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Una campaña agraria sinpremio

Los aplausos al trabajo del sector agrario por la covid-19 no se han traducido en mejores precios para los agricultores y ganaderos. Así lo constata el ‘balance agrario’ realizado por la unió de llauradors. La organización reclama ahora «más que nunca» modelos que pongan en valor los productos de proximidad y pide aprovechar los fondos de la UE para planes de reconversión de cultivos

director general de Gourmet | LEVANTE-EMV

Un año de aplausos para los agricultores, aunque sin premios para sus protagonistas. Así resume el secretario general de la Unió de Llauradors, Carles Peris, el balance agrario de 2020 porque sostiene que el trabajo desarrollado por los agricultores y ganaderos valencianos durante la covid-19 no se ha traducido en la mejora de precios. Salvo los productores de cítricos, los de cereales y los de granadas, el resto de cultivos se han hundido con esta crisis. «La mayor parte de los agricultores no han conseguido mejores cotizaciones a pesar de la mayor demanda de los mercados y el aumento del consumo. Todas son cifras en negativo y en algunos casos se arrastran durante muchas campañas. Si alguien se beneficia de esto puedo asegurar que no somos nosotros», explica Peris.

En líneas generales, se puede considerar como un año citrícola mejor que los anteriores porque los ingresos brutos recibidos por el productor han sido superiores. Sea como fuere, la opinión más generalizada entre los productores hace referencia a los grandes altibajos que ha tenido la campaña 2019-20, marcada por dos hechos: la reducción de producción que en algunas variedades ha sido de más del 50% y la crisis del covid-19, a partir de marzo, que marcó de manera importante la última parte de la cosecha. La temporada 2019-20 se ha caracterizado por una disminución considerable de la producción respecto a la anterior: un 27% menos. En Alicante ha sido del 20%, en Castelló del 34% y en Valencia, del 26% . Mientras tanto, la media de precio oficial fue un 82% superior al de la desastrosa campaña 2018-19 y los ingresos brutos para los productores se situaron en 841,2 millones de euros (160 millones en Alicante; 171,3 millones en Castelló y 510,7 millones en Valencia), frente a los 701,55 millones de la campaña 2018-19, lo que supone un incremento del 20%. «No obstante, la realidad no fue tan buena para el productor, ya que el importante incremento de precios de las variedades más tardías no repercutieron directamente en el productor que había vendido la producción en el primer trimestre de 2020, cuando aún los precios no habían recogido las consecuencias del aumento de producción», advierte Peris.

El informe del balance agrario de la Unió destaca la caída de ingresos en cultivos como el caqui, fruta de verano, cereza, hortalizas, frutos secos o uva. También los precios del aceite han sido en origen un 19 % más bajos que la pasada temporada y un 50 % respecto a los de 2018. Además, existe gran preocupación entre los productores valencianos que reciben ayudas de la PAC porque son muy inferiores a las de otras autonomías. Mientras un andaluz puede cobrar entre 740 y 3.000 euros por hanegada los valencianos reciben alrededor de 180 euros.

Respecto al cultivo tan extendido en la Ribera, los ingresos brutos de los productores de caqui serán un 22% inferiores a la pasada campaña, unos 20 millones de euros menos. Pero los mayores precios no han compensado la caída productiva. Mientras, en fruta de verano, los valores son un 15% más altos para los productores, pero con una reducción de cosecha inferior. Por tanto, los ingresos brutos son más bajos. Además, en los últimos nueve años se ha destruido en nuestro territorio una superficie cultivada de frutales de verano equivalente a casi 10.000 campos de fútbol. Los productores de cereza han dejado de ingresar por las condiciones climatológicas adversas más de 8 millones de euros. Sin duda, no ha sido un buen año para ellos. También las ventas de hortalizas se han reducido a la mitad y los precios, dependiendo del producto, han bajado de media un 80%, lo que ha afectado de lleno a los cultivos de patata, cebolla y sandía, entre otros.

En uva de vino, ha sido muy mala para los productores, con precios inferiores de media un 30% sobre el anterior. El cierre del canal ‘Horeca’ (hoteles, restaurantes y cafeterías) y la falta de turismo ha afectado de lleno a este sector. Los de almendra han visto que sus cotizaciones caen un 23% sobre la pasada campaña y un 50% respecto a los de 2015.

Mejores cotizaciones

Hay algunos cultivos que sí mejoran cotizaciones. Es el caso de los productores de algarrobas. También han subido las de arroz y la xufa, aunque son sectores muy castigados por las importaciones masivas de estos cultivos. Además, «no ayuda a la recuperación de la rentabilidad del sector agrario valenciano la firma de acuerdos comerciales de la UE con terceros países que continúan perjudicando el sector valenciano», lamenta Peris. En su opinión, «sin estudios sobre sus efectos, y sin reciprocidad en materia social y de fitosanitarios, nos resulta cada vez más difícil competir en un mercado tan globalizado con los acuerdos que firma la UE con terceros países».

El máximo dirigente de la Unió lanza una propuesta para que de los fondos europeos para la recuperación dediquen una parte a proyectos de reestructuración y reconversión de los sectores agrícolas y ganaderos valencianos. La organización propone una reconversión varietal para hacer una citricultura más sostenible, de forma que el cultivo sea más compatible con la apicultura (por su importancia en la biodiversidad) y, por tanto, habría que ir a una reestructuración con variedades irradiadas y que no provoquen la aparición de semilla . En ese sentido, sería una fruta más apreciada en los mercados.

Propuesta de reformas

También propone establecer una ayuda para el arranque de superficie de ciruelos para adecuar la oferta a la demanda, un cultivo que puede desaparecer del campo valenciano si no se toman medidas urgentes. Por otro lado, aboga por una línea de ayuda específica para las personas profesionales para la reconversión y reestructuración del sector de frutos secos en zonas de secano, con el objetivo de implantar variedades adaptadas, de mayor rendimiento y poder ser más competitivos con el cultivo en regadío. Y en cuarto lugar, un aumento de la línea de ayudas a la mejora de la competitividad ganadera porque se ha visto que muchos profesionales se quedan fuera del acceso a las mismas por falta de presupuesto.

La globalización y esta pandemia tienen que servir, a juicio de la Unió, para fomentar modelos agroalimentarios que pongan en valor que los productos tengan la mayor proximidad posible. «Los consumidores tienen que concienciarse a la hora de la compra que cuanto más cerca sea lo que adquieren más ayudan a la riqueza de nuestros productores, al mantenimiento del territorio en el cual viven e incluso a mitigar el cambio climático», concluye Peris.

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