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La futura Constitución Digital pasa por sus manos

«No se puede permitir el perfilado de las personas que hacen los vampiros de datos»

Manuela Battaglini, CEO de Transparent Internet.

Manuela Battaglini, CEO de Transparent Internet.

Manuela Battaglini (Lanzarote, 1974) es consejera delegada de la consultora Transparent Internet y una de los 17 expertos y expertas que ha designado el Gobierno para elaborar una propuesta de Carta de Derechos Digitales. El objetivo es avanzar en cuestiones que vinculan Internet con la protección de datos, el ámbito laboral, los menores, los medios de comunicación y las redes sociales. Se trata de una iniciativa pionera en el mundo a la que hay quien se refiere como «la futura Constitución Digital». 

Battaglini es abogada y vive en Dinamarca. El grupo de expertos para la Carta de Derechos Digitales trabaja de forma telemática y en estas semanas se haya en fase de reelaboración del borrador inicial que ya fue sometido a consulta pública «La Carta no tendrá fuerza legislativa. Es solo un documento en el que intentaremos señalar qué tipo de derechos deben protegerse con el fin de que pueda servir de inspiración para un posterior desarrollo legislativo», aclara.

Esta abogada, experta en ética de los datos, inició su actividad empresarial en otros derroteros bien distintos. Terminó la carrera de Derecho y se especializó en urbanismo y fiscalidad. Una crisis personal fue el detonante para dejar a un lado este mundo y un cúmulo de circunstancias acabó orientando su mirada hacia las plataformas y el marketing digital. 

Eran los años 2007 y 2008, cuando la eclosión de las redes sociales. Se celebró en Canarias un gran foro de innovación tecnológica, con representantes de todo el mundo. «Asistí como oyente. Me apasionó el tema y empecé a leer, a aprender y a configurar mi propia profesión», recuerda. Ya en 2010, se desplazó a Barcelona y ejerció durante siete años en áreas de comunicación y marketing digital en grandes firmas como Volkswagen España, Procter & Gamble o Laboratorios Ferrer y también en la mediana empresa. «Este periodo fue de un gran aprendizaje sobre cómo funciona la empresa por dentro». 

Tras ese tiempo, llegó a su vida otro momento «What’s next?» (¿qué es lo siguiente?). «Esa es la pregunta más fascinante que me suelo formular y que me hace sentir que siempre tengo algo pendiente por hacer», cuenta. Su socio, el físico danés Steen Rasmussen, experto en vida celular, le ayudó a encontrar la respuesta. «Si eres abogada y conoces el marketing digital, ¿por qué no unes tus dos experiencias y las diriges a la ética de los datos?». Su actual marido ya era por entonces asesor del Gobierno de Dinamarca sobre ética de datos. «De nuevo empecé a estudiar», relata. Así es como Battaglini se presenta ahora como como CEO de la consultora Transparent Internet, después de haber publicado con Rasmussen y con otros expertos diferentes ‘papers’ científicos en los que han desarrollado un método para un tratamiento ético de los datos de las personas en empresas y organizaciones.

Decisión ética de la empresa

Los derechos a la privacidad, a ser notificado y al acceso a los datos pueden entrar en conflicto con la protección de secretos comerciales o de la propiedad intelectual de las empresas. «Es ahí donde entra la decisión ética de la empresa de ser transparente y dar a conocer su acceso a los datos, qué tipo de perfilado efectúa con ellos, con quién los comparte o qué implicaciones tiene en la vida de las personas o grupos de personas», explica . 

La ética de los datos -según Battaglini- responde a dos principios. Primero: «Si un problema puede ser resuelto anónimamente, no recopiles datos personales»; es un principio que, por ejemplo, ha puesto en marcha la aplicación Radar Covid para el seguimiento de los contagios. Y segundo : «Si hay que usar datos, tenemos que respetar la privacidad y la ética en cada uno de los pasos, desde su recopilación, hasta la configuración de una decisión automatizada (algoritmo) o de un perfil personal».

A estos efectos, un perfilado implica el encasillamiento de una persona en una definición a partir de datos extraídos del uso de sus plataformas y sometidos, después, a desconocidas fórmulas matemáticas (algoritmos). ¿Todos estamos perfilados? «Sí, pero algunos se deben permitir y otros, no», opina. Desde su punto de vista, hay perfilados necesarios. Por ejemplo -explica-, el manejo de datos de alumnos que, preservando su privacidad, permita reforzar la educación a favor de determinados grupos de estudiantes. «Pero no se puede permitir el perfilado que hacen los vampiros de datos». Battaglini se refiere a las empresas que «compran datos a mansalva de todos nosotros» después de haber sido obtenidos a partir de las plataformas gratuitas de los móviles. «Estos vampiros cogen sin escrúpulo alguno toda esta información y crean perfiles alrededor nuestro de todo tipo», explica. Hay vampiros de datos especializados en tecnología de reconocimiento facial, en el mundo financiero, en datos personales… «Luego venden información a terceros, como pueden ser aseguradoras, bancos, gobiernos, empresas y organizaciones. Este perfilado está en contra del sentido ético, no respeta nada».

Evitar las consecuencias negativas del perfilado forma parte de la reflexión de los padres y madres de la futura Constitución Digital. «Hace falta una implicación global, de las autoridades nacionales y europeas», asume esta defensora, que no «talibana», de la ética digital.  

Defensora, pero no talibana 

«Desde un punto de vista personal, yo no soy talibana. Soy muy de la ética de los datos, pero entiendo que las empresas tienen que utilizar información para llegar a innovar. Lo que creo que no es ético, es que no se respete la privacidad de los datos en aras a la innovación tecnológica. Eso no tiene excusa jurídica ni excusa ética», afirma Manuela Battaglini.

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