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El turismo echa de menos la libra

El bloqueo del Reino Unido a los viajes con España lastra a todo el sector, pero tiene su epicentro en Benidorm. Uno de cada tres hoteles no abrirá hasta que se reactive la movilidad con las islas

Las escenas de este año 2021 son muy diferentes en los alojamientos de Benidorm.
 D. Revenga

Las escenas de este año 2021 son muy diferentes en los alojamientos de Benidorm. D. Revenga

En 2019, el último año ‘normal’ antes de la irrupción de la pandemia, la Comunitat Valenciana recibió casi 9,5 millones de visitantes extranjeros. Eran tiempos de vino, rosas y récords para un sector, el turístico, que andaba entonces a la búsqueda de su techo tras encadenar años de crecimiento. No en vano, representa más del 15 % tanto del PIB autonómico como del total de puestos de trabajo generados en la región.

Ahora, tras más de 15 meses de una pandemia que se ha cebado con la movilidad pero por fin con la vacunación avanzando viento en popa, el sector encara el que debe ser el verano de la recuperación. Pero la Comunitat Valenciana juega con desventaja por su gran dependencia del Reino Unido, su principal mercado emisor y a su vez uno de los países más reacios a reactivar los desplazamientos. Prácticamente uno de cada tres turistas que llegaron a la autonomía en 2019, casi 3 millones de personas, procedía de las islas británicas.

Pero el Gobierno de Boris Johnson sigue manteniendo a España, y por ende a la Comunitat Valenciana, en su lista de destinos en ámbar. Pese a los intentos del sector y del Consell, Downing Street no ha dado su brazo a torcer y mide a la España peninsular como una única unidad, sin regionalizar los datos sanitarios. Una medida que aunque no impide los viajes obliga a quienes visitan la autonomía a guardar diez días de cuarentena a su regreso, lo que unido a los mensajes del Ejecutivo insistiendo en el stay home (quédese en casa) mantiene prácticamente bloqueadas las reservas de este lucrativo mercado que en 2019 dejó en las arcas del sector turístico valenciano casi 2.500 millones de euros, el equivalente a más del 2 % del PIB de la Comunitat Valenciana.

Terraza de un hotel de Benidorm a rebosar de turistas en 2017, en su gran mayoría británicos. D. Revenga

Benidorm, zona cero

El golpe que supone la desaparición temporal de un mercado de esta envergadura para el sector más afectado por las restricciones de la crisis sanitaria es tremendo pero también asimétrico. El epicentro es fácil de identificar: Benidorm. Esta localidad icono del turismo recibe a nueve de cada diez británicos que llegan a tierras valencianas y depende en un 60 % de los visitantes británicos. Según los cálculos de Exceltur, la Costa Blanca está dejando de ingresar cada semana de cierre de fronteras 52 millones de euros, que se elevarán a 60 millones a partir de julio.

Como consecuencia, en esta zona es donde el despegue del sector va —y seguirá yendo— con más retraso. Desde la patronal hotelera Hosbec confirman que, mientras en el resto de la Comunitat Valenciana se podrá rozar el 100 % de hoteles abiertos de cara a la próxima semana, Benidorm no podrá pasar del 70 % de establecimientos activos mientras los turistas británicos sigan sufriendo trabas a sus desplazamientos. Así lo confirmaba recientemente Nuria Montes, secretaria general de la patronal hotelera Hosbec: «Sin los seis millones de viajeros de Reino Unido que llegaron en 2019 al aeropuerto de Alicante será imposible llegar al 100 % de aperturas. No hay suficientes turistas para cubrir ese vacío», lamentaba.

Desde Hosbec dan por seguro que Reino Unido no levantará las restricciones hasta, como mínimo, finales de julio. Este es el mejor escenario que contempla la organización empresarial, que lo vincula a que España reduzca su incidencia acumulada a 75 casos por 100.000 habitantes y mantenga el ritmo de inmunización. En el otro lado de la moneda, la previsión más negativa contempla que los turistas británicos no retornen hasta finales de agosto, con el verano ya encarando su recta final. Cabe destacar que el cerrojazo de Johnson también está dañando gravemente a los agentes turísticos británicos por ser «imprevisible» y con criterios inciertos.

En esa coyuntura cobra especial importancia la desestacionalización de las visitas, un fenómeno vital para este tipo de enclaves turísticos. Según los datos de Turisme, los objetivos se iban cumpliendo hasta la pandemia, con crecimientos de turistas británicos del 49 % en el primer trimestre y del 30 % en el segundo. Lograr que los británicos puedan venir más allá de septiembre es clave para el sector, que teme un otoño y un invierno duros si no se logra reactivar el Imserso, cuyos pliegos todavía no han sido publicados por el Gobierno.

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