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Joaquín Selma | presidente de Hacienda Cruz de Galindo

El empresario que lleva el diseño al aceite de oliva

Joaquín Selma, creador de la marca Aceites Selma.

Joaquín Selma, creador de la marca Aceites Selma.

Joaquín Selma (Callosa de Segura, Alicante, 1955) es una de esas personas a las que no le gusta ir por el camino que le marcan. Nacido en el seno de una familia dedicada a la explotación de fincas y la exportación agraria, su destino parecía inevitablemente ligado al sector agroalimentario. Sin embargo, prefirió labrarse una carrera propia que le llevó a ser una de la figuras más reconocidas en el negocio del interiorismo en España y a trabajar junto a nombres como Norman Foster o David Chipperfield en el Hotel Puerta América de Madrid, o en proyectos como los del Hotel Mandarin Oriental de Barcelona.

Sólo ahora, tras una larga trayectoria, ha decidido regresar a los orígenes familiares, pero también lo ha hecho a su manera. Con la mejor aceituna picual de Jaén ha creado un aceite de oliva virgen extra -el Selma Millenary Olive Oil-que en apenas tres años ha cosechado una decena de premios en los certámenes más prestigiosos del sector, desde Córdoba a Berlín, pasando por Atenas. Y para vestirlo no ha dudado en tirar de agenda y amistad para que la prestigiosa diseñadora Mónica Armani -hija del arquitecto racionalista Marcello Armani- se encargue de la creación de la botella, que también le ha valido reconocimientos como el Premio Elio Berhanyer, de los Premios Mezquita, o el Premio Armonia, en los galardones que organiza la Cámara de Comercio de Parma, en Italia.

Una botella con cristal de Florencia «que rinde culto a la mujer», según sus propias palabras, y que da cuenta de la importancia que el empresario concede al diseño como rasgo diferenciador y que aporta valor a cualquier producto, «algo que, por desgracia, aún no se valora lo suficiente en España», se lamenta. Para él, sin embargo, supone «una diferencia absoluta».

Antes de llegar a este punto, la trayectoria de Joaquín Selma dio unas cuantas vueltas. La herencia familiar -la rama materna se dedicaba a exportar cítricos a Europa y la paterna vendía productos hortofrutícolas de la Vega Baja alicantina en el mercado nacional- le llevó a empezar la carrera de ingeniero agrónomo, pero pronto decidió cambiar de rumbo y acabó estudiando dirección de empresas en Esade y marketing operacional en la Escuela Superior de Marketing.

Su primer trabajo fue en un grupo del sector del calzado, al que ayudó a diversificar su actividad con la creación de una división de transformados vegetales, con la que la empresa se convirtió en proveedora de numerosas cadenas de supermercados. También fue gerente de Seat en la provincia de Alicante durante tres años, hasta que, finalmente, entró en una empresa del sector del mueble en Almoradí.

Fue ahí donde descubrió su vocación, la que le permitió dar rienda suelta a su imaginación y crear. Sólo un año después llegó su gran oportunidad, cuando entró en la división de empresas de El Corte Inglés que se encargaba de ejecutar grandes proyectos de interiorismo, como hoteles y urbanizaciones. Una empresa con la que ha seguido colaborando hasta hace sólo un año, aunque en 1994 saltó a la multinacional italiana B&B, una de las grandes firmas del sector de la decoración, de la que fue su delegado en la Península Ibérica durante 25 años. Fue ahí donde conoció a los grandes nombres del diseño y la arquitectura, y donde también trabó su amistad con Armani.

Sin embargo, desde 2006 algo le rondaba por la cabeza. Sus padres ya habían fallecido y se sentía en la obligación de hacer algo con la finca de Hacienda Cruz de Galindo que había heredado y que en la actualidad da nombre a la empresa que preside. De sus 34 hectáreas, 25 eran de olivar y decidió ponerse «a investigar».

Se tomó su tiempo -«qui va piano, va sano e va lontano», repite como filosofía de vida- y no fue hasta el año 2015 cuando se asoció a una almazara jienense para producir su aceite de olivos milenarios y apostó por la variedad picual de recolección temprana, «que permite al árbol recuperarse mucho más», apunta, y, a su juicio, ofrece un fruto «excepcional». Una variedad que ahora supone la inmensa mayoría de su producción.

Fue en 2018 cuando salió al mercado definitivamente Selma Millenary Olive Oil, en el que ahora ha volcado sus esfuerzos, aunque sin abandonar el interiorismo. A pesar de que la pandemia ha ralentizado algo sus planes, asegura que no puede quejarse. Algo lógico si se tiene en cuenta que ha logrado colocar su creación en los principales distribuidores de productos gourmet.

Además, Joaquín Selma ha encontrado en el aceite de oliva su nueva pasión. Tanto que acaba de poner en marcha la Asociación para la Defensa del AOVE (Aceite de Oliva Virgen Extra), junto a la Cámara de Comercio de Alicante y un grupo de expertos, con la que pretende evangelizar sobre las bondades de este «tesoro», al que sitúa en el centro de la dieta mediterránea y que pretende prestigiar en un proceso similar al que ha seguido el vino. «Igual que hay una carta de vinos, tenemos que aspirar a que los restaurantes tengan cartas de aceites», asegura este empresario alicantino, convencido de que este alimento aún no ocupa el lugar que se merece, pese a su buena fama.

La organización también aspira a emitir certificados para garantizar a los consumidores que lo que compran es realmente zumo puro de aceitunas en perfectas condiciones de maduración y sin defectos, como debe ser el auténtico aceite de oliva virgen extra.

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