Cuando en estos últimos años hablamos del término anglosajón compliance hacemos referencia a «cumplimiento normativo». Es decir, un sistema de gestión empresarial que tiene como objetivo prevenir, identificar y sancionar las infracciones de todas aquellas leyes, regulaciones y códigos o procedimientos internos que puedan darse en la organización, promoviendo así una cultura del cumplimiento. El entorno legal empresarial puede desbordar, pues existe un volumen creciente de normas, y todas ellas con un alto contenido técnico y específico, que evoluciona además con gran velocidad. En el caso de no estar al día en materia de cumplimiento, son en estos dos años algo más de 2.700 millones de euros en sanciones, miles de cargos empresariales con penas de prisión, y lo que es peor, daños reputacionales incalculables, que impactan directa e indirectamente a clientes, empleados, proveedores, y sociedad donde esté enmarcada la empresa. Dada esta complejidad, las empresas, independientemente del tamaño/sector, luchamos por diferenciarnos de la competencia, innovando procesos, o creando nuevos productos que despierten el interés del cliente. Por tanto, innovar es una obligación. No hacerlo desde el prisma de cumplimiento nos acareará problemas.

Para evitarlos, y revertirlos de una manera ágil y productiva, todas las empresas debemos disponer de una estructura interna, o externa de cumplimiento, completamente transversal que agrupe y haga protocolos, atendiendo a su naturaleza o sector, todos aquellos bloques de normas a aplicar. Para ello la tecnología, y en concreto las regtech, cubre ágilmente esa necesidad, ya que con el uso de aplicativos válidos para la gestión del compliance, todas las evidencias, riesgos, documentos, comunicaciones quedarán unificadas ágilmente para que en caso de justificación ante terceros pueda ser una evidencia contrastable y rotunda de esa buena práctica empresarial.

Con este mecanismo, cuando la organización tenga implantado un compliance eficaz puede llegar a atenuar, o incluso, eximirse de responsabilidad. Y no solo atenuar o eximir sino también a aumentar la confianza y el sentimiento de pertenencia entre empleados, clientes o socios, ya que también a nivel interno, mitigará o reducirá el fraude dentro de la empresa, al tener establecidos controles dentro del marco empresarial.

Por tanto, disponer de un buen programa de cumplimiento normativo, o compliance, minimizará los riesgos de sufrir sanciones y daños reputacionales, pero sobre todo contribuirá a que las empresas se conviertan en entidades sostenibles, éticas y confiables reforzando más si cabe su competitividad.