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La nueva moda de inversión de las grandes sagas familiares

La nueva moda de inversión de las grandes sagas familiares

Atrás quedaron los años en los que las grandes sagas familiares dedicaban buena parte de su patrimonio al sector inmobiliario, construyendo sus fortunas al calor de todo tipo de inmuebles, mientras los más arriesgados se lanzaban a invertir a entidades cotizadas. Ahora, con la volatilidad de los mercados financieros y con un negocio inmobiliario que ofrece unas plusvalías más en línea con la renta fija, es numeroso el volumen de familias que se lanza a invertir en el negocio del capital riesgo. Los Urgell (fundadores de Pachá), Manuel Lao (fundador de Cirsa), los Cosentino, los Fluxá (dueño de Camper y del 30% de la hotelera Iberostar) o el tenista Rafa Nadal son algunos de los últimos grandes patrimonios que se han aventurado a invertir en esta industria, hasta hace unos años limitado a unos pocos.

La familia pionera en el capital riesgo en España fueron los Abelló, que en la década de los 90 pusieron en marcha Torreal tras la venta de Antibióticos de León por 58.200 millones de las antiguas pesetas (unos 350 millones de euros actuales). A través de Torreal, gestionada por Miguel Abelló tras la retirada de su padre Juan Abelló el pasado año, han protagonizado sonadas inversiones en España como la de Airtel, Agbar, Navidul, Oscar Mayer, Pepe Jeans, Famosa, Aernnova, Telepizza o Talgo, entre otras. En la actualidad, el patrimonio de la familia asciende a más de 2.200 millones de euros. Otra conocida saga que apostó por el capital riesgo hace ya 14 años fue la de los March, que montaron Artá Capital y han invertido ya 600 millones de euros en compañías como Flex, Mecalux, Pepe Jeans o Alvinesa, entre otras. A principios de este verano, Corporación Financiera Alba (el holding de inversión de los March) vendía su participación en esta gestora de capital riesgo, que ha comenzado a operar de forma independiente.

Sin embargo, el esquema que han seguido los Abelló y los March no es el habitual, el de un fondo de capital riesgo al uso que toma participaciones en compañías de forma directa. En la actualidad, las grandes fortunas que se lanzan a este nicho lo hacen a través de una figura conocida como fondo de fondos: invierten en diferentes gestoras de cara a reducir el riesgo que les supondría invertir de forma directa en diferentes compañías (para lo que se necesita un equipo o gestor específico) y diversificando la fuente de sus ingresos. Así, los grandes patrimonios crean una sociedad de capital riesgo (SCR) que gestionan otros asesores financieros con conocimientos en este negocio, como es el caso de Altamar, Arcano, MdF Family Partners, entre otros.

Detectando este ávido interés, los bancos están trabajando para democratizar la inversión en capital riesgo y que los patrimonios más modestos puedan destinar también recursos a este nicho. Lo hacen a través de fondos específicos que montan para sus clientes, que luego gestionan terceros o sus equipos, con diferentes temáticas: desde renovables a residencias de estudiantes pasando por infraestructuras. El banco más avanzado en esta estrategia es Bankinter, que en el año 2017 puso en marcha Helia (su fondo de renovables) junto a Plenium Partners, y ha desarrollado de forma exitosa otros vehículos de inversión centrados en otras áreas.

Paralelamente, el regulador bursátil (la CNMV) quiere bajar el ticket mínimo de inversión exigido a los 100.000 euros. En cualquier caso, los expertos alertan de que el capital riesgo no es para todos, pues hay que tener una serie de conocimientos básicos para saber qué esperar de estas inversiones: los desembolsos de capital son en momentos determinados, no se puede retirar el capital hasta pasado un periodo de tiempo y los beneficios pueden llegar en un periodo de entre cinco a diez años en función del fondo.

La demonización de las sicavs

El auge de los grandes patrimonios por este tipo de inversión no es casual, al igual que la elección de la figura de la sociedad de capital riesgo a la hora de estructurarlas. Las SCR proporcionan una serie de ventajas fiscales interesantes para este perfil de inversores: cuentan con exenciones para corregir la doble imposición (las participadas de los fondos ya pagan sus impuestos correspondientes) o de una exención del 99%, algo menos frecuente en España. De hecho, este boom también se produce como consecuencia del endurecimiento en los últimos meses de la fiscalidad de otras figuras más conocidas como las sicavs.

Desde el próximo 1 de enero, las sicavs tendrán que demostrar que están conformadas por 100 socios que aporten como mínimo 2.500 euros cada uno si quieren mantener su tributación reducida al 1%. De lo contrario, tendrán que pagar el 25% de los resultados en el impuesto de sociedades. Esto ha disparado las luces de alarma entre la banca privada española, que a menudo recomendaba a estos grandes patrimonios aprovechar los beneficios fiscales que les ofrecían las sicavs.

Ahora, según han explicado diferentes fuentes financieras a este diario, trabajan para buscar alternativas como crear redes de inversores para aglutinarlos bajo el paraguas de la misma sicav y poder aprovechar la tributación reducida.

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