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Opinión | Consumo luego existo

Distancias

Tal vez nunca antes en la historia haya existido tanta brecha entre padres e hijos como en la actualidad. La distancia, clásicamente lógica por la diferencia de edad entre los que ya estaban y quienes les permitieron llegar, se ha convertido ya oficialmente en un socavón de proporciones considerables que, lejos de menguar, cada vez se agranda con más kilómetros de incomprensión intergeneracional.

Nunca antes, posiblemente en toda la historia de la humanidad, unos padres naturalmente preocupados por sus hijos habían mirado con tanta extrañeza el comportamiento de sus descendientes. Ni estos les habían devuelto la mirada desde un planeta tan lejano. Porque en estos tiempos la tecnología es un tren en el que algunos, los más nuevos, siempre estuvieron, mientras otros, los que ya estaban cuando aquello comenzó a correr, salían disparados detrás o en paralelo a ese bólido que se escapa; y otros tantos, aguardaban confiados y sentados, pensando en cogerlo si acaso cuando algún día se detenga, convencidos de que así será. Y eso, sin duda que convierte este escenario en un campo de incomprendidos.

Esa distancia se observa especialmente en unas redes sociales que son toda una metáfora del momento actual, unos canales que evidencian comportamientos opuestos y que muestran a las claras las diferencias generacionales entre los jóvenes y los que quisieran seguir siéndolo. Factores que afectan al consumo, a la política, a las relaciones y al futuro. Y que en semanas como esta, nos dejan lecciones que más de una marca, partido político, padre o hijo deberían grabarse a fuego para lo mucho y cambiante que está por venir.

Que un partido recién nacido como Podemos compita contra otro teñido también de novedad como Ciudadanos „que sin serlo, ni mucho menos, sí ha sabido sacar rédito del desconocimiento previo de su votante potencial y del foco interesado de esferas de poder mediático y económico„ con el ring de las redes sociales como cancha, visibiliza bien a las claras la diferencia de comprensión de estos dos partidos „también alguno más„ con el resto de la esfera política tradicional.

Tradicional también en su forma de visualizar en conjunto una sociedad que cada vez está más resquebrajada en sus diferencias de edad, y que requieren de lenguajes por tanto individualizados, concretados en sus necesidades e inquietudes marcadamente distanciadas. Esa es la gran victoria de estos dos partidos, que han sabido ver un nicho de posicionamiento donde otros solo veían masa. Y ahora, ya no basta a los demás con querer aparentar ser joven porque, con ello, pasan a convertirse cuando lo intentan en aquel padre que se pone la gorra del revés para ganarse a sus hijos.

Estas diferencias generacionales siempre han existido y a buen seguro seguirán permaneciendo conceptualmente en el futuro. Pero lo que sí está cambiando es la sensación evidente en los más jóvenes de que lo de siempre ya no solo les queda lejos, sino que no les vale. Para ellos, el cambio forma parte de su ADN, la tecnología „y sus consecuencias„ es su motor y el sentido estático de otras generaciones les asusta y separa. Por ello, marcas y empresas deben aplicar la innovación, conocimiento del cambio y caminos de comunicación y contacto con sus públicos antes de que estos sientan que ya quedaron desvinculados de su realidad.

El cambio no es una oportunidad, es una obligación para permanecer al lado no de un perfil de consumidor cualquiera, sino de aquel que tiene conquistado el futuro de antemano y que irá sustituyendo en poder de adquisición a los que estuvieron e irán desapareciendo. Reducir distancias para no quedar atrás.

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