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Cuando el parchís sigue siendo la estrella

La CEO de Juguetes Cayro, Rosario Carrió, en las oficinas de la empresa I ‘activos’

Hay juegos que no pasan nunca de moda, por mucho que transcurran los años e irrumpan cada vez con mayor fuerza las nuevas tecnologías. Y para Rosario Carrió, CEO de Juguetes Cayro, el número uno, sin ningún género de dudas, continúa siendo el parchís. Así se ha puesto de manifiesto durante esta pandemia, en que la empresa ubicada en el municipio alicantino de Dénia, especializada en los juegos de mesa, ha incrementado sus ventas coincidiendo con el mayor tiempo que han tenido las familias para estar en sus casas. Todo un aval para esta compañía de origen familiar, superviviente de una tradición industrial que se ha ido perdiendo en una ciudad que ha hecho del turismo su mayor apuesta económica.

Juguetes Cayro se fundó en 1954, con lo que ya tiene casi 70 años de historia a sus espaldas. Fue el abuelo de la actual CEO, Francisco, el que la puso en marcha en un momento en que el del juguete era un sector muy potente en la localidad. «Dénia -recuerda la responsable de la empresa- fue un foco muy importante de esta industria, al igual que lo sigue siendo en esta misma provincia la Foia de Castalla. Sin embargo, la llegada del turismo propició que la gente fuese dejándolo, porque en aquel momento se comentaba que un trabajador podía cobrar en cuatro meses en la hostelería lo mismo que ganaba durante todo el año en una empresa. Ahora ya no es así, pero la realidad es que prácticamente sólo quedamos nosotros».

Los inicios fueron como taller auxiliar, dedicado a la fabricación de componentes de goma, principalmente ruedas para bicicletas, triciclos o incluso cochecitos de bebés de la empresa Jané. Sin embargo, el rumbo de la firma cambió pronto, tan sólo dos años después, cuando decidió producir sus propios juguetes. Según Rosario Carrió, «en 1956 sacamos al mercado un martillo, un hacha y un puñal elaborados con madera y goma, y el éxito fue tan brutal que se vendieron por sacos. Fue un artículo muy popular que nos hizo ver que podíamos seguir nuestro propio camino».

Con todo, el momento más decisivo, el que marcó un antes y un después, llegó en la década de los setenta, cuando se apostó por la fabricación de juegos de mesa tradicionales, un sector en el que continúa hoy en día la empresa, y además, con muy buenos resultados. «Cuando hablamos de juegos tradicionales, me refiero al parchís, a la oca o al ajedrez. También producimos juegos educativos y de autor, concebidos por nosotros mismos», señala. Además, y ese es un aspecto singular, de las 400 referencias que tienen en el mercado, sólo una tiene un cierto componente electrónico para que también se pueda jugar con la tablet o el móvil. El resto siguen la filosofía tradicional.

Una prueba de que la apuesta de esta empresa por este tipo de productos es totalmente sólida es que, al contrario de lo que le ha sucedido a la mayor parte de las compañías, a Juguetes Cayro no le está yendo demasiado mal durante la pandemia, sino más bien todo lo contrario. «El confinamiento y el mayor número de horas que las familias han pasado en casa han propiciado que padres e hijos hayan dedicado mucho más tiempo a jugar juntos y que hayan descubierto que pueden disfrutar tanto con los juguetes como con los juegos de mesa», resalta. Y, dentro de ese incremento de las ventas, el parchís se ha vuelto a convertir en el rey. «Yo pensaba que todas las familias tenían en casa un parchís, pero resulta que la pandemia ha puesto en evidencia que no era así, porque la demanda ha crecido mucho, lo que demuestra que se trata del juego por excelencia», señala.

Rosario Carrió ha estado vinculada a la empresa desde siempre. Recuerda que, después de su abuelo, fue su padre, Juan, el que cogió las riendas del negocio, «y se traía juguetes a casa para que los probásemos». De ahí a trabajar en la compañía sólo hubo un paso, en una proyección que la llevó a asumir la dirección de la misma junto a su hermano Juan Carlos.

Durante este tiempo, y pese a las sucesivas crisis que ha ido atravesando el sector, la firma ha ido ganando posiciones hasta convertirse en un referente indiscutible del juego de mesa no sólo en España, sino también a nivel internacional. En palabras suyas: «Queremos crecer y llega un momento en que España se queda pequeña. Por eso, desde hace ya muchos años, estamos presentes en todo el mundo, aunque por el tema del idioma tenemos una especial vinculación con Sudamérica. Eso no es óbice para que también vendamos en Canadá, Nueva Zelanda o en la mayoría de los países europeos». De hecho, de los cinco millones de euros de facturación, el 37% corresponde a las exportaciones, «aunque nos gustaría llegar al 50%», apunta.

Por otro lado, el tipo de artículos que elabora Juguetes Cayro propicia que no esté tan afectada por la fuerte estacionalidad al que está sometido el sector. «Nosotros hacemos el 40% de nuestra facturación en los últimos tres meses, y el 60%, el resto del año, no mitad y mitad como el conjunto de la industria», detalla.

La empresa está apostando ahora claramente por la sostenibilidad, con la instalación de placas solares para el autoconsumo energético y una firme convicción de relocalización. «Estamos recuperando procesos productivos que hasta ahora teníamos fuera, y no sólo por los precios del transporte, que andan disparados, sino también por la filosofía del kilómetro cero y por nuestro deseo de dar trabajo a la gente de aquí», concluye.

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