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Igualdad en el aire

Progresar en un entorno hostil dominado por hombres, muchos de ellos antiguos militares. Nadie dijo que fuera fácil, pero ellas lo han conseguido. Una piloto y una técnico de mantenimiento de aviones de Air Nostrum defienden un oficio que practican desde hace dos décadas

Sayo Bellvís y Ana Paula Hortelano G. Caballero

"No rompas nada". Esto es lo que escuchan Rosario Bellvís y Ana Paula Hortelano, piloto y técnico de mantenimiento de aeronaves, respectivamente, de Air Nostrum, mientras recorren a pie parte de la zona de servicios del aeropuerto de Manises en dirección a uno de los aviones de la compañía. Rosario, a la que todos llaman Sayo, cuenta a EMV, resignada, que estas bromas forman parte de su cotidianidad y que quien las pronuncia carece de malicia. Pero duele saber que jamás se las dirá a ningún piloto varón. Ana Paula está de acuerdo. Son los tics de un pasado que todavía hoy pervive en la aviación, una actividad altamente masculinizada -salvo en el segmento de la tripulación de cabina-, pero donde la presencia de la mujer es cada vez mayor.

Bellvís y Hortelano, las mejores notarias de la transformación del sector, tienen unas trayectorias personales y profesionales casi calcadas. Las dos nacieron en 1979, una en Albacete (Bellvís) y otra en València (Hortelano). Las dos estudiaron en una escuela superpoblada de hombres y fueron las únicas mujeres de su promoción. Las dos entraron en Air Nostrum hace 19 años, en 2001 y en el primer trabajo de su vida, y nunca han salido de ella. Su profesión les llena y sienten que todavía tienen mucho recorrido por delante, aunque ello les obligue a algunos sobreesfuerzo, sacrificios y renuncias para compaginar vida laboral y personal. Las dos lo han querido así, ellas y sus maridos con quienes han formado una familia y tienen tres (Hortelano) y dos (Bellvís) hijos. El mayor de todos tiene 14 años y el pequeño, uno y medio.

Hortelano siempre quiso dedicarse a la aviación. «Desde pequeña nunca tuve otra cosa en la cabeza. Valoré las distintas posibilidades y la mecánica de aviones me pareció un reto. Estudié e hice prácticas en Air Nostrum. Les gusté y me quedé», recuerda esta profesional valenciana que se convirtió así en la primera mujer TMA (técnico de mantenimiento de aeronaves) de la historia de la compañía y que nunca olvidará que los inicios fueron difíciles. «No teníamos hangar como tal para mantener los aviones, sino que era una antigua instalación militar y la mayoría de mis compañeros eran miembros de la antaño base de Manises. Yo me incorporé para realizar las revisiones. Nada estaba preparado para una mujer».

Casi dos décadas después, Hortelano trabaja en el mayor hangar de mantenimiento de la aviación regional en Europa, que presta servicios tanto para Air Nostrum como para terceros. Ella es ahora la encargada de supervisar el mantenimiento de los aviones (localización de averías, reparaciones e inspecciones) y de certificar que se realiza siguiendo unos estándares internacionales exigentes. Con ella están otras cuatro mujeres TMA y 237 varones. «Para mí todos los días suponen un reto. Dejar las máquinas listas para volar y con las garantías de seguridad. Necesitas tener la cabeza muy bien puesta», indica. El desafío no está exento de vértigo ni es para personas que carezcan de templanza. «La presión es grande, sobre todo por los tiempos. En ocasiones tienes varios aviones en línea para su mantenimiento. Necesitas que vuelvan a estar disponibles y siempre cumpliendo los requisitos de seguridad». El escrutinio es máximo por parte de todos y más si al frente está una mujer. «Siempre tienes mucho que demostrar. Es inevitable. La sociedad todavía está montada así. Pero confío en que todo cambie. Que se nos trate por igual. No importa que yo sea hombre o mujer, soy mecánico», dice orgullosa poco antes de interrumpir la conversación para supervisar la reparación de la ventana de la cabina de un avión aparcado en el hangar.

Bellvís aplaude las palabras de Hortelano, quien hace 19 años fue uno de sus apoyos cómplices, uno de los puntales que la sujetaba en un entorno inhóspito para la mujer. Tímida hasta no poder más, le cuesta reconocerse como el referente que ha sido para las que han seguido su estela y se han convertido en pilotos de la compañía. En estos momentos en Air Nostrum el colectivo de pilotos lo componen 378 personas y 23 son mujeres, el 6% del total, cifra que duplica la media de la aviación comercial a nivel mundial. «No fui la primera. Cuatro antes abrieron el camino, aunque es verdad que entre ellas y yo pasaron doce años. Después de mí, ya vinieron muchas más», afirma Sayo, que tiene la aviación en el libro de familia. Miembro de una saga unívoca, de tradición farmacéutica, ella siguió los pasos de su padre, que quiso ser piloto pero no pudo por un defecto de vista y porque el abuelo de la empleada de Air Nostrum, férreo y estricto, no se lo permitió. «Daban por hecho que yo también iba a ser farmacéutica, como lo es mi hermana gemela, pero nunca me gustó. Casi a escondidas me fui con mi padre a estudiar a una escuela en Sabadell y yo sí pude hacer de ello mi profesión», explica orgullosa, mientras pregunta a Hortelano cuándo estará lista la aeronave que la llevará en horas a su próximo destino, Palma de Mallorca.

En el centro de las miradas

Como en el caso de su compañera técnico de aviones, sus principios en la empresa también tuvieron tintes militares y un tanto hostiles para la mujer. «Hoy todo ha cambiado, pero hace dos décadas no era así y alguna rencilla he tenido. Cuando entré, empecé a pilotar una flota, la de los ATR 72, que estaba casi reservada para los coroneles del ejército del aire en la reserva. ¿Cuál cree que era la primera impresión que yo provocaba? ¿Dónde se iban siempre todos los ojos? A la chica. A ver cómo lo hacía. Siempre era el objetivo. A la hora de utilizar el simulador de vuelo o el entrenamiento en la base. En su beneficio diré que gracias a esa presión he aprendido mucho». ¿Y qué siente cuando vuela? «Es como antes cuando ibas conduciendo un coche y acelerabas mucho. Esa es la plenitud, lo que me hace feliz. Lo pienso muchos días mientras trabajo, de madrugada, y a la vez puedo ver la luna. Es una suerte y un privilegio».

La fortuna de Bellvís se canaliza a través de una planificación de vuelo mensual, programada por la empresa con itinerarios para Air Nostrum, para Iberia y para terceros, en Europa. Lo hace a bordo de una flota que integra varios modelos de avión, ATR y CRJ, con capacidad para desplazar un máximo de 100 pasajeros. «Tenemos diez días libres al mes y como máximo pasamos cinco seguidos fuera de casa. Ahí entra en juego la logística. Preparo la comida, la ropa, las extraescolares de los niños, la compra, la casa... Es como tener otro trabajo. Siempre debo ir por delante de lo que va a pasar», indica la piloto, cuya pericia a los mandos de un avión envidian muchos (fruto de los cinco despegues y aterrizajes que hace al día al volar en corta distancia) y que no tiene intención de renunciar a su trabajo, a pesar del lado oscuro, que siempre lo hay.

«Es un oficio muy sacrificado. Hay fechas importantes que te pierdes. Tus hijos crecen y el cien por cien del tiempo no estás. Lo positivo, aun así, siempre es más y compensa», afirma la piloto, que forma parte del equipo de dirección de operaciones de Air Nostrum como adjunta al director. Ella analiza los aspectos técnicos que pueden influir en puntos conflictivos, como retrasos en los vuelos, incumplimientos de la hora de salida o pérdidas de maletas, un aspecto clave en una empresa en la que no existe brecha salarial. Las diferencias pueden venir por condiciones de conciliación a las que haya optado cada trabajador, en especial por lo referido a reducciones de jornada. Los diferentes convenios colectivos de Air Nostrum, que dispone de un plan de igualdad, fijan una retribución para cada categoría profesional independientemente del género.

¿Quién es clave para que tanto Bellvís como Hortelano lleguen a casi todo? Las dos vuelven a calcar sus respuestas y presumen de pareja. «Los turnos de mantenimiento de aviones son matadores. Sin mi marido, profesor de música y, a la vez, experto en igualdad laboral, no podría», dice Hortelano ante una sonriente Bellvís, que explica que su marido es autónomo. «No se dedica a esto. Tengo mucho apoyo logístico con él y con una mujer que ayuda en casa. Hay que sacrificarse y, si en mi caso y en el de Ana no siempre ha sido así, es porque ya lo han hecho ellos», afirma la piloto, que también colabora con Aviación Sin Fronteras (en actividades como el acompañamiento de niños enfermos) y que tiene un grupo de Whatsapp con sus compañeras piloto en la empresa presidida por Carlos Bertomeu. ¿El nombre? «Los Ángeles de Air Nostrum».

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