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Empresas: La gran resiliencia

Las mercantiles españolas superan con buena nota la crisis por la pandemia gracias a las ayudas del Gobierno y a su propia situación interna: llegaron menos endeudadas y con los procesos de digitalización muy avanzados

Empresas: La gran resiliencia Germán Caballero

La crisis del coronavirus, primero con el confinamiento general de la población y luego con las numerosas restricciones, ha supuesto una prueba de esfuerzo para las empresas españolas. Cuando el Gobierno decretó el estado de alarma a mediados de marzo de 2020 y en los meses siguientes cundía la percepción de que la pandemia iba a provocar una masacre en el tejido mercantil. Sin embargo, tal debacle no se ha producido.

En 2020, la constitución de sociedades cayó un 15,8%, hasta 79.151, en parte también por la parálisis en las administraciones. No obstante, un año después, la creación de firmas se recuperó plenamente y alcanzó las 101.134, un 27,7% más que en 2020. De hecho, al cierre de 2021 había en el país más empresas -3.366 millones- que en 2019: 3.363. Por tanto, las empresas han resistido. Pero, ¿cómo lo han hecho?

El catedrático de Organización de Empresas de la Universitat de València y presidente de Caixa Ontinyent, José Pla, responde que ha habido «una combinación de factores externos e internos». Entre los primeros, como coincide con el vicepresidente de la patronal CEOE, Salvador Navarro, está la actuación de los gobiernos, que «ha sido rápida y decidida». «Los erte, los créditos ICO y las ayudas han funcionado razonablemente bien», afirma sin olvidar el trabajo conjunto con «los bancos y los agentes sociales». Navarro cree que dichas medidas «han aliviado el impacto de la crisis, sobre todo en los ámbitos laboral y de liquidez», porque en los de la fiscalidad y las ayudas directas las empresas españolas han ido por detrás de las europeas.

Navarro, yendo ya a la vida interna de las empresas, recuerda que el origen de la crisis «no fue económico o sectorial, fue ajena a las capacidades productivas internas (oferta) o a la situación financiera o patrimonial de los consumidores e inversores (demanda). Según iban levantándose las restricciones, las empresas pudieron, aunque de forma progresiva, volver a operar y los hogares a consumir». El también presidente de la patronal valenciana CEV añade que en esta ocasión «los balances de las empresas estaban mejor preparados, con menos deudas en sus pasivos, y la mayoría ya había implantado procesos de digitalización (extremadamente útiles para el teletrabajo y la gestión de pedidos, entre otros)».

Por su parte, Pla recuerda que el tejido empresarial está constituido en una parte sustancial por pymes, que tienen «una ventaja en época de crisis frente a las grandes empresas: su mayor flexibilidad y capacidad de adaptación». Además, las pequeñas firmas «están acostumbradas a atravesar épocas de crisis, incluso muchas de ellas conviven con la crisis permanentemente. Por tanto, tienen en su ADN la resiliencia como un elemento distintivo».

En su opinión, «la digitalización ha permitido en algunos casos continuar con la actividad. La localización de muchas de estas empresas en clústeres y la cooperación en estos subsistemas locales de innovación también han favorecido» su resistencia. No obstante, Pla augura que «vamos a tener que convivir con más crisis», como está demostrando ahora la guerra en Ucrania y, por ello, las empresas internamente van a necesitar «incorporar herramientas de gestión de control del riesgo (planificación de escenarios, test de estrés y planes de continuidad del negocio) que ayuden a incrementar dicha resiliencia».

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