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Huertos urbanos: entre el ocio y la ecología

Iniciativas privadas para alquilar pequeños recintos dedicados alcultivo de frutales, hortalizas o plantas y la creación de bancos públicos de tierras impulsan una fórmula que gana adeptos entre los urbanitas

Huertos urbanos en Socióplolis, un recinto impulsado hace una década por el Ayuntamiento de València en el barrio de La Torre. Cuenta con unas 200 parcelas disponibles. | EMV

Huertos urbanos en Socióplolis, un recinto impulsado hace una década por el Ayuntamiento de València en el barrio de La Torre. Cuenta con unas 200 parcelas disponibles. | EMV

Negocios familiares e iniciativas públicas de algunos ayuntamientos para frenar el abandono de tierras de cultivo están impulsando en estos últimos años los llamados 'huertos urbanos', una fórmula de producción a pequeña escala y ecológica que gana adeptos entre los habitantes de muchas ciudades valencianas que se adentran en ese territorio también como una forma de ocio. Surgen en diversas áreas metropolitanas de la autonomía. Según la última Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivos (ESYRCE), elaborada por el Ministerio de Agricultura, la superficie agrícola de la Comunitat disminuyó en 2020 un 0,83% respecto al año anterior, es decir, en 1.335 hectáreas. Este balance permite concluir que los agricultores valencianos, por falta de rentabilidad, dejan de cultivar 3,6 hectáreas al día, una superficie equivalente a cinco campos de fútbol. Algo habrá que hacer.

Carlos Rubio, propietario de la explotación Huertos Alboraia, en la imagen inferior. | Germán Caballero

Así, el alquiler de pequeños espacios cultivables se puede convertir en alternativa para algunos agricultores, sobre todo cuando sus explotaciones dejan de ser rentables por los elevados gastos de explotación y el hundimiento de precios en origen de las frutas y hortalizas.

«Sueñan los urbanitas con patatas, cebollas, lechugas, tomates o ‘garrofó’ que puedan llevarse del campo a la cocina. También con flores y plantas aromáticas. Y tal vez por eso se expanden, aunque no siempre con éxito. Los huertos urbanos dependen mucho de la gestión y del grado de profesionalización de su actividad», explica Carlos Rubio Cervera (Alboraia, 1975), agricultor y propietario de Huertos Alboraia, una comunidad de bienes que administra junto con su mujer, Sonia Marín.

Ellos alquilan espacios de pocos metros cuadrados . Este negocio familiar arrancó hace poco más de una década en una reducida explotación agraria y ya ha crecido hasta las 25 hanegadas de terrenos, que divide en parcelas de 50 y 100 metros cuadrados y cuyos inquilinos pagan 35 y 50 euros al mes, respectivamente.

Estos emprendedores del sector primario de l’Horta Nord consideran que «los pequeños agricultores tienen otras alternativas si se organizan bien. La pérdida de rentabilidad de los campos de frutas y hortalizas se acentúa debido a los elevados gastos y los precios que impone la distribución», destaca Carlos Rubio desde estas tierras que pueblan unos 200 arrendatarios.

«Hay gente que opta por alquilar las parcelas por entretenimiento, otros porque valoran la producción de hortalizas de calidad. Controlar los riegos y las malas hierbas es importante. También les enseñamos a encañar las matas de tomates. Una tarea muy importante», puntualiza el copropietario de Huertos Alboraia, quien aboga por un modelo de agricultura ecológica sin usar sustancias químicas como fitosanitarios o fertilizantes.

HUERTOS URBANOS Entre el ocio y la ecología

Otras iniciativas

Municipios como Manises, Almàssera, Meliana, Godella, Alfafar, Alcàsser o San Antonio de Benagéber también tienen iniciativas privadas de huertos urbanos, así como las pedanías, de la capital del Túria, Benicalap y Benimaclet. En las grandes ciudades los huertos urbanos están más enfocados al ocio.

Cuentan algunos inquilinos que intentan acceder a estos espacios que no siempre es fácil, pues están cansados de esperar en listas de espera del ayuntamiento de turno para acceder a dichos bancos de tierras. Iniciativas en ese ámbito público no faltan. Una de ellas es Sociópolis. Este complejo -ubicado en el barrio de La Torre, próximo a la V-30 e impulsado hace una década por el otrora gobierno del PP, el Instituto Valenciano de la Vivienda y el Ayuntamiento de València aglutina unas 200 parcelas. Y cuenta con instalaciones del Consell Agrari Municipal.

El Cap i casal trata de revitalizar esos espacios. Para ello oferta suelos para las personas o entidades interesadas en el aprovechamiento agrícola de estos terrenos, quienes deben presentar su solicitud «con una propuesta emprendedora, que además de generar empleo, contribuya al aumento del tejido productivo de la zona y a la promoción del acceso a una alimentación saludable para la ciudadanía».

Dentro de la Estrategia Urbana 2030 y con una iniciativa que entronca con el Plan de Acción Territorial (PAT) de l'Horta, el Plan de Agriculturas Urbanas del Ayuntamiento de València pretende impulsar la producción de alimentos de proximidad, propiciar la biodiversidad y acercar la sociedad al territorio. De hecho, el alcalde Joan Ribó pretende dar rango de equipamiento público a los huertos urbanos en los futuros Planes de Actuación Integrada (PAI).

También está por ver la creación de otros bancos públicos de tierras para explotar pequeñas parcelas que se ceden a las personas interesadas en mantener cultivos. Es el caso del Banco de Tierra creado por la Diputación de Valencia, que busca dar una solución a este problema de abandono, poniendo en contacto a propietarios de parcelas aptas para la explotación agraria con personas interesadas en cultivarlas.

Desde otra vertiente, la Ley de Estructuras Agrarias la Generalitat incluye deducciones para transmisiones y cesiones de fincas rústicas a favor de profesionales de la agricultura, así como a los campos incorporados a los citados bancos de tierras. Con esta medida, el Consell pretende luchar contra el abandono de cultivos por la pérdida de rentabilidad o el envejecimiento de los agricultores: la edad media es de 62 años.

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