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Inlet Seafish: Un mar de congelados

Con una facturación de 58 millones de euros en 2019, la valenciana inLET seafish está especializada en la comercialización de productos del mar congelados que importa de países tan lejanos como india, vietnam, china o islandia

Rafael Campuzano, en las instalaciones de Inlet en Sagunt. | EMV

Más allá de las lonjas, a donde llega el pescado recién cogido en su mayoría en zonas próximas al litoral, hay todo un mundo de productos del mar que arriban a nuestras mesas desde océanos lejanos, mares profundos y aguas bravas. Y solo lo pueden hacer, dadas las distancias, congelados. Una cadena de frío que va desde su captura a la cocina de los hogares. Hay una complicada logística detrás de ese proceso. La valenciana Inlet Seafish es una de las compañías españolas más pujantes en este sector. Con una facturación de 58 millones de euros en 2019 y un crecimiento del 5 % respecto al anterior, la firma figura entre las 20 mayores compañías nacionales que se dedican a esta actividad. Aún está lejos del liderazgo. Como explica a este diario uno de los fundadores de la mercantil, el valenciano Rafael Campuzano, la primera firma del sector factura en torno a los 500 millones de euros.

Hay recorrido por delante, obviamente, pero la empresa se propone recortarlo lo antes posible y para ello prevé haber terminado las obras de ampliación en sus instalaciones de Parc Sagunt para más que duplicar su capacidad de almacenaje hasta los 60.000 metros cúbicos de los 25.000 actuales, con una gran nave para congelados adyacente. Las alianzas recientes también son más que un acicate.

Inlet fue fundada en 1993 por Campuzano y su socio Eino Brand, holandés. Cada uno de ellos procedía de una empresa del sector de los congelados de los Paises Bajos. y iniciaron su camino como empresarios bajo el impulso de dos proveedores: una estadounidense especializada en salmón salvaje de Alaska y otra neerlandesa centrada en pescados planos. El crecimiento de la compañía ha ido parejo a los acuerdos suscritos con firmas de diferentes partes del mundo para garantizarse la materia prima. El primero de ellos fue con una compañía de Namibia, a través de una empresa mixta que Inlet ya abandonó. Luego siguió la apertura de delegaciones en ciudades de China, Vitnam,India o Islandia cuyo objetivo, como explica Campuzano, es «facilitar el acceso a la materia prima, negociar con los proveedores y responsabilizarse de las inspecciones para que el producto sea de calidad». En estos momentos, además de los 35 trabajadores que tiene en España, Inlet cuenta con empleados en Portugal (2), Italia(3), Islandia (1), China (1), Vietnam (7) e India (1).

Los productos que la compañía consigue «en casi todos los caladeros del mundo» van destinados al mecado español -los autóctonos son los segungos mayores consumidores de pescados tras los japoneses-, aunque también a Italia y Portugal, donde la compañía tiene sucursales.

En la primavera de 2019, el grupo japonés Maruha Nichiro, el mayor del mundo en pescados, tomó un tercio del capital de la valenciana. Según Campuzano, «no queríamos fondos de inversión, sino un socio estratégico que nos dé acceso a más caladeros para seguir creciendo en los próximos años», tanto en tipo de pescado como en volumen.

Toneladas

Inlet Seafish vende una media de 12.000 toneladas al año. Cuatro son sus productos estrella: la gamba pelada, la merluza, el salmón y el bogavante canadiense, aunque su catálogo es casi infinito. La primera viene fundamentalmente de China, el mayor procesador del mundo de cualquier producto, como asegura Campuzano, quien añade que es en el gigante asiático donde se pelan y se envasan las gambas para trasladarlas congeladas a España. El empresario asegura que «traemos contenedores llenos y a veces varios». La clientela de Inlet es el distribuidor mayorista que suministra a bares y restaurantes y también grandes cadenas de distribución como Consum.

La compañía no ha sido ajena a los efectos de la crisis del coronavirus, hasta el punto de que prevé un descenso de la facturación del 10 %. Aunque no vende directamente al público, los cierres y restricciones en el canal horeca han provocado una caída que no se ha visto compensada por el incremento de las ventas -un 60 %- en los supermercados. Inlet también ha sufrido por los problemas financieros de sus clientes y en su momento estableció un mayor período de pago de la deuda de estos con la compañía.

A la espera de que la covid sea un mal recuerdo, la compañía no deja de mirar hacia el futuro. En primer lugar la nueva planta de congelación, donde la rotación de la mercancía es de 60 días, y, después, fruto del acuerdo con Maruha, la compañía va a introducir en su catálogo el sushi y el sashimi. Para ello, creará en València un equipo comercial especializado en ese producto.

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