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Los mejores cronistas de la crisis

Los mejores cronistas de la crisis

Los mejores cronistas de la crisis

Este es el último EMV, El Mercantil Valenciano, de la temporada y uno de los más especiales para mí. Con el de hoy, son 48 los números publicados, 19 de ellos en pandemia. Domingo a domingo desde el 1 de septiembre, ha estado ahí, sin faltar ni un día, en medio de la emergencia sanitaria y económica más pronunciada que se recuerda en tiempos de paz. El dominical más fiel. Hoy, en la interrupción veraniega habitual hasta el 6 de septiembre, exhibo orgullo local y sitúo en el centro del discurso a EMV, uno de los mejores productos periodísticos de estos tiempos, y a todo el grupo de personas que está detrás y que he tenido el honor de pilotar durante casi ya tres años.

Ser los cronistas de la crisis ha sido posible por el apoyo de la mejor directora del mundo, Lydia del Canto -suya fue la decisión de mantener los suplementos en épocas de reducción de papel- y por el trabajo de Jordi Cuenca, José Luis García, Ramón Ferrando y José Luis Zaragozá. Los cuatro han modelado el mejor equipo de información económica de la Comunitat Valenciana y han demostrado una calidad periodística sin igual. Lo dice su jefa, exigente y de gustos sibaritas.

Quién si no ellos hubiera escrito un EMV morado el 8 de marzo, con 20 paginas, todas ellas protagonizadas solo por mujeres. Al asalto de la industria, entre otros ámbitos. O quién hubiera dado su portada a treintañeros para celebrar que EMV cumplía sus tres primeras décadas. Suyas son también las entrevistas a Victoria Fernández (matriarca de la familia Juan y fundadora de Dulcesol), Salvador Navarro, Pablo Serratosa, Enrique Silla, Francisco Romeu, José Vicente González o Francesc Colomer, entre otras muchas. De sus plumas han surgido perfiles que han sacado de la invisibilidad a un nutrido grupo de valencianos, como el que intenta reflotar Codorníu, el que pilota Bimbo, el rey de la trufa negra, el que da agua al rey de Marruecos, el guardián ferroviario o el que lleva la energía a Portugal. Ya en tiempos de pandemia, de su sensibilidad han nacido los dramas del momento: la traca final de la pólvora, la navidad de luto para el cava, el virus amarga el verano a la chufa y la vida en ERTE. Pero como toda moneda tiene dos caras, también han relatado las oportunidades de la covid-19, con historias como el oxígeno valenciano para las UCI, el escudo invisible contra el virus, la hora de los gestores de crisis, el exterminador de la covid o el puerto a pleno pulmón.

También llevan sus nombres y apellidos análisis y reportajes de grandes tendencias de las que se habla hoy y de las que se hablará mañana: sobrevivir en el zoco chino; volver a fabricar en casa; agricultores a tiempo parcial; comercio tradicional, quién da el relevo; las cuentas de los que mandan; concentración aérea, no hay sitio para todos; al aceite de oliva le duelen los precios; el centro comercial, un modelo en reinvención y valencianos en Cataluña, una historia de éxito. Sin olvidar las mejores radiografías del sector inmobiliario y de innovación.

Los cuatro dejan el listón muy alto para septiembre. Pero les conozco y sé que volverán a superarse. Los mejores cronistas de la crisis.

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