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Megaurbes: un paraíso del crecimiento económico con nubes

Las grandes ciudades primaN la productividad pero también SE DAN problemas como la carestía de la vivienda o el transporte

Las torres Petronas en Kuala Lumpur. | BLOOMBERG

Las torres Petronas en Kuala Lumpur. | BLOOMBERG

La nuestra, definitivamente, es una sociedad urbanita. Por oposición, también, a un mundo rural cada vez más decadente. Las ciudades crecen sin parar. ¿Qué atrae hacia ellas a miles y miles de personas en tantos casos abocadas al hacinamiento, la contaminación y el estrés permanente ? La huida de la pobreza, sin duda, pero asimismo la búsqueda de oportunidades desplazándose al lugar donde todo es posible. En cualquier caso, una mayor prosperidad. Y es que las grandes urbes son el centro fundamental del crecimiento económico, el lugar donde el consumidor tiene a la mano más bienes y servicios, donde la s empresas tienen menos costes y más mano de obra diversa a su alcance y donde los trabajadores encuentran a las mercantiles más productivas y más dispuestas a abonar mejores salarios. También, claro, donde se pude concentrar más miseria.

Los beneficios de la aglomeración económica son amplios, según un artículo sobre «Ciudades y crecimiento económico: una relación convulsa y prometedora», elaborado por Jorge Díaz-Lancha, de la Universidad Pontificia de Comillas, y publicado recientemente por Funcas (Fundación de las Cajas de Ahorros). El autor, además de hacer referencia a la diversidad que comportan para los consumidores y la reducción de desplazamientos largos, cita algunas bondades de las grandes urbes para las empresas: «Afrontan unos menores costes de transporte en el acceso a proveedores y clientes. Estos beneficios se refuerzan cuando las distancias entre empresas con producciones complementarias son cortas. Además, las empresas situadas en las grandes ciudades se desenvuelven en mercados laborales mucho más amplios de los que nutrirse de mano de obra cualificada y con los conocimientos necesarios para poder desarrollar su actividad dentro de la empresa. También aumenta el acceso a información sobre el mercado e innovaciones. Como resultado de estas dinámicas, la productividad de las empresas crece cuando aumenta el tamaño de la ciudad».

Nueva York, a la izquierda, y la City de Londres, abajo. | EMV

Trabajadores

Para los trabajadores, por su parte, «la concentración de empresas de mayor productividad en las ciudades facilita la búsqueda de empleo y aumenta la eficiencia del ajuste entre oferta y demanda en el mercado laboral». Se trata de una dinámica que «impulsa el crecimiento de la productividad de las empresas y los salarios de los trabajadores». La conclusión es que «las ciudades grandes atraerían a los trabajadores y empresas más productivos». Esos empleados estarían, a la vez, «más predispuestos a pagar unos costes más altos por vivir en ciudades más atractivas. A su vez, las empresas localizadas en las ciudades han de ofrecer mayores salarios para resultar lo suficientemente atractivas para los trabajadores de alta cualificación». Esta dinámica «se intensificará a medida que crezca el tamaño de la ciudad», cuya composición sectorial, además, «cambia a favor» de actividades «de alta cualificación, lo que puede impulsar su productividad en el futuro». Un ejemplo clarísimo lo tenemos en las fusiones bancarias y la ubicación de los servicios centrales, donde se encuentra la materia gris en términos laborales. La unión de Bancaja y Caja Madrid mejoró la situación de la capital, porque allí se ubicó la sede operativa de Bankia, mientras que València, que se quedó con la sede social, perdió centenares de empleos de alto nivel, elevadas remuneraciones e importante poder adquisitivo, que se tuvieron que marchar a Madrid o buscar acomodo en otros sectores .

A este respecto, Díaz-Lanchas menciona un estudio de 2017 con datos de la ‘Muestra continua de vidas laborales’ que detalla, entre otras cuestiones, los beneficios que recibe un trabajador por localizarse en una gran ciudad española. Por ejemplo, «trabajadores con las mismas características respecto a su nivel formativo, habilidades y sector consiguen mejores salarios y experiencia laboral en las ciudades grandes que en las pequeñas».

Claro que la vida en las grandes urbes, algunas de ellas de un tamaño mastodóntico, tiene en su seno un cúmulo de factores negativos. Son los costes de la aglomeración económica, que dice el autor, y que afectan al coste de la propia tierra, la sobreutilización de los sistemas de transporte o la contaminación. El de la tierra «es uno de los más evidentes, puesto que impacta en los procesos de producción de otros bienes y servicios, como el precio de la vivienda», que sube, al igual que sucede en las nuevas actividades comerciales, conforme crece la demanda. Es una dinámica que incentiva la construcción en altura, es decir los rascacielos, «lo que también encarece los costes de producción de nueva vivienda». Se trata de un encarecimiento que «influye en la especialización productiva de las ciudades, puesto que reduce aún más el margen comercial de las empresas que producen bienes más estandarizados».

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Transporte

Además, el alto precio de la vivienda acaba teniendo repercusiones sobre el coste del transporte, es decir, «los trabajadores pueden optar por vivir lejos de las zonas más atractivas de las ciudades con el objetivo de reducir los costes de la vivienda» con el factor añadido contraproducente de incrementar los del desplazamiento al puesto de trabajo. Se trata de una opción con consecuencias de calado, como la congestión en el tráfico que se ve a diario en las grandes ciudades (y en las no tan grandes, dicho sea de paso), pero también el aumento de la contaminación y sus perjuicios sobre la salud.

«La ciudad crecerá siempre que mantenga una ratio de salarios sobre productividad creciente con la población», viene a concluir el documento. Y ahí puede iniciarse la reversión de la gloria a la tragedia. Vean, si no, Detroit, la antigua Motown. En franca decadencia. Claro que el autor cierra su artículo con un apunte. Recuerda que algunas voces dicen que la crisis de la covid ha replanteado la vida en las ciudades hasta el punto de prever su declive y el renacimiento del resto de territorios impulsados por los nuevos trabajos ligados a la tecnología, pero precisa que «la fortaleza de las aglomeraciones urbanas a lo largo de la historia cuestiona que las nuevas formas de trabajo desplacen por completo los beneficios que la densidad urbana y las interacciones presenciales aportan al intercambio y generación de conocimiento. Mientras las distancias cortas importen, la ventaja comparativa de las ciudades prevalecerá, pues es en el intercambio humano en el que reside el verdadero secreto de las ciudades».

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Ciudades medianas

No obstante, también concluye el autor que «mientras que muchas ciudades en el mundo pueden aprovechar los beneficios de la aglomeración económica, otras de mayor tamaño no consiguen gestionar correctamente los costes ligados a ellas», tan es así que algunos expertos en la materia sugieren que «elementos como las infraestructuras, la calidad y efectividad institucional y la propia composición sectorial de las economías urbanas estarían permitiendo a las ciudades medianas aprovechar mejor los beneficios de las aglomeraciones económicas».

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