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Las mil vidas de Marie Claire

La empresa se adaptó a la 
fabricación de mascarillas. | ‘activos’

La empresa se adaptó a la fabricación de mascarillas. | ‘activos’

Si alguien piensa en un producto de uso tan común como las medias, puede que la primera marca que le venga a la cabeza a cualquiera sea Marie Claire. Un nombre con reminiscencias internacionales que engloba a una industria más que centenaria -fundada en 1907-, ejemplo de emprendedurismo femenino, de la adopción de las tecnologías más punteras y de un acertado uso de la promoción para posicionarse como referente. En pleno siglo XXI emprende una nueva etapa, con la defensa de los pequeños municipios del interior como bandera.

Todo comenzó en Vilafranca, un pueblo de Castellón, cuando Francisca Íñigo propuso a su marido, Celestino Aznar, invertir sus ganancias como comerciante de caballerías en un negocio. Así, fijándose en el éxito de su hermana con una fábrica de mantas, nació el mito de la fabricanta, con una pequeña factoría de medias de apenas 15 personas, que desde el principio ofreció buen producto a costes competitivos. Los esperanzadores inicios dieron paso a la primera etapa dorada, en los años 20.

La Guerra Civil y su posterior penuria hicieron mella. La mayoría de fábricas textiles de la zona desaparecieron, pero la empresa de medias logró mantenerse. La siguiente generación de los Aznar, con el hijo Celestino al frente, mostró su olfato para captar las nuevas tendencias. «En los años 50 descubrió que el futuro estaba en el nylon, un material que aportaba grandes mejoras en el producto», recuerdan desde la familia.

Una modernización que también llegó a la denominación. De Lencería Eugenia de Montijo se pasó a Marie Claire en 1960. «Se tuvo la visión de dar un nombre más internacional», comentan, en consonancia con los aires de la moda europea. Posteriormente llegaría su hermano pequeño, Calcetines Kler, en la línea de ampliar su catálogo de productos con una marca de gran parecido fonético.

La segunda mitad del siglo fue el momento de mayor esplendor. «Apostamos por la publicidad, incluso algunos años fue el primer anuncio del año en la televisión, cuando solo había una cadena que ver», detallan desde la familia. Los tiempos en los que se hizo popular el lema de Un panty para cada mujer, con una estética dirigida a las mujeres más jóvenes. También reseñan la colaboración mantenida con diseñadoras como Ágatha Ruiz de la Prada.

En los años 70 se dio el paso de trasladar parte de la actividad a Castellón, pero se impuso la voluntad de Celestino Aznar de mantener el grueso de la fabricación en Vilafranca. «Tuvo clara la estrecha relación de la industria con el pueblo, y por eso consideró que tenía que seguir allí», defienden.

Liderar una empresa familiar con asentadas raíces en un pueblo no está reñido con ser de los primeros en adoptar novedades en la gestión. Como la venta a una compañía británica, Harston. Según los herederos de la familia fundadora, «España estaba a punto de entrar en el Mercado Común Europeo, y había que disponer de capital suficiente para hacer frente a la competencia y poder tener peso en el exterior». El nieto del fundador, también llamado Celestino, siguió en la dirección.

Otras decisiones tomadas en los años siguientes fueron la adopción del emplazamiento publicitario en la incipiente televisión privada, la creación de tiendas propias o la venta dentro de los establecimientos de El Corte Inglés. Durante la pandemia también se dedicaron a fabricar material sanitario, algo que piensan mantener en el futuro.

Marie Claire está considerada como la fábrica de ropa interior más importante de Europa. Si la posguerra causó estragos, en los últimos tiempos lidian con la fuerte competencia procedente de Asia y la deslocalización generalizada de la moda. Para salvar el temporal se ha realizado un cambio de propiedad. El grupo B2Tex, dedicado a la logística textil, se estrena en la producción con ayudas económicas de la Generalitat valenciana. Una inyección de capital que busca mantener los más de 400 empleos y el futuro económico de un municipio de la España vaciada, de apenas 2.200 habitantes, que necesita de Marie Claire para seguir adelante.

La empresa centenaria castellonense hizo efectivo el 18 de junio el traspaso de propiedad al grupo empresarial B2TEX, del que forma parte Think Textil, tras recibir recientemente una financiación de 9,5 millones de la Generalitat Valenciana, a través del fondo valenciano de resiliencia.

El grupo empresarial que asume el control de la compañía especializada en la fabricación y comercialización de panties, medias, calcetines, ropa íntima, baño, pijamas y material sanitario está dirigido por los empresarios Álvaro Bordils y David Lasheras, que hasta ahora tenían la logística textil como su campo principal de actuación. La nueva dirección general de la compañía será asumida por Álvaro Bordils, quien ya ha anunciado que los cambios se apoyarán sobre el valor de la historia Marie Claire.

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