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Análisis

¿Hasta la vista, crisis?

Cada día cunde la percepción de que el ‘shock’ generado por la covid ha quedado atrás, pero los expertos alertan de que aún falta para salir de la recesión y que el futuro es complejo

Un músico toca en una terraza llena de gente en València.

Basta darse una vuelta por cualquier barrio de València un viernes por la noche, pero también en el atardecer de otras jornadas, para comprobar que la vida -si no fuera por las mascarillas- ha vuelto a la vieja despreocupación de casi siempre, con las terrazas de bares y restaurantes llenas y los comercios animados. Había ganas de salir y de reunirse tras un año y medio de confinamiento, restricciones y miedo al contagio del coronavirus.

A primera vista, la percepción es que la crisis, en el ámbito económico, ha quedado atrás. Pero, ¿en realidad es así o asistimos a una ilusión? Sí y no. Patronal, sindicatos y economistas coinciden en que lo peor de la crisis ha quedado atrás, pero solo lo peor, siempre y cuando no haya una recaída, claro, porque aún queda un trecho para dar por concluido un ‘shock’ que esta vez no se ha originado por excesos del capitalismo, sino por una emergencia sanitaria global.

Un botellón en València. | E. Ripoll

Vicente Pallardó, analista del Instituto de Economía Internacional (IEI) de la Universitat de València, pone sobre la mesa una premisa: La crisis «no ha tenido impacto para mucha gente, que ha ahorrado durante este tiempo. Ese dinero acumulado de forma forzosa se ha liberado y crece el consumo». Esto, como apunta el director del departamento de estudios de la patronal autonómica CEV, Ricardo Miralles, está abonando el «rebote» económico, que se produce después de un hundimiento muy acusado, «pero todavía no estamos al nivel de PIB previo al de la crisis, sino cinco o seis puntos por debajo.

El consumo, el gasto público y las exportaciones están tirando de la economía, pero la inversión sigue en tasas negativas y eso es clave. Con esta marcha, en tres o cuatro trimestres, es decir en la primera mitad de 2022 podremos dar por superada la crisis, pero la recuperación total no se producirá hasta que la economía vuelva a crecer a niveles del 2 %/2,5 %, como sucedía antes de la pandemia».

Esto en términos macro, porque Miralles cree que la recuperación de las empresas se demorará aún más. No ya solo por las que cerraron, sino por las que han sobrevivido a la crisis pero han acumulado pérdidas y deuda y que además ahora deberán hacer frente a efectos latentes o sobrevenidos, como el alza de los costes energéticos y su influencia sobre la inflación, el de las materias primas o los problemas de abastecimiento.

La secretaria general de CC OO-PV, Ana García, cree que la «sensación de una salida rápida de la crisis está directamente vinculada con el diálogo social, que ha creado un escudo para proteger a los trabajadores», pero añade que la «recuperación no ha llegado a todo el mundo» y recuerda que en estos momentos cerca de 20.000 valencianos siguen en ERTE. Sin esos expedientes, como sucedió en la Gran Recesión de 2008, el paro, en su opinión, podría haber alcanzado los 500 o 600 mil en la Comunitat Valenciana, frente a los 400.000 actuales.

El catedrático emérito de Historia Económica, Jordi Palafox, por su parte, abunda en cierto pesimismo y asegura que, pese a la indudable percepción de crisis superada, «es una ingenuidad considerar que todo va a volver sin más a la situación anterior a diciembre de 2019.

No se trata de ser agorero. Pero hoy la economía valenciana, como la española, han perdido un tiempo precioso para converger con las más avanzadas. Y son, además, economías dopadas. Y las ayudas y subvenciones también tienen efectos perversos. Sobre todo cuando la capacidad de generar ingresos fiscales es limitada, como es el caso».

Por otro lado, «la crisis ha bloqueado el impulso de las actividades con mayor potencial para mejorar el nivel de vida de los valencianos, que son las del terciario avanzado, al obligar a dedicar la mayor parte de los recursos públicos a mantener la actividad en los sectores dominantes que son de escasa productividad y valor añadido. Soy de los convencidos, aunque los indicadores sean todavía escasos, que con ella ha aumentado todavía más la diferencia en el nivel de bienestar de los valencianos respecto a las áreas más desarrolladas del continente».

En relación con esto, Ana García apunta que la desigualdad de rentas era anterior a la crisis, pero ha crecido en su transcurso porque el «escudo social no ha llegado a todo el mundo». En opinión del secretario general de UGT-PV, Ismael Sáez, esa protección «ha evitado que sea más grande la brecha de desigualdad. Si se hubiera actuado como en la crisis de 2008, hubiera sucedido una catástrofe social». «Se ha evitado que cayera gente que no debería haber caído en 2008», abunda Pallardó.

El director adjunto del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), Joaquín Maudos, señala lo que todos los consultados consideran como el efecto más nocivo de la crisis del coronavirus: tras recuperar el PIB previo, «tendremos que hacer frente al elevado endeudamiento público, que exige sacrificios y reformas. Así que tenemos una elevada cuesta por delante».

Y es que el escudo social puesto desde el Gobierno, con los ERTE como mascarón de proa, ha evitado que esta recesión alcance proporciones de plaga bíblica, pero ha disparado la deuda pública hasta llegar a los 1,42 billones de euros, es decir el 122,8 % del PIB. A este respecto, Pallardó considera que el problema lo tenemos en el horizonte de 2023, porque en estos momentos la economía sigue «dopada», como prueba la prorroga de los ERTE.

"Nada va a ser igual tras la superación de la caída del PIB tras la pandemia"

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La pregunta que formula es si a partir de ese año «podrá la economía por sí misma mantener el ritmo de crecimiento» ciertamente elevado de ahora. El economista precisa que las laxas medidas de política fiscal y monetaria que ahora imperan en la UE, con los fondos europeos y los tipos de interés en el cero por ciento como bandera, empezarán a retirarse en ese ejercicio y, «si no hemos hecho bien los deberes con los fondos de la UE que nos permitan mayores ingresos al Estado para devolver la deuda, tendremos un problema».

Es un peligro en el que coincide Sáez, quien no olvida las agonías que pasó España en 2012, cuando finalmente fue intervenida con una prima de riesgo -lo que pedían los inversores de más sobre el bono alemán a la deuda española para seguir prestando- completamente disparada, lo que obligó a una disciplina fiscal, léase recortes en servicios públicos, de enorme calado. Maudos añade que «hace falta un plan de regreso a la disciplina presupuestaria que incluya reformas estructurales que están paradas desde hace una década. La “suerte” es que nos las van a imponer desde Bruselas a cambio de darnos fondos europeos para la recuperación».

Por si alguien se pasa de euforia, JordiPalafox rebaja los ánimos de cara al futuro: «Los efectos económicos de la covid-19 demuestran que no es necesario un conflicto militar generalizado, o una crisis financiera no menos general, para provocar un hundimiento espectacular, por más que sea de duración limitada, del PIB.

En este sentido, su impacto ha sido comparado a la crisis del 29 cuando las crisis bancarias en Estados Unidos y su guerra comercial con Europa hundieron la actividad en proporciones similares (y durante más tiempo). Nada fue igual para las economías nacionales en los decenios posteriores a aquella depresión.

Y nada va a ser igual, tras la superación de la caída del PIB tras la pandemia». Pallardó, por su parte, también desde la resonancia histórica del acontecimiento, cree que esta crisis se recordará por la respuesta pública que se ha dado, porque «no s ha obligado a repensar las cadenas de suministro y por el protagonismo que ha cobrado la logística».

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