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Lafarge busca en Sagunt el cemento de nueva generación

Lafarge quiere fabricar en Sagunt cemento inteligente y que contamine menos. Lo necesita para ser rentable y superar la presión de la opinión pública y de los políticos, que cada vez más fiscalizan el cuidado al medio ambiente

Lafarge busca en Sagunt el cemento de nueva generación

Lafarge busca en Sagunt el cemento de nueva generación Fernando Bustamante

Isidoro Miranda no se separa de su teléfono móvil. Una de las aplicaciones más consultadas por el responsable de la cementera LafargeHolcim en España reproduce la cotización de los derechos de emisión de Co2. Miranda enseña la aplicación a las periodistas de EMV que le entrevistan, aunque no necesita mirar la pantalla para recitar los precios. Se los sabe de memoria. El día previo al encuentro se negociaban a 26 euros, doce días antes a 21 euros y hace dos años, aunque suene casi a prehistoria, rondaban los cinco euros. La obsesión del ejecutivo no es baladí y es el espejo que refleja hasta qué punto los costes energéticos son esenciales para LafargeHolcim, una de las tres grandes del sector de España junto a Portland Valderrivas (filial del grupo constructor FCC) y Cemex. Todas operan en un mercado altamente competitivo, con la inversión en obra pública atrofiada, los costes energéticos y medioambientales disparados, la rentabilidad presionada al máximo y con una opinión pública y unas administraciones cada vez más opositoras y fiscalizadoras de las industrias contaminantes.

Miranda (San Sebastián, 1959), que visita todas las fábricas de la empresa «entre tres y cuatro veces al año» y que recibe a EMV en la planta de Sagunt, no se achanta ante las críticas y es un firme defensor de las bondades del negocio del cemento, que es un indicador adelantado que sirve para predecir la evolución de la economía y que, como ella, es cíclico, volátil y, en su opinión, en absoluto maduro. «La historia de Europa se ha hecho en hormigón y en el futuro se continuará haciendo en hormigón. Cuando miras las series históricas, desde los años 50, uno de cada dos años el cemento de España o ha crecido más del 10% o ha caído más del 10%. En 2018 se consumieron 13,4 millones de toneladas de cemento en España, un 8% más que en 2017».

Por todo ello, decir que «ya está todo construido o proclamar aquello de que menos hormigón y más conocimiento no es sino una forma de perpetuar clichés», cuando, por ejemplo «en España se construyeron 100.000 viviendas en 2018. No es suficiente. Obviamente, no hay que llegar a las 650.000 casas del boom, pero tampoco a las 34.000 de 2014. Apenas hay oferta de vivienda nueva y no hay que olvidar que la manera más eficaz y sostenible medioambientalmente del ser humano es vivir en ciudades. Acortas el desplazamiento de la gente, el uso de electricidad y de agua potable,etc», indica Miranda en su reflexión para diseccionar el comportamiento de los ingresos de las cementeras.

A las infraestructuras también les queda mucho camino por recorrer, olvidándose de los proyectos megalómanos del pasado y volcándose en áreas más relevantes. «Tenemos un nivel alto de infraestructuras. Pero, ahora bien, somos un país con estrés hídrico. El 20 % del agua potable no llega a destino. ¿Por qué seguimos en el ojo del huracán de la Unión Europea por no dotar a nuestras ciudades de depuradoras para el agua potable que, en vez de tirarla, permitan reciclarla y volverla a utilizar? Ni siquiera están hechas las que en 2008 se prometieron a Bruselas».

Miranda describe así el terreno de juego en el que se mueve LafargeHolcim España, que tiene cinco fábricas de cemento (en Sagunt, Montcada -Barcelona-, Villaluenga de la Sagra -Toledo-, Carboneras -Almería- y Jerez de la Frontera -Cádiz-), 19 plantas de hormigón y una instalación de valorización de residuos. La cifra de negocio de LafargeHolcim, que da empleo a 700 trabajadores, asciende a 255 millones de euros en 2018. Una quinta parte de los ingresos procede de la fábrica de Sagunt. La compañía está integrada en el grupo franco-suizo LafargeHolcim, un gigante que en 2018 logró un beneficio neto de 1.500 millones de francos suizos (unos de 1.320 millones de euros) y unas ventas de 27.466 millones.

Un mercado con veinte empresas

La empresa compite en España con otras nueve grandes cementeras y otras diez más pequeñas que, entre todas, suministran las citadas 13,4 millones de toneladas que se consumieron el año pasado. «Somos veinte actores y todos esperamos lo mismo, que el mercado crezca». Si no lo hace o no con el vigor que se espera, «con una demanda tan pequeña, lo normal es que haya más concentración en el sector», con fusiones o adquisiciones.

En este escenario, ¿cuál es la posición de LafargeHolcim? «Tenemos uno de los tamaños más grandes de España, con cinco fábricas procedentes de la fusión que en su día se produjo entre Lafarge y Holcim. Estamos cómodos y las hemos mantenido adecuadamente, adaptando nuestra herramienta industrial. No producimos ahora lo mismo que hace cinco años. Nuestra posición es confortable y es la que es. Toca a otros mover ficha, yo creo» explica el ejecutivo.

Olvidada entonces la lucha por el tamaño, por crecer y ser más grande que el vecino, la estrategia de Lafarge pasa por buscar nuevas vías de diferenciación que contribuyan a captar negocio, esos ingresos que le dan la respiración. «Nuestro objetivo es volcarnos en lo que hemos llamado productos especiales. De hecho, en esta dirección, intentamos que la mitad de nuestros productos de hormigón sean especiales».

Así, es el turno del cemento inteligente y de alta precisión. Varios ejemplos. « En Tarragona, hemos construido un camino con elementos fluorescentes. No necesitará lámparas y se autoiluminará por la noche», indica Miranda, que también destaca otras dos actuaciones. «Hemos realizado un parking para Ikea en Madrid que permite recoger el agua de la lluvia, que traspasa nuestro hormigón y se puede reciclar. También contamos con un hormigón ultrarrápido que en dos o cuatro horas ya ofrece una resistencia suficiente para poderlo utilizar. Nos llamaron desde el aeropuerto de Barajas porque lo necesitaban para reparar una fisura. Iba a aterrizar un Airbus A380», relata orgulloso.

Esta nueva generación de cemento y hormigón necesariamente tiene que ser menos contaminante. «La sostenibilidad va a ser uno de los temas más importantes por el cambio climático. El cemento tiene que ofrecer soluciones a la sociedad». En su opinión, estos materiales «continúan siendo la solución constructiva de cara al futuro, pero no con la solución del ayer sino con una nueva. Necesitamos un cemento con menos dióxido de carbono (Co2) en su composición porque debemos emitir menos a la atmósfera», afirma Miranda.

La fábrica de LafargeHolcim en Sagunt tiene su sitio en esta estrategia, pese a la elevada competencia que la empresa soporta en un territorio, el de la Comunitat Valenciana, cuyo desarrollismo urbanístico en el pasado permitió la consolidación de empresas suficientemente sólidas que han podido superar la crisis, como Cemex, Lafarge, Cementos la Unión, Cementval o Cementos Elite. «En Sagunt atendemos primero al cliente doméstico con cementos de calidad y de carácter sostenible, como los que son resistentes al sulfuro y se utilizan en zonas marinas y portuarias.

También produce cemento blanco o los hormigones especiales y de alta resistencia que comentábamos antes».

Miranda destaca también la actividad exterior de Sagunt. «La fabrica podría producir mucho más, pero desgraciadamente tuvimos que adecuar nuestro tamaño aquí para adaptarnos a la realidad. Pero el estar cerca del mar, nos ha permitido desarrollar una cierta actividad de exportación que ha ido cambiando con el paso del tiempo. En el pasado vendíamos cemento blanco a Grecia y a París. Ahora suministramos producto para pozos de petróleo. Nos beneficiamos de la estructura del grupo LafargeHolcim. Existen muchos países deficitarios de cemento y cuando surge un hueco nos llaman. Vamos atendiendo esas oportunidades, en función de la producción y de nuestras necesidades».

Electricidad y derechos de Co2

La vocación de ser una empresa más sostenible no viene marcada solo por las exigencias medioambientales de la sociedad, sino también por pura supervivencia empresarial. Las cementeras necesitan reducir sus costes fijos, que se reparten entre la electricidad, la energía y el personal, con un peso dentro del total del 30% para cada uno de ellos. «Los costes son una preocupación para nosotros. España tiene uno de los precios de electricidad mas caros de Europa. Por mucho que Italia o Grecia los tengan mas caros. En Francia y Alemania la sociedad y el gobierno firmaron n pacto institucional por el que la industria dispone de unos costes de luz mas baratos que la media. Si actúas así creas industria, empleo€ Por no hablar de países como Argelia. Mi grupo invirtió allí en una planta con una capacidad de cuatro millones de toneladas, que es casi la misma capacidad que yo tengo en toda España. Con el gas casi gratis, los costes salariales más bajos, con la electricidad tres veces mas baratas que en España. Así cuesta pelearse por traer inversiones aquí», señala el directivo, que lamenta que «en España se haya abandonado la idea de tener una política de Estado de industria».

La inquietud por el precio de la luz solo es comparable a la presión por la energía y la emisión de gases, el C02 que tanto espacio ocupa en el móvil de Miranda. LafargeHolcim puede emitir a la atmósfera de forma gratuita, pero esta condición cambiará a partir de 2021, ya que el objetivo final de la UE es, en distintas fases, recortar hasta un 80% los gases contaminantes. «Esa va a ser la gran polémica de 2020, porque se nos va a pasar a otro escalón, recortándonos los derechos gratuitos. ¿Como combatir este escenario? ¿Pagando por el exceso de emisiones? Miranda dice no. «Tenemos que producir un cemento que tenga menos Co2 en su composición y emitir menos. De hecho, en Sagunt vamos a realizar una inversión en esta línea de menor co2. Seguimos creyendo en ello y pensamos que es lo que va a marcar el futuro próximo de la industria cementera».

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