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La citricultura busca su futuro

La conselleria de Agricultura pone en marcha un plan de reconversión del sector naranjero para apostar, entre otras medidas, por variedades de segunda temporada, sobre todo mandarinas, para alargar la campaña y lograr una mayor rentabilidad para los productores

Un collidor de cítricos en un campo de Castelló. | EMV

Un collidor de cítricos en un campo de Castelló. | EMV

Anclada entre viejos modelos de explotación y tímidos intentos de modernización, la citricultura valenciana busca de nuevo su futuro ante la competencia que arrecia del exterior, aunque también de otros territorios más cercanos como Andalucía. Ese es el intento de la mesa de trabajo que acaba de poner en marcha la Conselleria de Agricultura con todos los representantes del sector. La administración autonómica plantea la necesidad de desarrollar un mapa varietal adaptado a las exigencias del mercado, que sirva para incorporar y potenciar aquellas variedades que sean más rentables. El diseño de esta estrategia y el informe de rendimiento, según la conselleria gobernada por Mireia Mollà, pretende convertirse en una herramienta que ayude al sector en la toma de decisiones.

La mesa de reconversión citrícola, además de organizaciones agrarias, industria, comercios privados y cooperativas, cuenta con la participación de empresas viveristas y del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA), que colaborarán en el análisis y expondrán su conocimiento en materia de patrones y variedades de cítricos. Entre esas nuevas variedades identificadas figuran las mandarinas de segunda temporada, que, además de ser más rentables, permitirían alargar la campaña durante la primavera.

El estudio tendrá en cuenta otros criterios que ayuden a resolver conflictos relacionados con la elección varietal, como el de la polinización cruzada. En los años 80 y 90 se plantaron a lo largo del territorio de la Comunitat Valenciana variedades híbridas de mandarino que provocaron la presencia de semillas en frutos que hasta el momento no los producían. La consecuencia fue una notable pérdida de la calidad final y, por tanto, de precios a la baja.

Por ello, y con objeto de evitar la presencia de semillas en frutos cítricos, se estableció la obligación de sacar las colmenas de los apicultores de las zonas naranjeras. Pero en 2020 el sector apícola, con demandas ante los tribunales de lo contencioso-administrativo y un proyecto de ley paralizada, exige a la conselleria eliminar la prohibición de instalar colmenas en áreas naranjeras en épocas de floración. Otro problema más para la citricultura actual.

Informe de rendimiento

«El diseño de un nuevo mapa y el citado informe de rendimiento que pone en marcha la conselleria con los representantes del sector pretende convertirse en una herramienta que ayude al mundo citrícola valenciano en la toma de decisiones», explica en secretario autonómico de Agricultura, Roger Llanes.

¿Qué variedades citrícolas tienen futuro? Una gran mayoría coincide en que hay al menos dos clases de agrios quecarecen de suficiente rentabilidad por su excesiva oferta y solapamiento con los envíos que llegan al mercado europeo procedentes del hemisferio sur (Sudáfrica o Argentina).

Se trata de las navelinas (cada temporada se producen 662.000 toneladas) y clemenules (600.000 tn). Sus cotizaciones en árbol (se sitúan entre 0,25 y 0,30 euros por kilo) siguen estancadas o son inferiores año tras año. «Vemos que desde hace tiempo se producen desequilibrios por la elevada oferta y precios a la baja durante los primeros meses de nuestra campaña citrícola debido a las importaciones que canaliza la Unión Europea de competidores del hemisferio sur, sobre todo Sudáfrica. Aprovechan los huecos en el mercado -destaca Llanes- y llegan con sus mandarinas en situación óptima y nosotros no tenemos la mejor cosecha. Por tanto, debemos tender a alargar la temporada en su fase final con variedades tardías como las ‘València’ o bien mandarinas protegidas», puntualiza el dirigente de la conselleria.

En su opinión, la Unión Europea también debe asegurar un control efectivo en las fronteras que impida que entren plagas tal como ya lo ha hecho con algunas que han llegado de Sudáfrica y otros países. «Y debemos afrontar los retos que nos vienen desde Bruselas como es la reducción de materias activas por su carácter más o menos agresivo respecto al medio ambiente, sustituyéndolas por otras biológicas», dice. En otro orden de cosas, aboga por el aprovechamiento de los Fondos de Recuperación europeos que se van a dar por la covid-19 para beneficiar al sector.

Estructura minifundista

Mientras tanto, la mesa de estructuras agrarias se ha fijado como prioridades el establecimiento de un calendario de trabajo y la búsqueda de fórmulas que desarrollen unidades de cultivo. El sector, junto con la conselleria, coordinará el desarrollo de grupos de proyectos para compartir gastos, ahorrar costes, modernizar las explotaciones y, en consecuencia, mejorar la rentabilidad. El reparto de la tierra en muchas manos es una particularidad de la agricultura valenciana. Es la tercera en el ámbito estatal en número de explotaciones a pesar de representar menos de un 3 % de la superficie agrícola de España y requiere, según la conselleria, abordar fórmulas de gestión en común para incrementar la renta agraria.

Llanes recuerda que el abandono de tierras se acentúa. Sin ayudas ya para destinar parte de la cosecha de cítricos a la industria de zumos, tal como ocurría hasta 2008, la superficie destinada a los cítricos ha pasado de 191.437 hectáreas en el año 2000, que coincidió con el auge de las plantaciones de mandarinas, a poco más de 159.000 ha. en el año 2019. «Las necesidades de modernización de la citricultura valenciana, dada su estructura minifundista, son superiores a las de Andalucía», reconoce Llanes. Y destaca que el IVIA quiere trabajar para convertirse en una auténtica «fábrica de investigación y obtención de nuevas variedades».

Cambio climático

Según el secretario autonómico de Agricultura, urge abordar el estado de las plantaciones, cada vez más viejas y con patrones poco adaptados al cambio climático. «Si los patrones Citrange troyer y Citrange carrizo salvaron del desastre a la citricultura valenciana durante los años ochenta, dada su tolerancia al virus de la tristeza, en la actualidad se requieren otras plantaciones con más vigor y resistentes a nuevas plagas vegetales», puntualiza.

Por supuesto, el campo necesita recursos económicos. En ese sentido, Llanes recomienda acometer una «inyección de capital científico y tecnológico» en las explotaciones agrarias valencianas. «La digitalización, la introducción de la inteligencia artificial en todas las facetas de la producción de alimentos, junto con el impulso de la innovación constante es vital. De momento, la introducción de mejoras tecnológicas se está produciendo a un ritmo demasiado pausado y desigual», concluye.

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