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Gerente y copropietaria de pago de Tharsys

Ana Suria: la enóloga que relanzó el cava desde un garaje

La dirigente del negocio vitivinícola destaca el desarrollo del enoturismo tras la pandemia

Ana Suria en un viñedo de Requena Germán Caballero

Ana Suria (Godelleta, Valencia, 1966) no soñaba con ser enóloga cuando comenzó la licenciatura en Farmacia (Universidad CEU San Pablo). Cursó el doctorado en esta ciencia de la salud como su padre (el abuelo era médico) y fue número uno de la promoción en el máster cursado en Tecnologías de los Alimentos. Es natural de tierra de viñedos y por eso, siguiendo recomendaciones de profesores, se especializó en esas ciencias relacionadas con el vino. No le ha ido mal.

La ejecutiva explica que en 1991 dos personas enamoradas de la vida y del vino, con ganas de crear y compartir «pensamos en expresar todo esto a través de la elaboración de un cava». Nada fue casual, pues una de ellas era el considerado padre del cava valenciano: Vicente García, ya inmerso en otros proyectos como Torre Oria (en la actualidad participada por Angels, fondo de inversión de Juan Roig, presidente de Mercadona). Quizás emulando a tantos emprendedores de compañías tecnológicas del mítico Silicon Valley, «juntos quisimos innovar y hacer un cava más personal, más íntimo y así surgió la primera añada, con tan sólo unas 2.000 botellas que se almacenaron en el garaje de casa», recuerda esta apasionada de los espumosos después de tres décadas de actividad profesional.

«Fabricamos las primeras botellas de cava en la parte trasera del sótano, donde se guardaba el automóvil, con muy pocos medios aunque mucha ilusión», explica la actual copropietaria y gerente de Pago de Tharsys, una enseña que produce alrededor de 600.000 botellas de cava y vino cada ejercicio y factura algo más de 3 millones de euros en este negocio. La empresa perteneciente a la Denominación de Origen (DO) Utiel-Requena fue fundada sobre una antigua bodega de 1808. ¿El nombre? Tharsys fue el fundador de la ciudad de Requena.

Mujeres

Preocupada por el desarrollo profesional de las mujeres, Ana Suria ha ocupado puestos de responsabilidad en la Asociación de Empresarias y Profesionales de Valencia (EVAP). En la actualidad es presidenta de la Ruta del Vino de Utiel-Requena. También alcaldesa de la pedanía Hortuna, población con poco más de medio centenar de habitantes -allí vive rodeada de viñedos- perteneciente al municipio de Requena. «No estoy afiliada a ningún partido político», puntualiza esta bodeguera que, además, gestiona el hotel rural de Pago de Tharsys.

«La pandemia ha sido un palo para los negocios vinculados con el canal de ventas a hoteles, cafeterías y restaurantes», lamenta. Sea como fuere, asegura que desde el pasado verano ha recuperado los niveles de visitas y ventas precovid en su empresa. Conoce bien el negocio donde Cataluña sigue copando la mayoría de las 37.924 hectáreas de cultivo destinadas a la elaboración del cava en España, de las que poco más de 3.500 se encuentran en Requena.

Antes de poner en marcha Pago de Tharsys fue gerente de la cooperativa de segundo grado Covidex (entre 1991 y 2005), un mundo rodeado de varones en el que se desenvolvió a la perfección. «Todo el mundo tomaba vinos y pocos cavas. Eso ha cambiado desde hace dos décadas», explica la dirigente de Pago de Tharsys. Dice que es capaz de elaborar un caldo con la variedad Albariño en Requena, en tierras mediterráneas, realizando una vendimia nocturna. «Las uvas se recolectan por la noche y se conservan en nieve carbónica para emular el ambiente propio de Galicia», aclara desde su cuartel general en esta comarca del interior de la Comunitat Valenciana. Ya exporta a una treintena de países.

Esta práctica se ha convertido en una actividad original y divertida que cientos de apasionados del vino comparten año tras año en los inicios del mes de septiembre. Cuenta Ana Suria, quien también practica el senderismo (anda unos 40 kilómetros por semana), que vendimiar de noche, cuando la temperatura es más baja, alrededor de los 12ºC-13ºC, permite evitar la oxidación de las mismas y mantener intacto todo su potencial organoléptico. El resultado de esa vendimia a baja temperatura, son vinos más complejos, afrutados, elegantes y longevos en botella. ¡Un brindis!

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