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Krakatoa, cuando el vinilo vuelve a ser industria

Bernat Fayos, Kike Pérez, Itziar Estensoro y Radomir Blazik. | ‘activos’

En tiempos recios como estos, a veces una broma es mucho más que una vía de escape. Para Bernat Fayos fue el trampolín que le ha convertido en empresario. De éxito, además. Corría 2013 y la banca estaba en una pesada digestión de la crisis financiera. Fayos llevaba ocho años en la extinta Catalunya Caixa y estaba quemado. Deshaucios, preferentes… La entidad planteó un segundo ERE «y me fui». Entonces le comentó, como quien no quiere la cosa, a su ahora socio Kike Pérez, que con la indemnización se iba a comprar una máquina para fabricar vinilos. Y Pérez, un maestro compañero suyo en el grupo de música jamaicana ‘Bandits’, con el que había grabado ya dos discos, por supuesto, en ese material, se lo tomó «en serio». Lo habló con la que sería la tercera cofundadora de Krakatoa Récords, la investigadora en biología Itziar Estensoro. «Juntamos dinero entre los tres» y echó a andar así la que sería durante unos años la única empresa española que volvía a producir físicamente discos.

Claro que los inicios fueron precarios, porque las dos máquinas que compraron eran antiguas y manuales, lo que ralentizaba sobremanera el proceso de fabricación. Todo cambió en 2019, cuando el trío encontró un socio inversor relacionado con la música y, más concretamente, el vinilo, aunque Fayos no desvela su identidad, que puso el dinero para comprar una máquina «muy rápida con la que podemos producir de forma automatizada». El proceso no es simple, porque hay una parte previa antes de que Krakatoa se ponga a trabajar. Como explica Fayos, primero se ha de hacer el lacquer, una matriz de aluminio a la que se traspasa la música, luego se va a un proceso de galvanización para sacar el negativo en una lámina de níquel. Este estampador es el que recibe la empresa. «Lo ponemos en las máquinas, que funcionan como una prensa donde está el plástico para hacer el vinilo», cuenta el copropietario. La compañía produce cada día un millar de discos.

Durante sus seis primeros años de existencia, la firma castellonense, como ha quedado dicho, fue única en España. En ese 2019 en que se modernizaba surgió en el País Vasco un competidor y en este 2021 se ha añadido otro en Madrid.

Y es que, como apunta Fayos, la demanda de vinilo literalmente se ha desbordado. Una especie de ‘revival’ que ha llegado a las grandes superficies de distribución, lo que, a su vez, facilita su consumo. Krakatoa tiene entre sus clientes a músicos que se autoeditan y sellos independientes y underground y su copropietario asegura que la firma trabaja de forma incansable día tras día para poder hacer frente a los pedidos. Los números lo corroboran. Además de los tres socios y de un técnico -Radomir Blazik- que está desde los inicios del proyecto, la firma tiene otros cuatro trabajadores ‑-tres en producción y uno en administración- aunque no a jornada completa. Las ventas alcanzaban los 115.000 euros en 2019. Un año después, pese a la pandemia -o, tal vez, gracias a ella-, dicha cifra había subido a 230.000 y hasta septiembre de este 2021 la compañía ya va por los 400.000 euros. No es de extrañar que su cofundador, que establece como uno de sus principios no recurrir al préstamo bancario, confiese que los proyectos de futuro pasan por ampliar tanto la plantilla como la maquinaria, aunque ya en 2021 la firma ha invertido en máquinas auxiliares.

¿Por qué la producción ha alcanzado esta magnitud? Fayos apunta varias razones. Una de ellas es que las grandes multinacionales han apostado por el vinilo y han colapsado a las grandes fábricas del mundo. Esto ha abierto una ventana de oportunidad para empresas pequeñas como Krakatoa, que están supliendo parte del mercado que las grandes no pueden cubrir. De hecho, como estas últimas no están dando servicio a los sellos más pequeños, «nos llegan pedidos del resto de Europa y de Latinoamérica». Todo ello ha provocado al mismo tiempo un alza de los precios.

Pese a todo, Bernat Fayos no ve en el horizonte una autopista despejada. Hay dificultades a las que no son ajenas tantas y tantas empresas, hace nada abrumadas por el covid y ahora por la subida imparable de los costes, singularmente el de la energía, pero también el transporte o la materia prima. «Hay problemas de abastecimiento, con un cuello de botella en el galvanizado. Desde junio cada día es más complicada la producción por la alta demanda. Hay que ir detrás de los proveedores», concluye Fayos, deseando que, precisamente ahora, la música no pare.

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