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Dos imperios empiezan a chocar

Dos imperios empiezan a chocar

Dos imperios empiezan a chocar

Es tan viejo como la historia de las civilizaciones: la lucha entre un imperio hegemónico, maduro, tal vez ya hacia su declive, y otro emergente que quiere ocupar el lugar del primero y en muchas ocasiones lo consigue. Les pasó a las polis griegas, a Roma, a Egipto, a la monarquía hispánica y, en el siglo pasado, a Gran Bretaña. Tras dominar casi desde la Primera Guerra Mundial, con derrota incluida de la Unión Soviética y el mundo comunista, todo indica que Estados Unidos, la potencia declinante, se encuentra más allá de los prolegómenos de la batalla con China, aspirante al cetro mundial. La guerra comercial contra el gigante asiático emprendida por Donald Trump desde que llegó a la Casa Blanca ha sido un primer paso, aunque esta semana se ha puesto de manifiesto con mayor crudeza con esa arremetida contra el gran gigante tecnológico chino: Huawei.

El presidente de Estados Unidos es un tiburón de Manhattan, además del sector inmobiliario, donde las dentelladas son dobles. Da la impresión de que está ejerciendo la presidencia con el mismo estilo de cuando era promotor en la Gran Manzana. O sea, un matonismo exacerbado para asustar a su oponente, situarse en una posición de ventaja a la hora de volver a sentarse a negociar, ceder parcialmente para rebajar la tensión y luego conseguir -o aparentar que logra- sus propósitos. Esta técnica -y otras que es preferible no mencionar- puede que surtan efecto entre los promotores y políticos neoyorkinos, incluso para Kim Jong-Un, pero está por ver cuáles son los efectos ante el país más poblado de la Tierra.

La respuesta de Google, de operadores británicos y japoneses ponen de manifiesto que no estamos ahora solo ante una disputa comercial. Por detrás de la batalla está también el control de la tecnología del futuro y, sobre todo, de que el oponente no te controle el país. Hasta ahora, el mundo entero ha estado, desde un punto de vista tecnológico, en manos de Estados Unidos. Google, Facebook, Apple, Microsoft... Las cinco o seis compañías clave de este sector son de allí. Huawei se ha convertido en la respuesta china. Y ha sido un éxito. Tanto que Trump, a su manera, parece preocupado. El nuevo capítulo de sus guerras, según auguran algunos, puede dar lugar a un segundo internet. Chino, claro.

Europa está sin respuesta. Ha llegado tarde, como le viene sucediendo en tantas ocasiones en los últimos tiempos. Y está en terreno de nadie, a expensas de unos y de otros, porque las mejores prestaciones en 5G de Huawei la han inclinado hacia esa tecnología. Según cómo se mire, no es una mala posición, siempre y cuando uno de los contendientes no te obligue a decantarte. Los amigos de mis enemigos....

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