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Economía de guerra

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Levante-EMV Economía de guerra

Se le llama economía de guerra. En un sentido clásico, es el movimiento que se produce en un Estado cuando se afronta un periodo bélico y se reconduce toda su capacidad productiva a la fabricación en masa de artículos esenciales. La primera diferencia es que la munición para estas trincheras no son balas sino mascarillas; la segunda, que en esta guerra mundial que ha traído 2020, el enemigo es un virus invisible, y que al otro lado está toda la humanidad. Eso es bueno, pero el caos en la retaguardia es prácticamente el mismo.

En las últimas semanas, en paralelo al avance del Covid 19, se está produciendo una batalla entre estados por aprovisionarse de material sanitario, de productos médicos críticos como los respiradores. Hay carencia, especulación y hasta el riesgo de sufrir una estafa por la urgencia de los pedidos. Los grandes proveedores, la puerta a la que todos llaman, se han saturado. Los contactos comerciales son vitales. Y si algo ha quedado claro en medio de toda esta lucha por la supervivencia es que la mayoría de proveedores están demasiado lejos, fuera de nuestras fronteras. Los estados han intervenido la producción. Primero fue China, donde comenzó la pesadilla. Hoy produce en masa y abastece a todo el planeta. Se postula como salvadora del mundo al tiempo que hace negocio, pero al inicio de la crisis cerró su mercado de exportación, haciendo acopio de material sanitario con su vastísima producción. España recurre por diferentes vías a aquel mercado, pero cuando ha comenzado a sentir el mazazo del Covid19, se encontró cerrada la puerta de la distribución francesa y alemana: esos gobiernos decidieron requisar el material ante la que se avecinaba. Italia, la primera en caer en Europa, ha sido la que más ha sufrido el desabastecimiento, quedó sola y abandonada, dependiendo de la solidaridad china y a merced de una operación del estado de Xi Jinping a medio camino entre la cooperación y la propaganda. Desabastecimiento y el fantasma de la desunión europea sobrevolando de nuevo el viejo mundo.

Dentro de este sálvase quien pueda entre estados (también lo está habiendo a nivel autonómico, con comunidades como la valenciana creando sus propias pasarelas comerciales al margen de la Moncloa), esta semana, la ministra de Industria, Reyes Maroto, ha tocado a rebato. Geles, respiradores, mascarillas, batas médicas, material fungible? El Gobierno trabaja en la creación de unas reservas nacionales estratégicas de material sanitario básico y el complejo industrial español ha iniciado una carrera para lograr ese autoabastecimiento. En el caso valenciano, no ha hecho falta esta apelación a la industria. Desde hace días, la C. Valenciana asiste a un procesión de empresas y sectores poniendo su capacidad productiva, en muchos casos parada, al servicio de la causa.

"Hay una gran voluntad por ayudar pero nos preocupa tanto las condiciones de manipulación como la homologación de los productos. Por eso lo estamos canalizando todo a través de la Conselleria de Economía y los institutos tecnológicos. Valoramos la voluntad pero quiero lanzar el mensaje de que hay que ser escrupuloso", explica Salvador Navarro, presidente de la patronal autonómica CEV, que estos días trata de encauzar la avalancha de ofrecimientos de ayuda.

La batalla de las mascarillas

Son las tres mujeres al frente de Industria en la administración autonómica (Julia Company, del Ivace; la secretaria autonómica, Rebeca Torró, y la directora general, Empar Martínez) quienes están coordinando estas tareas, tratando de poner orden y concierto a la energía que emana de una maquinaria con ganas de ponerse a funcionar.

"Tengo cinco minutos", responde Càndid Penalba, empresario valenciano del textil y presidente de la patronal sectorial española. Son las 11 y media de la mañana del jueves y en su empresa Cotoblau están reprogramando varias máquinas para crear un nuevo producto: mascarillas homologadas. Es un trabajo conjunto, que parte de la coordinación de Ivace, de la Conselleria de Economía y del instituto tecnológico Aitex, que han certificado una mascarilla para uso sanitario. Tras días de estudio, el centro de I+D del sector textil, con base en Alcoi, ha dado el visto bueno a un producto, formado por cinco capas, que puede servir en la lucha contra el Covid-19, explica Penalba.

Las mascarillas, por simples que parezcan, necesitan muchas especificaciones, y con más de medio millar de sanitarios infectados, son hoy por hoy un artículo vital: la primera barrera contra la enfermedad. La C. Valenciana, al igual que el Estado, lucha por ser lo más autosuficiente posible. Cinco empresas valencianas del sector (Marie Claire, Rapife, Euromoda, Cotoblau y Funcotex) han recibido el encargo de la Generalitat para fabricar desde ya "seis millones de mascarillas". Son empresas en su mayoría concentradas en la Vall d'Albaida, Comtat y l'Alcoià. El parón de la actividad, que comenzó en China, donde se inicia la cadena de suministro, ha sacudido con fuerza al textil. Ahora han encontrado una actividad alternativa. Cotoblau, por ejemplo, especializada en fundas de colchón para Ikea, ha parado buena parte de sus trabajos. Pero en los últimos días también está produciendo en serie otro de sus artículos: fundas para colchón sanitario, esos plastificados de color azul. "Se han disparado los pedidos", apunta. Se lo piden sus clientes, fabricantes de colchones que están enviando producto al hospital improvisado de Ifema (Madrid) y a otros hospitales de campaña por territorio español. Entre las empresas del textil que se han puesto a fabricar para la Generalitat (miles de batas y mascarillas al día) destaca el caso de Marie Claire, la popular firma de medias, con una gran implantación y relevancia laboral en su municipio (Vilafranca, interior de Castelló), y a la que esta crisis ha cogido en plena remontada hacia la recuperación que protagoniza con el apoyo del IVF.

"Sí que es cierto que estamos en una economía bélica. Muchos se están poniendo a disposición para ayudar a los sanitarios y enfermos a pasar esta tragedia", dice Penalba. Su sector, sin ir más lejos, presenta ejemplos de todo tipo, como el de Lurbel, una firma de Ontinyent especializada en calcetines y otros artículos de material deportivo. Esta empresa familiar está reorientando algunos de sus desarrollos innovadores (su tejido patentado Regenactiv) para hacer artículos como guantes y mascarillas, de uso no sanitario pero sí complementario para los profesionales, protegiendo la piel durante las largas jornadas de trabajo con los equipos médicos encima.

Hay mucha buena voluntad, pero Penalba pide mirar al día después del Covid. "Vendrá el tiempo de meditar para que esto no vuelva a pasar. Si no tenemos un mínimo de industria textil estratégica sanitaria, de cuerpos de seguridad, nos puede pasar eso, depender de países externos? Está habiendo timos, gente aprovechada? Se envía mucho dinero a China, que es lo que toca ahora, pero si se hubiera quedado aquí nos hubieran venido bien", apunta.

El empresario pone el ejemplo, extremo pero ilustrativo, de Israel. Ese país, que existe en un contexto de amenaza continua, tiene una hilatura grande pero poquísima confección debido a una mano de obra cara. En cambio, sí conserva un sector textil estratégico para producto militar o sanitario: "Y el Estado subvenciona para que se mantenga esta actividad. Nos interesa una industria estratégica. También tenemos dependencia exterior en batas, equipos de protección? Todo esto estaba en China, Turquía, Polonia? los suministradores lo importaban todo".

Es un tema delicado, como se está viendo en esta crisis mundial. La Generalitat ha aprovechado la oportunidad que ha brindado un empresario chino afincado en València, Chen Wu Keping, dueño del centro comercial El Teler de Ontinyent, para crear su propia pasarela comercial con proveedores sanitarios del gigante asiático. Es una oportunidad, sí, pero comprar en un contexto como este tiene sus riesgos: incerteza en los plazos; precios disparatados, o incluso topar con fabricantes sin licencia que te colocan test con resultados no concluyentes, como le ha pasado a un importador español, para sonrojo del Gobierno. En este contexto de urgencias, la solvencia de los contactos es prioritaria: "Estamos tratando de ayudar a conseguir proveedores de EPIS (equipos de protección individual para sanitarios) y test del Covid-19 poniendo en contacto a fabricantes chinos con hospitales privados y la Conselleria de Sanidad gracias a las relaciones que mantenemos desde hace años con China de una forma permanente", explica José Vicente Morata, presidente de la Cámara de Comercio de València.

"Nos estamos dando cuenta ahora de que donde tenemos que tener la industria es aquí", coincide Salvador Navarro. "Al inicio de la crisis, cuando China cerró y empezamos a sufrir cierta falta de suministro, ya dije que tenemos que replantearlo. La cuestión sanitaria es estratégica, pero la reflexión no es solo para sanidad. Hay que buscar cadenas de suministro más cercanas. En textil y juguete muchos han vuelto a fabricar aquí [tras la deslocalización de hace dos décadas]. Tenemos que salir reforzados de esta crisis, con un papel más potente del sector industrial», añade el presidente de la CEV, que insiste, en todo caso, en la gran lección de esta crisis: "Tenemos que estar orgullosos de nuestras empresas".

Del automóvil a los hoteles: todos los sectores en la trinchera

La fiebre por ponerse a la faena, en realidad, ha ido mucho más allá del textil. Al margen de las incontables donaciones de producto en stock, no hay sector que no esté aportando su idea, su grano de arena, levantando la mano para sumar al esfuerzo de todos. Una de las imágenes de la crisis la está dejando la gente del campo, con las organizaciones agrarias AVA, la Unió o la Federació de Cooperatives Agro-alimentàries organizando a una legión de agricultores y cooperativas para, pueblo a pueblo, aportar su experiencia, sus tractores y sus mochilas de pulverización para la desinfección de calles o espacios públicos. También ha sido ejemplar la reacción del sector hotelero, donde el impacto de la crisis ha sido demoledor y ofrece mucha incertidumbre por el comportamiento futuro del consumidor. Ocho hoteles de Castelló, Alicante, Cullera o València han sido designados de servicio esencial. Patronales como Hosbec y cadenas como Casual, por citar solo dos ejemplos, se han puesto a disposición de la Generalitat, que los va a utilizar para derivar pacientes leves y para dar descanso al personal sanitario, evitando que los profesionales tengan que acudir a casa con sus familiares, un estrés añadido por la posibilidad de contagio. Incluso los hoteleros de la C. Valenciana, a través de su patronal Hosbec, ya han anunciado campañas de descuento para sanitarios y profesionales de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado cuando pase la crisis. El turismo nacional, de hecho, se presume fundamental para la recuperación del sector tras la pandemia.

Las empresas químicas también han formado su columna. "Nuestro sector se ha volcado en ayudar al Estado y a la Generalitat a proveer de soluciones hidroalcohólicas, geles desinfectantes y desinfectantes de superficies para prevenir la propagación, con empresas como SPB, Cleanity o Quimi Romar", apunta Jesús Carretero, director de la patronal Quimacova. "Hay muchas más que fabrican este tipo de soluciones y otras que se han puesto a disposición para reconvertir sus actividades a fabricar estos productos que hacen tanta falta. Incluso tenemos empresas que hemos puesto en contacto con el Centro Nacional de Biotecnología (CNB) para proponer soluciones e ideas para combatir la propagación de este virus debido a sustancias o productos con propiedades antivíricas, algunas de ellas están en fase de prueba incluso", añade.

La carrera por conseguir respiradores

Destaca también el sector auxiliar del automóvil, agrupado en la patronal AVIA. Seis empresas (DID Automation, Mipesa, Tetra Proyectos, Somtech, CLR y SRG Global) han contactado con las autoridades para ofrecer su capacidad y departamentos de diseño para la fabricación de materiales médicos tan críticos como los respiradores para cuidados intensivos, un artículo esencial teniendo en cuenta el número desproporcionado de pacientes que está necesitando asistencia respiratoria. Desde la firma Mipesa, empresa de mecanizados y con una larga trayectoria en la fabricación de productos para el sector sanitario, señalaban esta semana: "Ya se ha puesto en contacto con nosotros una empresa que nos ha solicitado 4.000 conjuntos de componentes para respiradores. Pero nuestra capacidad es mucho mayor porque estaríamos dispuestos a poner todas nuestras líneas y capacidad a disposición de la fabricación de dispositivos médicos de primera necesidad". Podrían fabricar tanto en metal o plástico, el respirador completo o alguna de sus piezas. "Lo único que necesitamos es que nos manden los planos, ya que nosotros somos una empresa de subcontratación y no tenemos departamento de diseño", añadían.

Y es que al igual que con las mascarillas, con los respiradores surge el problema de la homologación. Hay poquísimas empresas en España especializadas en esto. La ministra Maroto, en su comparecencia de esta semana, nombró dos. Una de ellas, precisamente, es valenciana, Temel , con la que ya ha contactado Industria en busca de un aumento de producción. Esta pyme de la ciudad de València, de apenas 15 trabajadores, lleva desde 1975 dedicada a la ventilación artificial, tanto en línea de anestesia como en cuidados críticos. Según cuentan desde la compañía, básicamente funcionan como un departamento de I+D que diseña, patenta y subcontrata a talleres externos (producción nacional) la fabricación de piezas que luego ensamblan y comercializan bajo demanda. "Dentro de España somos los únicos que fabricamos, los grandes distribuidores son americanos, chinos, alemanes...", añaden. De nuevo la dependencia de otros mercados, algo dramático en tiempos de crisis.

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