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España, un páramo en megaplantas de baterías

Varias autonomías, entre ellas la Comunitat Valenciana y Cataluña, pelean por las gigafactorías de pilas mientras que al norte de los Pirineos ya hay una decena de fábricas operativas. Europa gana por goleada

Recreación de la futura planta de baterías de Tesla en Berlín. | EMV

Recreación de la futura planta de baterías de Tesla en Berlín. | EMV

El mapa europeo de las plantas de baterías sigue en blanco al sur de los Pirineos. Mientras que en España los contados proyectos para abrir factorías de celdas de ion-litio como los de la Comunitat Valenciana, Cataluña (con apoyo explícito del Gobierno con fondos europeos), Galicia o Extremadura siguen a la espera de socio automovilístico que respalde las iniciativas, en el resto de Europa ya hay una decena de macrofábricas operativas y hay otras tantas en tramitación avanzada con el objetivo de reducir la dependencia de China en esta tecnología. El sector de automoción alerta de que esta situación pone en peligro una industria crucial para la economía y relega a España, que es el segundo país constructor de vehículos de Europa, al vagón de cola en inversiones y planificación de nuevos lanzamientos.

Para Valencia, la planta de gigafactorías es esencial al estar ligada al futuro de la factoría de Ford en Almussafes, que de momento ha mostrado una escasa implicación en el proyecto impulsado por la Generalitat Valenciana y liderado por la multinacional Power Electronics. El sector considera vital que la gigafactoría se instale en Valencia. España perdió el tren de las baterías hace tres años, cuando los grandes constructores europeos de automóviles trazaron sus estrategias de electrificación, y el Gobierno de entonces, por desconocimiento o falta de previsión, se descolgó del proyecto europeo para crear un gran fabricante europeo de células de ion-litio, más conocido como el Airbus de las baterías. La Comisión Europea (CE) autorizó entonces a los países a invertir más de 3.200 millones de euros en ayudas con el objetivo de movilizar inversiones privadas superiores a los 5.000 millones. El país se quedó fuera de juego mientras que Alemania, Francia, Polonia, Hungría y los nórdicos se poblaron de una decena de factorías ya operativas que están suministrando a los principales fabricantes del mundo.

Sobre el papel, con mayor o menor grado de madurez, hay otra decena de plantas en tramitación. Una de las más reseñables, por capacidad y conocimiento de la marca, es la de Tesla en Berlín, que alcanzará los 100 GWh anuales cuando esté a pleno rendimiento, pero hay muchas más. Asombra, sobre todo, el volumen de inversión asociado a la puesta en marcha de una instalación industrial de estas características: unos 2.000 millones de euros de media. La guinda en inversión se la lleva la de Northvolt, en Suecia, con 4.360 millones de euros, seguida por la de Tesla, con 4.000 millones. Otras macroplantas son las de LG Chem en Polonia, SK Innovation en Hungría, Samsung SDI en Hungría, CATL en Alemania, y los dos centros impulsados por el Grupo Stellantis y Saft (Total) en Douvrin (Francia) y Kaiserslautern (Alemania).

España, un páramo en megaplantas de baterías

Apuesta española

La decisión del centro, este y norte de Europa con las plantas de baterías contrasta con la floja apuesta española, al menos hasta el momento en que se confirmó el reparto de fondos Next Generation por la pandemia. Sobre la mesa, hay cuatro grandes proyectos en el país para acoger plantas de baterías: el que encabeza Vigo (Zona Franca y Concello, con apoyo de varias empresas del automóvil), el anunciado recientemente por la ministra Reyes Maroto para Cataluña (al que han consignado por adelantado fondos europeos, generando malestar en el resto de comunidades con sector de automoción), el extremeño y el de Power Electronics. La gran ventaja española es el fácil acceso a la gasolina del s. XXI, el litio, gracias a las reservas –las mayores de Europa– que hay en la frontera hispanolusa, sobre todo en Galicia y Extremadura.

Proyecto valenciano

La gigafactoría de baterías para el coche eléctrico que promueve en Valencia Power Electronics conlleva una inversión de 2.000 millones de euros, la creación de 30.000 puestos de trabajo y un volumen de negocio anual de 2.500 millones de euros. La Generalitat Valenciana impulsó en 2019 un grupo de trabajo para armar un proyecto liderado por empresas locales. Raül Blanco  (secretario general de Industria y pyme en el Ministerio de Reyes Maroto) explicó en la presentación del proyecto hace un mes que el Gobierno lleva dos años trabajando con el equipo de la Conselleria de Economía (con la secretaria autonómica Rebeca Torró y la directora general Empar Martínez Bonafé al frente) para sacarlo adelante. «Para nosotros, una de las prioridades es la automoción. Tenemos que afrontar la transformación de la automoción en España (con la revolución eléctrica) y ahora disponemos de los fondos (del programa de reconstrucción europeo) para acometerla», apuntó Blanco. El representante de Industria incidió en que en este contexto en Valencia tiene un papel esencial Ford y toda la industria auxiliar del automóvil (que dan empleo a 30.000 personas).

La gigafactoría valenciana de baterías (que incluye un centro de investigación) implicaría la creación de otros 30.000 puestos de trabajo, según un estudio de la consultora McKinsey para Power Electronics. La multinacional valenciana (que tiene su sede principal y terrenos para crecer en Llíria) lidera el consorcio en el que se han integrado otras 22 empresas: Ford (aunque de momento con escasa implicación), Stadler (que quiere desarrollar locomotoras impulsadas por baterías eléctricas), Iberdrola (que ha apostado con más fuerza por la planta de Barcelona), Zeleros, UBE, CEV Technologies, Idom, Ampere Energy, Nutai, Astondoa, Grupo Segura, Endurance Motive, Fácil Solutions, Grupo Valautomoción, Grupo Gimeno, Inelcom Technology, Itera Mobility Engineering, Hess, Infamol, Mettecno, Torrecid y Witrac. Además, se han unido al proyecto el Instituto Tecnológico de la Energía (ITE), el Instituto de Ciencia Molecular de la Universitat de València (Icmol) y el Instituto Tecnológico de Química de la Universitat Politécnica de València (ITQ). Todavía no está clara la ubicación de la gigafactoría, si se convierte en una realidad.

David Salvo, CEO de Power Electronics, destacó en la presentación del consorocio valenciano que si el proyecto sale adelante significará «asegurar el futuro de la industria del automóvil en España». «Esta propuesta es la más ambiciosa de todas las que se han presentado hasta la fecha en Europa. No se trata solo de una iniciativa industrial impulsada por varias empresas con la ayuda de entidades públicas, es un proyecto basado en la generación de conocimiento con carácter privado y público en el que las universidades van a disponer del centro de investigación más avanzado del mundo». La Generalitat Valenciana ya ha presupuestado para este año un millón para el centro de investigación de baterías vinculado al proyecto.

La vicepresidenta y ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, insistió el 3 de marzo en que la planta de Power Electronics «representa muy bien el tipo de apuesta industrial» que busca el Gobierno. «Queremos energía limpia, segura, confiable y a precio razonable. Power Electronics ha dado pasos significativos en la revolución que tenemos enfrente. La revolución de la movilidad, que requiere almacenamiento, baterías y cargadores», añadió. Teresa Ribera incidió en la oportunidad que brindan los fondos de recuperación.

Volkswagen

Por su parte, el Grupo Volkswagen quiere disponer de seis plantas productoras de baterías en Europa en 2030. El objetivo, según anunció el consorcio en el primer Power Day, es alcanzar una capacidad de producción de 240 GWh anuales o, lo que es lo mismo, 40 GWh por planta.

En el evento, celebrado telemáticamente, el grupo alemán ha confirmado que las primeras plantas estarán en Suecia, gracias a su asociación estratégica con Northvolt, y en Salzgitter, Alemania. A partir de 2026, debería empezar a producir otra planta en el sur de Europa, que podría ser la que Seat adaptará en El Prat de Llobregat, Barcelona, para producir baterías eléctricas, aunque el Grupo Volkswagen solo ha confirmado que estará en España o Portugal, sin concretar más detalles.

La cuarta, prevista para 2027, estará en Polonia o en la República Checa. Las dos plantas restantes no tienen todavía una localización prevista. El plan de Volkswagen es que, para 2030, el 80% de sus vehículos funcionen a partir de esta batería, dejando el 20% restante a soluciones individuales de alto rendimiento para casos concretos, como podrían ser futuros eléctricos de alta gama o superdeportivos.

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