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Teresa Guardans | Fundadora de Oryx Impact

En busca de impacto en África

T. Guardans en el jardín de sus oficinas | Ricard Cugat

T. Guardans en el jardín de sus oficinas | Ricard Cugat

Teresa Guardans está muy acostumbrada a que cuando cuenta a lo que se dedica le digan: «¡Uy, que interesante! Pero luego se suele hacer el silencio y poco más». Y es que no todo el mundo está dispuesto a invertir en África, la pasión y dedicación de esta promotora de inversiones, que le llevó a constituir hace un par de años Oryx Impact. «Hay que ser didáctico», explica. El nombre de la compañía proviene del órice, un animal de la península arábiga que estaba en peligro de extinción y que, a base de campañas y movilización, salió de esta lista fatídica. De eso Guardans extrae una conclusión o moraleja: «Hay pocas cosas irreversibles. Querer es poder».

Convencimiento no le falta. Y es que no se trata solo de atraer inversión sino de que esta tenga impacto, además del financiero, el social y medioambiental. Guardans atesora más de 25 años de experiencia en banca de inversón, gestión de patrimonios e inversión de impacto a través de SBC Warburg, UBS, Rothschild y Pictet. Y ¿su objetivo? La transición de las carteras tradicionales basadas en el rendimiento financiero hacia las que aportan un impacto positivo.

Hace unos cuatro años se incorporó a la plataforma Toniic, que integra a personas comprometidas e interesadas en fomentar las inversiones que va mucho más allá de buscar solo rendimiento financiero y que es la alternativa a la que agrupa a los inversores institucionales, con las siglas Giin. Algunos han bromeado con la posibilidad de una fusión de ambas plataformas, que rememoraría una mezcla que poco tiene que ver con el mundo de la inversión: Giin Toniic. Pero lo cierto es que cada uno juega su rol en este negocio.

Tras analizar cómo funcionan este tipo de iniciativas, Guardans se dio cuenta de que «faltaba sostenbilidad», no solo medioambiental sino temporal, es decir, perdurabilidad en este tipo de inversiones. «Además de la rentabilidad financiera es necesaria la social y sostenible», apunta. De hecho sería como se dice algunas veces: ofrecer cañas para que puedan pescar, no regalar pescado o comida.

Después de crecer en Reino Unido y tras graduarse su idea siempre fue «contribuir». El concepto de filantropía y de devolver a la sociedad parte de lo que esta nos da está muy arraigado en los países anglosajones. Y, con este sentimiento y convencimiento, se fue a las Naciones Unidas a trabajar en la parte dedicada a los refugiados. Pero vio que era necesaria mayor formación financiera para que las inversiones tuvieran «más impacto». Y pasó por el IESE y luego por la banca de inversión en Londres.

La experiencia con refugiados también le hizo ver que es preciso que quienes se ven empujados a emigrar deben poder tener «una vida digna en sus países de origen». En resumen: «si quieren emigrar que no sea por necesidad», afirma. La experiencia demuestra que, además de las guerras, las grandes migraciones se producen por carecer de trabajo o por el cambio climático, apunta.

África, un continente que aún es un gran desconocido para muchos, tiene un enorme potencial: son 1.300 millones de habitantes con una edad media de 19,7 años frente a los 43 de Europa, con un crecimiento muy rápido pero muy mal repartido.

Lo que Guardans tiene claro es que para que «haya dividendo demográfico tiene que haber educación y empleo» y, en especial, para las mujeres y las niñas . Por ahí van sus esfuerzos, que están encaminados a crear un fondo de fondos, una fórmula con la que muchos inversores pueden sentirse tentados a participar, ya que permite diversificar los riesgos.

«Hemos identificado unos 450 fondos en África, de los que unos 200 serían de impacto y ya hemos entablado conversaciones con unos 160». De hecho Guardans, que creó Oryx Impact junto con su esposo, Sebastian Waldburg, y que cuenta con un equipo de mayoría aplastante internacional y femenina («somos un equipo que parece las Naciones Unidas», bromea) , tenía previsto desplazarse estos días al continente africano pero la expansión del covid se lo ha impedido. Según explica, los esfuerzos deben ir dirigidos a la creación de empleo estable, la mitigación del cambio climático y la igualdad de género. Son los pilares esenciales sobre los que edificar una sociedad de la que no sea necesario emigrar.

Hasta ahora, han sido los fondos de desarrollo los que más han invertido en África, pero hace falta capital privado para consolidar un crecimiento adecuado, explica Guardans. Es imprescindible que participen los inversores institucionales como fondos de inversión o de pensiones para que se puedan popularizar por que «es importante la democratización de la inversión de impacto», sentencia.

En Oryx empiezan con un enfoque desde arriba y después el trabajo se centra en los temas en los que hay que invertir y cómo canalizar esas inversiones. A juicio de Guardans, «la idea de un fondo de fondos en África es una manera de atraer capital». Y en eso está, con las malestas listas, como siempre, para regresar a África en cuanto el covid se lo permita.

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