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La crisis que nos hará más digitales

La crisis que nos hará más digitales

La crisis que nos hará más digitales por JOrdi cuenca

El mundo vive una etapa disruptiva. De pronto, la humanidad prácticamente se ha paralizado. Y nunca lo había hecho. Podría pensarse que, de súbito, la gran mayoría se ha convertido en jubilados. Pero no. Es mucho peor. No solo no se acude al trabajo. Tampoco se sale a la calle, a dar el paseo matinal, a sentarse en un banco con los amigos, a visitar a la familia, a sentarse en una terraza a tomar una cerveza, a ir al gimnasio. La vida transcurre entre las paredes de la casa. Si acaso, en el balcón, cuando no llueve. Y el tiempo se consume, mayormente, en el mundo virtual. Son legión los que están experimentando por primera vez hábitos laborales, de vida o de ocio, a los que se han visto obligados por el confinamiento para luchar contra el coronavirus. El teletrabajo, las plataformas digitales de televisión, el comercio on line, el libro electrónico o la formación a través de internet están empezando a generalizarse entre una población atónita y aburrida. ¿Qué quedará de todo esto cuando pase esta crisis?

Pako Giménez, director corporativo de la valenciana Encamina, una consultora tecnológica especializada en transformar digitalmente a las empresas, no tiene la menor duda de que una de las consecuencias de esta pandemia y la crisis económica que ha provocado es que la sociedad que alumbre estará mucho más digitalizada.

Si hay una actividad que ha alcanzado niveles desconocidos hasta la fecha es el teletrabajo. Según Giménez, «después de esta crisis la forma de verlo va a cambiar y mucha gente va a poder hacerlo». Aunque está por ver en qué medida. El coronavirus ha demostrado que muchos oficios se pueden ejercer desde casa solo con tener un ordenador, un móvil y conexión a internet. Es una buena solución para conciliar la vida laboral y la familiar, pero comporta la gran desventaja de la soledad y la falta de contacto con sus semejantes en un ser vivo, el hombre, eminentemente social. De hecho, el experto recuerda que, antes de esta situación, empresas pioneras en esta forma laboral propiciaron que sus empleados volvieran algunos días al centro de trabajo.

Las nuevas tecnologías, por su parte, están permitiendo nuevas formas de socializar ahora que la gente no puede hacerlo en la realidad de un bar, un restaurante o el portal de acceso a la vivienda. Se trata de combatir la soledad. Giménez pone como ejemplo su propia experiencia: tomarse una cerveza virtual con sus amigos. Cada uno desde su casa abre la botella y comparten la experiencia a distancia gracias a videoconferencias. En relación con esto, añade que «nuestra nueva ventana al mundo son las redes sociales», cuyo consumo «se ha disparado».

No solo eso. China y Corea del Sur han utilizado la tecnología,concretamente el big data, para frenar el coronavirus. Giménez recuerda la descarga de aplicaciones al móvil para conocer cuál era la salud de los ciudadanos y, así, poder aislar a los contagiados: «El ciudadano daba permiso al Gobierno para que lo monitorizara. Les pedían que se tomaran la temperatura y la comunicaran. De tu historial médico, además, se pueden sacar patrones. Con todos los datos, en esos países les daban una especie de pasaporte con un semáforo en tres colores, verde, amarillo y rojo, y la movilidad de la persona cambiaba en función del color». El director de Encamina asegura que Corea del Sur ha demostrado que el método «es eficaz. Sin vacuna, la autovacuna es quedarse en casa, pero si tienes toda la información la cuarentena se puede reducir solo para unas personas y no para todo el país, con lo que el impacto económico es muy diferente». El big data ya era esencial en las grandes corporaciones. Esta crisis ha puesto sobre el tapete algunas otras de sus potencialidades, que crecerán en el futuro porque la información es poder y el big data es, sobre todo, información.

El experto se muestra convencido de que en estos días en que la televisión se convierte en la mejor amiga del enclaustrado -mucho más de lo que era antes, que ya es decir- numerosa gente va a descubrir las plataformas digitales como forma de ocio. De hecho, afirma que ya se han elevado las suscripciones a Netflix, una de las más populares. «Hasta ahora no las conocían y van a cambiar sus hábitos. Es factible que, tras la crisis del coronavirus, muchos clientes de cine se van a pasar a la competencia porque se están enganchando a ver series», asegura Giménez, quien añade que «los vendedores de plataformas digitales las están regalando con promociones para fidelizar a los nuevos clientes». «El señor que antes salía el domingo a comer y luego remataba la jornada en un centro comercial ahora tiene que buscar alternativas y una de ellas es las plataformas», concluye al respecto.

Otro tanto puede suceder con el ebook, al que hasta ahora no se ha querido acercar una buena parte de los viejos lobos de libros, los que no quieren desprenderse del olor del papel. Sin embargo, con las librerías cerradas y los quioscos de prensa con una oferta escasa, el libro electrónico es la gran opción, junto a las relecturas, para los lectores más o menos avezados. Quizás se acostumbren a ese formato.

El pequeño comercio, mayoritariamente cerrado por el confinamiento, vive con el riesgo de que muchos consumidores todavía anclados a las formas tradicionales de compra se acostumbren a otros formatos. Por ejemplo, que descubran las comodidades de una plataforma como Amazon frente al peregrinaje por las calles para adquirir un producto. Como en otros casos relatados, se trata de tendencias que ya habían penetrado en la sociedad, si bien no con la relevancia que el director de Encamina cree que pueden tener cuando pase esta crisis. Las potencialidades de la red se están exhibiendo de forma generalizada. Como muestra, un botón. La industria textil, hasta que ha empezado a producir material sanitario para el Gobierno, tenía en las ventas a través de internet uno de los escasos nichos de negocio en la primera etapa del cierre por el estado de alarma.

El mundo digital, por otro lado, está convirtiéndose en un sustituto del mundo real, ahora que este prácticamente no puede ser transitado. Cuenta Giménez que «mucha gente se está poniendo las pilas para dar servicios a distancia, una opción que la gran mayoría de las pymes ignoraba». Los cursos formativos realizados a través de internet son un ejemplo. Otro: «Mi gimnasio da clases por Instagram. Te envía ejercicios para realizar en casa sin necesidad de mancuernas o bicicleta estática», detalla, antes de añadir que el día de la conversación, la semana pasada, casi 140 personas se habían apuntado a la clase.

Para la banca, la crisis del coronavirus está teniendo el efecto de inculcar a marchas forzadas a su clientela las bondades del mundo digital, que las entidades financieras llevan tiempo potenciando para liberar el trabajo de oficina y dedicar más personal a las labores comerciales. El confinamiento de la población va a propiciar que mucha gente no habituada a hacer sus consultas por la vía on line adopten ese hábito. Lo mismo sucede con las tarjetas. Los bancos ya venían suprimiendo comisiones a aquellos clientes que efectuaran un mínimo mensual de pagos por ese medio, dado que los ingresos muchas veces los obtienen a través de los comerciantes. En estos tiempos en que las autoridades recomiendan evitar el pago en metálico en supermercados, farmacias o estancos van a crecer los ciudadanos que se habitúen a abonar sus compras con la tarjeta.

¿Nos lanzaremos en masa a bares, restaurantes y comercios cuando pase esta cuarentena? ¿Volverán los viejos hábitos? El director de Encamina responde que «algunos, sí, pero hay mucha gente que ha descubierto otro mundo».

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