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Las oficinas bancarias se vacían de empleados

Cajeros automáticos en una sucursal de CaixaBank en València. | E. RIPOLL

Cajeros automáticos en una sucursal de CaixaBank en València. | E. RIPOLL

Este 2021 pandémico va camino de inscribir otro episodio negro en la historia de la banca española. En este caso el de acercarse -y ya veremos si igualarlo o superarlo- al año con mayor número de despidos en el sector. Tal como recuerda Joaquín Maudos, director adjunto del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), la mayor sangría laboral del sector tuvo lugar en 2013, en plena resaca de la crisis financiera, con 18.000 personas que dejaron de trabajar. 2021 le va a ir a la zaga. Los despidos colectivos que negocian las grandes entidades, singularmente CaixaBank (unos 8.300) y BBVA (3.800), auguran alcanzar una cifra muy similar. En torno a 17.000, apunta Maudos, aunque las recolocaciones a las que se han comprometido ambas (500 en el primer caso y 350 en el segundo), dejarían esa cifra en unos 16.000, al menos de momento.

Sea como fuere, se trata de cifras de calado en una actividad que, en términos laborales, ha sufrido un severo castigo desde la Gran Recesión de 2008. Los últimos datos del Banco de España son elocuentes: los 270.855 trabajadores que tenía el sector en dicho ejercicio han bajado a 176.838 en 2019. Casi 100.000 menos. Y eso sin contar los casi 3.600 despidos del ERE del Santander de 2020, el del BBVA ya citado y los que van a resultar de las fusiones iniciadas el año pasado, como la absorción de Bankia por CaixaBank o la fusión entre Liberbank y Unicaja.

José Miguel Mandingorra, secretario general de la Federación de Servicios de CC OO-PV hasta el pasado viernes y prejubilado en el BBVA desde enero, expone los números que detallan el desastre laboral en la Comunitat Valenciana: Los 23.367 empleados que había en 2008 (sin contar a los de las cooperativas de crédito) habían bajado once años más tarde a 12.595, aunque a esta cifra hay que descontarle los 360 afectados por Santander, a los 248 previstos en BBVA y a los 944 de CaixaBank que perderán su empleo entre 2020 y 2021. Por tanto, una caída de más de 12.300 empleos, un 47,2 % menos, sin tener en cuenta el empleo en las rurales, que en la autonomía supone unos 2.600 puestos y, de momento, no está padeciendo una sangría.

Los despidos son una consecuencia directa de los nuevos tiempos en la banca, desacostumbrada a un período tan largo con tipos de interés tan bajos, lo que redunda negativamente en sus ingresos y en su rentabilidad. A ello se une la progresiva digitalización, que se ha acrecentado durante la pandemia, con un aumento de 8,5 puntos en el uso de la banca ‘online’ por parte de los clientes, una tendencia que, como recuerda Maudos, irá a más. Los dos factores -y las fusiones- han provocado un masivo cierre de oficinas desde la Gran Recesión: de 45.662 en 2008 a 22.299 al cierre de 2020 en España y de 5.061 a 2.157, en la Comunitat Valenciana. Más de la mitad en los dos casos. Aparejado a ese recorte va el del personal.

Interior de una de las nuevas oficinas de BBVA en València. | M. A. MONTESINOS

Como cuenta Mandingorra, el número de salidas es en realidad mayor, porque las entidades financieras están realizando al mismo tiempo más contrataciones, en su mayoría «gente joven con salarios bajos» que durante dos años desde su incorporación «tienen el último nivel, con una remuneración de 20.000 euros en quince pagas y media», aunque a partir del tercer año «pasan a la categoría que les corresponda». El dirigente sindical denuncia que «esta dinámica con la plantilla», que implica deshacerse de los trabajadores con mayor carga salarial para la empresa, se produce al tiempo que las juntas de accionistas «aprueban remuneraciones elevadas para altos directivos y consejeros» y que las entidades cierran sus cuentas trimestrales con suculentos beneficios.

Maudos no comparte ese punto de vista. Asegura que la banca está realizando contratos a personas cualificadas para cubrir plazas en departamento estratégicos como los de informática o de riesgos, que ahora mismo es fundamental. El experto en el sector financiero afirma que a los estudiantes de estas materias «nos los quitan de los masters». En su opinión, el personal «sobrante en oficinas son trabajadores en su mayoría comerciales, que son difícilmente reciclables».

Condiciones

El también catedrático de Análisis Económico de la Universitat de València considera que las condiciones en que están saliendo ahora los trabajadores despedidos por la banca son mucho peores que las que se dieron en la reestructuración posterior a la crisis de 2008, sobre todo en las cajas de ahorros: «Mucha gente se prejubilaba con el 100 % del dinero y una indemnización. Fue un despilfarro de dinero público».

Los sindicatos advierten esa evolución negativa: Se ha pasado de las prejubilaciones a partir de los 55 años con un sueldo anual pensionable de entre el 80% y el 95%, a prejubilaciones próximas a los 50 años, con un porcentaje de salario que varia en función de cada banco, pero que no supera el 80%. La voluntariedad es cada vez menor, pero al sector se le aplica también la cláusula Telefónica, que implica que en un ERE de una empresa de más de 100 empleados la compañía debe pagar parte del paro y de la SS durante dos años, además de abonar la SS del trabajador hasta la primera edad en que se pueda jubilar, que habitualmente está entre 61 y 63 años, «lo que les supone una penalización», concluye Mandingorra.

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