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Año nuevo, plaga nueva

Desde principios de siglo se han instalado en España 15 plagas importadas en la citricultura, frente a las 9 introducidas entre 1950 y 1999. La situación es insostenible para el sector

Imágenes de ‘Cotonet de Sudáfrica’, ‘Halyomorpha halys’ (chinche apestosa), ‘Chaetanaphothrips orchidii’ (trip de la orquídea) y ‘Scirtothrips aurantii’ (trip sudafricano) | EMV

La reciente alerta en materia de sanidad vegetal lanzada por la Generalitat de Cataluña ante la presencia en su territorio de una chinche muy dañina también detectada recientemente en zonas de Benicàssim -que está provocando enormes daños en los cultivos de frutas en Italia o Estados Unidos- vuelve a encender las luces rojas del sector citrícola de todo el Mediterráneo. Las especies adultas del citado insecto (Halyopmorpha alys, por su termonología científica), cuyo origen arranca en China, Japón, Taiwan y Corea, se alimentan de frutos. Mientras, las ninfas comen hojas, tallos y, también, frutos. Su voracidad es tan grande que puede provocar deformaciones y puntuaciones necróticas, surcos y decoloraciones muy graves en el arbolado.

Se trata de un caso más que podría desembocar en otra plaga del siglo XXI. Y es que, en lo que llevamos de centuria, se han introducido en la península Ibérica hasta 16 patógenos foráneos. Siete de las veinte plagas y enfermedades vegetales que la Unión Europea clasifica como «prioritarias» por su enorme impacto económico y ambiental, afectan a los cítricos. Entre ellas, la ‘mancha negra’, un hongo que durante lustros Sudáfrica y sus ‘lobbys’ que exportan a todo el mundo repitieron que era incapaz de adaptarse a nuestro clima mediterráneo y que ahora ya está presente en Túnez.

Incluyendo la última alerta detectada, desde comienzos de siglo salimos a una plaga foránea nueva cada año y algo más de tres meses. Por eso, las medidas para prevenir la introducción y propagación de plagas y enfermedades no presentes en la UE son fundamentales, según el sector naranjero. La globalización y la ausencia de aranceles han incrementado exponencialmente el comercio intracomunitario de cítricos y con ello el trasiego de organismos nocivos que están viajando hacia el viejo continente. El cambio climático, con inviernos más cortos y suaves, facilita también el establecimiento de muchas enfermedades vegetales en los nuevos ecosistemas, donde anteriormente no podrían hacerlo.

Peligrosidad

La peligrosidad de estos organismos, cuya entrada se ha permitido por parte de la autoridades europeas, se alimenta por el riesgo de que hallen nuevos hospederos porque en los nuevos territorios donde se implantan se desconoce su desarrollo o su ciclo biológico. También porque en muchas ocasiones carecen de enemigos naturales.

Año nuevo, plaga nueva

Todo ello provoca pérdidas económicas sustanciales en la producción y un aumento de la necesidad a corto plazo del uso de pesticidas, precisamente en un contexto de prohibición incesante de sustancias activas.

A la vista de la situación, la Interprofesional Citrícola Española (Intercitrus) considera que el ritmo de entrada y asentamiento en la citricultura española de plagas foráneas -algunas tan destructivas como el ‘Cotonet de Sudáfrica’ (Delottococcus aberiae) o ahora también la amenaza de la Trioza erytreae (detectada ya en la zona citrícola del Algarve portugués)- es «insostenible». Los datos avalan tal preocupación: las importaciones citrícolas de países terceros vienen creciendo de forma sostenida, al igual que las interceptaciones portuarias europeas por plagas y tal situación ha facilitado que desde comienzos de este siglo XXI aumenten las pagas y enfermedades citrícolas procedentes de otras latitudes.

Nuevos patógenos

La citricultura española identifica y pasa a sufrir nuevos patógenos destructivos y lo hace a un ritmo muy superior al de la segunda mitad del siglo XX, en el que sólo entraron nueve plagas foráneas. Ácaros, insectos o bacterias que en su momento superaron los controles fitosanitarios en los puertos. La interprofesional advierte que tal situación, agravada por las restricciones europeas en materia de fitosanitarios, debería abocar a la Comisión Europea (CE) a imponer a las importaciones procedentes de países terceros la aplicación de un cold treatment (tratamiento en frío) en tránsito.

En vísperas de que se revise el acuerdo comercial de la UE con Sudáfrica, que redujo en 2016 los aranceles de exportación de las empresas de aquel país, Intercitrus coincide así, básicamente, con lo manifestado en una reciente carta del ministro de Agricultura, Luis Planas y por la titular de Comercio, Reyes Maroto dirigida a sus homólogos europeos –los comisarios Janusz Wojciechowski y Stella Kyriakides.

En tal misiva, el Gobierno español reclama la consideración como ‘producto sensible’ de los cítricos en la próxima revisión del acuerdo comercial con África Meridional así como aplicar un tratamiento de frío en tránsito a las importaciones de países donde esté declarada la plaga de cuarentena Thaumatotibia leucotreta (FCM, False Codling Moth), empezando por Sudáfrica.

La medida no sería nada extraordinaria: está recogida por los estándares internacionales de sanidad vegetal y, de hecho, es la misma que aplican la práctica totalidad de potencias productoras de cítricos para proteger de ciertas plagas como la citada a sus plantaciones (como China, EE UU, Japón, México, India, Corea del Sur o Australia). Es también el sistema, por otra parte, que obligan esas mismas autoridades a cumplir a los exportadores españoles para así garantizar que no les llega larva viable alguna de ‘mosca del Mediterráneo’.

El citado transporte en contenedores frigoríficos obligaría a los operadores no comunitarios que trabajen con la UE a someter sus cítricos durante el tránsito en barco hacia Europa a temperaturas próximas a cero grados durante un plazo determinado. La necesidad de aplicar tal tratamiento, además y como también reitera en su carta el Gobierno español, viene avalada por sendos recientes informes de la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria).

El organismo científico oficial de la UE analizó la eficacia de los ‘enfoques de sistemas’ (elegidos libremente por Israel y Sudáfrica como alternativa para eludir el cold treatment) de sendos países para mitigar el riesgo de entrada de polillas en los cítricos exportados a la UE. El resultado confirmó que ninguno de los dos cumplía –ni de lejos- con la normativa de la UE, que exige que, sea cual sea la opción elegida, se garantice la ausencia de la plaga.

Cada año es una potencia citrícola distinta –en 2020 fue Argentina pero antes lo fue Sudáfrica, Brasil o Uruguay- la que se significa por sus problemas fitosanitarios. «En otras ocasiones son las autoridades de esos países las que ordenan suspender los envíos a Europa cuando ya casi han acabado su campaña, porque saben que sus controles no funcionan y prefieren adelantarse a que Bruselas mueva pieza», advierte la presidenta de Intercitrus, Inmaculada Sanfeliu.

Planes de prevención

En ese sentido, la interprofesional naranjera recuerda que es responsabilidad de Bruselas garantizar que el transporte de plantas y productos vegetales a la UE se realice sin plagas. Además, la interprofesional tiene claro cómo prevenir su propagación. De este modo, el proceso debería comenzar en el lugar de producción de esas plantas o frutos, con el registro de las parcelas de producción y de sus unidades, de su trazabilidad, tratamientos y otras medidas agrícolas.

Y tendría que complementarse con inspecciones apropiadas en el país exportador durante la producción, en procedimientos de muestreo intensificados y con la comunicación previa a las autoridades europeas de la mencionada lista de parcelas y unidades de producción, avalado todo ello por un certificado fitosanitario oficial. Además, la CE debería verificar regularmente el sistema con auditorías de importación apropiadas, según Intercitrus.

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