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Deudas pendientes

Queremos dar la bienvenida al nuevo ministro de Agricultura, Luis Planas, valenciano de origen y andaluz de adopción. Vaya por delante que las referencias que tenemos sobre su dilatada trayectoria política y profesional como máximo responsable del sector agrario de Andalucía, como embajador en Marruecos, como jefe de gabinete de Pedro Solbes y últimamente como secretario general del Consejo Económico y Social Europeo (CESE) en Bruselas son excelentes: hábil diplomático, dialogante, buen conocedor de los entresijos comunitarios y, sobre todo, de las complejidades de la materia que tiene que gestionar. Con esos mimbres se puede hacer, sin duda, un buen cesto y eso es lo que esperamos y deseamos los agricultores valencianos.

Sin embargo, tampoco se nos escapa que el nuevo ministro no lo tendrá fácil porque son muchos los frentes abiertos y, en el caso concreto de la agricultura mediterránea, muchas las deudas acumuladas y los agravios comparativos desde tiempo inmemorial. La primera oportunidad de acreditar su talante y capacidades va a tenerla en las negociaciones abiertas para la reforma de la Política Agraria Común. Es obvio que, en ese marco general, tendrá que defender los intereses de España en su conjunto, pero no puede perder de vista la discriminación histórica que arrastran los cultivos más característicos del campo valenciano y, precisamente por eso, tiene que entender que es necesario corregir esos desequilibrios respecto a las agriculturas continentales para que no resulten, al menos, tan escandalosos.

Somos una potencia exportadora, motor hortofrutícola de este país, y para seguir siéndolo hace falta que se nos faciliten herramientas verdaderamente eficaces para la gestión de los mercados. No se trata de reclamar ayudas directas, sino de impedir que se nos sigan colocando palos en las ruedas en capítulos esenciales y resulta ineludible abordar cuestiones como el establecimiento de medidas que permitan corregir abusos, competir con terceros países a partir de unas mínimas condiciones de reciprocidad o poner orden de una vez por todas en la sanidad vegetal de las importaciones para que las fronteras comunitarias dejen de ser el actual coladero de plagas. La presencia de la Xylella o la amenaza latente de la mancha negra y el greennig son solo algunos ejemplos recientes. Europa tiene demasiadas asignaturas pendientes que nos ponen contra las cuerdas y el ministro debe ser consciente y decir basta.

La investigación aplicada al sector agrario, el déficit estructural de la agricultura valenciana, los abusos en la cadena alimentaria, el seguro de rentas o la necesidad de garantizar el agua son otros tantos asuntos de vital importancia que el ministro Planas tiene ya sobre su mesa. Así, que trabajo no va a faltarle. Ahora tiene que escuchar a sus administrados y no el canto de algunos, sino el de todos.

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