve el ejemplo alemán, porque no acaba de despegar? En EE UU también bailan al mismo compás; con movimientos más amplios, pero moviéndose en el mismo sentido.

Las interpretaciones hace tiempo que están sobre la mesa y explican también nuestras enormes tasas de paro. La economía española mostró en la pasada década una gran capacidad para crear empleo temporal o inestable, alimentado con la burbuja financiera, de muy baja calidad y productividad. En cuanto la burbuja estalló y las fuentes del dinero se secaron, dicho empleo fue el primero en desaparecer e ir a engrosar las filas el paro estadístico. El primer fenómeno redujo la media de productividad, mientras el segundo lo aumentaba al tiempo que la producción hacía lo contrario. La purga contra la indigestión de los años del exceso la pagó el empleo.

Ahora cabe preguntarse si la salida de la crisis que se apunta nos llevará a bailar al estilo alemán o estadounidense, o por el contrario, la economía española repetirá su viejo modelo y volverá a crecer sobre la base del endeudamiento, el ladrillo, la precariedad y el salario mínimo en servicios sin cualificar, y estaremos todos muy contentos porque los jóvenes vuelven a tener oportunidades, sin apercibirnos de que estamos cavando la próxima fosa. Algún megaproyecto urbanístico ya indica por donde pueden ir los tiros.

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